
En medio de calles poco iluminadas, los transeúntes pasean tranquilos ignorando a sus acechadores ocultos en la oscuridad.
Vampiros y licántropos se camuflan entre sus víctimas, haciéndose pasar por meros mortales con el fin de apaciguar su insaciable sed.



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El rugido de los leones (Deimos D'Larousse
Théâtre des Vampires - Foro de rol Gótico :: Paris, Francia :: ● CALLES & AVENIDAS PRINCIPALES ● :: Caravanas de circo
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El rugido de los leones (Deimos D'Larousse
La lluvia que había mojado Paris constantemente los últimos dos días había parado. Las calles se volvían a llenar, tímidamente, de gente que tanteaba en tiempo, disfrutando de aquel descanso.
El circo había llegado a París, pero aún no había abierto sus puertas. Aunque eso a Céline no le importaba realmente. Su lobo interior de quería ir a ver aquellos animales que nunca había encontrado antes, para conocerlos y aprender a actuar ante ellos. Y la verdad es que tenía esa curiosidad desde hacía tiempo.
Sus pasos la acercaron a las caravanas, lejos de la carpa, siguiendo el olor inconfundible de lo salvaje. La tierra era un helado lodo bajo sus pies descalzos, y no le importaba, aquello era demasiado fascinante. Con los zapatos sujetos en la mano izquierda vago sin rumbo, aprovechando que los feriantes descansaban o estaban practicando en otro lado para descubrirlo todo.
Los magníficos caballos apenas se impacientaron al sentirla, y acercó la diestra para acariciar el morro del semental negro como la noche, murmurando suaves palabras. Le tendió una manzana que había comprado de una vendedora ambulante, y el caballo la comió gustoso, dejándose acariciar.Con un último golpe cariñoso en el musculoso cuello, se despidió de la poderosa bestia, alejándose en busca de animales desconocidos. Los caballos, sin embargo, eran su debilidad, y no habría podido evitar parar a saludarlos.
En olor de lo salvaje, indomable, la alejó, escondiéndose entre varias caravanas, pues no quería ser vista, hasta encontrar una jaula enorme en la que un animal descansaba plácidamente el brillo de su nunca se le editó instintivamente al reconocer un depredador, pero se le acercó, lentamente, y con la mirada alejada del rostro de aquella bestia, admirando el impecable pelaje. Detrás de aquel dato enorme en el corto, descansaba una aún mayor, con una melena impresionante alrededor del cuello. Sonrió sin darse cuenta y salió del amparo de la caravana, sin fijarse alrededor, con la mirada fija en aquellas bestias. El macho bostezó aburrido antes de mirarla y ponerse de pie, sacudiendo todo su cuerpo, acabando con la cabeza ladeada, curioso. Céline dejó asomar un poco más su propia bestia con cuidado, pues tenía que fueran incompatibles.
El circo había llegado a París, pero aún no había abierto sus puertas. Aunque eso a Céline no le importaba realmente. Su lobo interior de quería ir a ver aquellos animales que nunca había encontrado antes, para conocerlos y aprender a actuar ante ellos. Y la verdad es que tenía esa curiosidad desde hacía tiempo.
Sus pasos la acercaron a las caravanas, lejos de la carpa, siguiendo el olor inconfundible de lo salvaje. La tierra era un helado lodo bajo sus pies descalzos, y no le importaba, aquello era demasiado fascinante. Con los zapatos sujetos en la mano izquierda vago sin rumbo, aprovechando que los feriantes descansaban o estaban practicando en otro lado para descubrirlo todo.
Los magníficos caballos apenas se impacientaron al sentirla, y acercó la diestra para acariciar el morro del semental negro como la noche, murmurando suaves palabras. Le tendió una manzana que había comprado de una vendedora ambulante, y el caballo la comió gustoso, dejándose acariciar.Con un último golpe cariñoso en el musculoso cuello, se despidió de la poderosa bestia, alejándose en busca de animales desconocidos. Los caballos, sin embargo, eran su debilidad, y no habría podido evitar parar a saludarlos.
En olor de lo salvaje, indomable, la alejó, escondiéndose entre varias caravanas, pues no quería ser vista, hasta encontrar una jaula enorme en la que un animal descansaba plácidamente el brillo de su nunca se le editó instintivamente al reconocer un depredador, pero se le acercó, lentamente, y con la mirada alejada del rostro de aquella bestia, admirando el impecable pelaje. Detrás de aquel dato enorme en el corto, descansaba una aún mayor, con una melena impresionante alrededor del cuello. Sonrió sin darse cuenta y salió del amparo de la caravana, sin fijarse alrededor, con la mirada fija en aquellas bestias. El macho bostezó aburrido antes de mirarla y ponerse de pie, sacudiendo todo su cuerpo, acabando con la cabeza ladeada, curioso. Céline dejó asomar un poco más su propia bestia con cuidado, pues tenía que fueran incompatibles.

Celine Déveraux- ParticipanteLB

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Re: El rugido de los leones (Deimos D'Larousse
Un nuevo día, una nueva ciudad. Generalmente era así la forma en la que se manejaba el circo, más bien, ESE circo en particular, a pesar de lo difícil del transporte de todo el equipo, pero claro, con un líder como el que tenían... Uno nunca sabía cuando, sin más, daría la orden de retirada para establecerse en un nuevo lugar, cualquiera fuera este; pocas veces tenían un destino fijo, muy por lo general el capataz solo se instalaba en las ciudades que le llamaran la atención. Pero los cirqueros no tenían de que quejarse, después de todo su capataz siempre había sabido cómo llevarlos y manejar toda situación que se presentara... A su muy extraña manera, si, pero era algo a lo que se habían terminado por acostumbrar.
Pero a su mala fortuna, el mal tiempo no les había permitido abrir sus puertas en el tiempo previsto, y por tanto su partida se habría retrasado más, lo cual tampoco era un problema demasiado grande, para todos resultaría ciertamente relajante saber que podrían quedarse un tiempo más en la ciudad, explorar los alrededores, dormir con mayor comodidad... Además claro de tener oportunidad para promocionarse en la calle, creando algún espectáculo de presentación que atrajera más clientes a sentarse en las gradas cuando la gran carpa del circo abriera sus puertas. Y era justamente eso lo que se encontraban haciendo en ese preciso instante... Al menos, una buena parte de aquella gran familia.
No era cosa de todos los días que el capataz, quien solía tener mayor labia y acercamiento con la gente, faltara a las presentaciones en la calle, sobre todo si se consideraba lo mucho que le gustaba a este líder en particular el hacer sus boberías frente a un público, independientemente de su magnitud. Pero era bien sabido que Deimos -nombre del susodicho líder- no era un hombre que actuara según lo que todos esperaban, y muchas veces tenía salidas que pocos podían entender, y el decidir quedarse en las caravanas sin razón aparente era una de ellas.
Aunque claro... Para los demás era un accionar sin sentido, en su cabeza algún significado habría de tener, pero como nadie había preguntado, tampoco se esmeró en explicar sus razones. Así pues, indicó que clase de acto presentarían a los espectadores de las calles parisinas, y casi a los empujones sacó a un buen grupo de "sus chicos" de las carpas, despidiéndose sonriente. Acto seguido, se dirigió a dar un paseo en su “hogar”*, con las manos tras la espalda y el caminar de un señor de época, lo cual solo agregaba un toque curioso a su look ya de por si llamativo de galera negra, no demasiado alta, con el saco de un rojo sumamente vivaz, pantalones, chaleco y zapatos negros, y una camisa blanca; la cara pálida gracias al maquillaje, los labios resaltantemente rojos y en sus mejillas algún dibujo al mejor estilo "Joker".
Sus pasos avanzaban casi en un zig-zag impreciso, y su mirada se mantenía al frente... Pero no miraba nada. Como si los pies se le movieran solos, deambulaba sin rumbo fijo por todo el terreno, y en su mirar podía encontrarse un cierto deje de melancolía. ¡Aah! Su amado Paris... ¡Como para no sentirse sutilmente melancólico en ese momento! Ya había olvidado cuando había sido la última vez en la que se había encontrado por "tanto" tiempo en su ciudad natal, resultaba ampliamente reconfortante, a decir verdad, y traía a su mente viejos recuerdos que le sacaban sonrisas descabelladas y risas pícaras.
Pero poco le duró el encontrarse sumido en sus pensamientos, pues le pareció ver una silueta desconocida cerca de las jaulas de los leones, y esto le alarmó. Él era el único con permiso de dirigirse a ese lugar en particular, así que a menos que un compañero le estuviera buscando la boca, no creía que se tratara de ningún otro cirquero, lo cual resultaba más alarmante; se acercó a distancia prudente de la silueta, que pronto reconoció como femenina, y en un momento oportuno, gritó:
-Puedo ofreceros el verlos más de cerca si lo deseas... Pero "Fido" no come hace unas... -fingió ver un reloj en su muñeca- 7 horas, y no se vos, pero para mí sus ojos os miran como un filete gigante... O quizás pollo... -Sonrió nuevamente, gesticulando con sus manos enguantadas, y esperando paciente a una reacción por parte de la intrusa.
Momento momento... ¿Quién en su sano juicio le pone Fido a un león?
Pero a su mala fortuna, el mal tiempo no les había permitido abrir sus puertas en el tiempo previsto, y por tanto su partida se habría retrasado más, lo cual tampoco era un problema demasiado grande, para todos resultaría ciertamente relajante saber que podrían quedarse un tiempo más en la ciudad, explorar los alrededores, dormir con mayor comodidad... Además claro de tener oportunidad para promocionarse en la calle, creando algún espectáculo de presentación que atrajera más clientes a sentarse en las gradas cuando la gran carpa del circo abriera sus puertas. Y era justamente eso lo que se encontraban haciendo en ese preciso instante... Al menos, una buena parte de aquella gran familia.
No era cosa de todos los días que el capataz, quien solía tener mayor labia y acercamiento con la gente, faltara a las presentaciones en la calle, sobre todo si se consideraba lo mucho que le gustaba a este líder en particular el hacer sus boberías frente a un público, independientemente de su magnitud. Pero era bien sabido que Deimos -nombre del susodicho líder- no era un hombre que actuara según lo que todos esperaban, y muchas veces tenía salidas que pocos podían entender, y el decidir quedarse en las caravanas sin razón aparente era una de ellas.
Aunque claro... Para los demás era un accionar sin sentido, en su cabeza algún significado habría de tener, pero como nadie había preguntado, tampoco se esmeró en explicar sus razones. Así pues, indicó que clase de acto presentarían a los espectadores de las calles parisinas, y casi a los empujones sacó a un buen grupo de "sus chicos" de las carpas, despidiéndose sonriente. Acto seguido, se dirigió a dar un paseo en su “hogar”*, con las manos tras la espalda y el caminar de un señor de época, lo cual solo agregaba un toque curioso a su look ya de por si llamativo de galera negra, no demasiado alta, con el saco de un rojo sumamente vivaz, pantalones, chaleco y zapatos negros, y una camisa blanca; la cara pálida gracias al maquillaje, los labios resaltantemente rojos y en sus mejillas algún dibujo al mejor estilo "Joker".
Sus pasos avanzaban casi en un zig-zag impreciso, y su mirada se mantenía al frente... Pero no miraba nada. Como si los pies se le movieran solos, deambulaba sin rumbo fijo por todo el terreno, y en su mirar podía encontrarse un cierto deje de melancolía. ¡Aah! Su amado Paris... ¡Como para no sentirse sutilmente melancólico en ese momento! Ya había olvidado cuando había sido la última vez en la que se había encontrado por "tanto" tiempo en su ciudad natal, resultaba ampliamente reconfortante, a decir verdad, y traía a su mente viejos recuerdos que le sacaban sonrisas descabelladas y risas pícaras.
Pero poco le duró el encontrarse sumido en sus pensamientos, pues le pareció ver una silueta desconocida cerca de las jaulas de los leones, y esto le alarmó. Él era el único con permiso de dirigirse a ese lugar en particular, así que a menos que un compañero le estuviera buscando la boca, no creía que se tratara de ningún otro cirquero, lo cual resultaba más alarmante; se acercó a distancia prudente de la silueta, que pronto reconoció como femenina, y en un momento oportuno, gritó:
-Puedo ofreceros el verlos más de cerca si lo deseas... Pero "Fido" no come hace unas... -fingió ver un reloj en su muñeca- 7 horas, y no se vos, pero para mí sus ojos os miran como un filete gigante... O quizás pollo... -Sonrió nuevamente, gesticulando con sus manos enguantadas, y esperando paciente a una reacción por parte de la intrusa.
Momento momento... ¿Quién en su sano juicio le pone Fido a un león?
- Spoiler:
- *: Por hogar, me refiero a las carpas y caravanas.

Deimos D'Larousse- Utiliza mágia negra

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Nombre de PB: Brendon Urie
Re: El rugido de los leones (Deimos D'Larousse
Celine estaba ensimismada mirando aquella magnifica bestia directamente a los ojos mientras algo en su alma se estiraba y desperezaba al ritmo de los tranquilos movimientos del felino. La mirada fiera, indómita, a pesar de estar detrás de los barrotes la hace sonreír y un gruñido bajo, constante e inconsciente comienza a resonar en su pecho. El leo bosteza de nuevo y deja salir un sonido bajo y vibrante mientras desvía la mirada.
Esta a punto de avanzar un paso, pues el otro ha cedido y le esta mostrando que no es una amenaza, cuando una voz la hace sobresaltarse. Deja de gruñir por la sorpresa y el felino la mira, a punto de rugir. Pero ella no ha dejado de mirarlo. Deja salir un poco mas a su bestia mirándolo fijamente y con calma. "No soy una amenaza, pero sabes que puedo serlo" le transmite con su actitud. Respira aliviada al verlo ceder de nuevo y es cuando su mente asimila el hecho de que alguien la ha visto. Su corazón comienza a latir furiosamente mientras repasa en su cabeza las palabras del extraño. Con una lentitud extrema se gira, llevando ambas manos atrás, sujetando los zapatos de esa forma, y esboza una sonrisa culpable. La sonrisa de un niño pillado cometiendo una travesura.
Lo siento, se que no debería haberme colado pero... me encantan los animales- se disculpa tímidamente. Su mirada viaja de nuevo al león, que se ha vuelto a tumbar, sin perderla de vista, curioso. Y Fido... "¿Fido?" alza una ceja mirando al animal con una expresion burlona ¿Fido? repite como si no pudiera creérselo, a lo que el animal lanza un bufido, como pidiéndole que no se burlara de el. Sacude la cabeza, sin poder borrar la sonrisa divertida Fido es magnifico concluye con tranquilidad. Aun así, por dentro esta temiendo la reacción de aquel hombre, pues ella se había colado en el recinto. Con pequeños pasos, vacilantes, va acercándose a el, fijándose en su extraña apariencia por primera vez. Todos sus animales son magníficos. Añade con una sonrisa sincera, intentando evitar una bronca mayor. Hacía ya mucho que había aprendido que las apariencias engañaban, y por mucha calma que el hombre aparentara, no podía saber como reaccionaría una vez lejos del animal.
Esta a punto de avanzar un paso, pues el otro ha cedido y le esta mostrando que no es una amenaza, cuando una voz la hace sobresaltarse. Deja de gruñir por la sorpresa y el felino la mira, a punto de rugir. Pero ella no ha dejado de mirarlo. Deja salir un poco mas a su bestia mirándolo fijamente y con calma. "No soy una amenaza, pero sabes que puedo serlo" le transmite con su actitud. Respira aliviada al verlo ceder de nuevo y es cuando su mente asimila el hecho de que alguien la ha visto. Su corazón comienza a latir furiosamente mientras repasa en su cabeza las palabras del extraño. Con una lentitud extrema se gira, llevando ambas manos atrás, sujetando los zapatos de esa forma, y esboza una sonrisa culpable. La sonrisa de un niño pillado cometiendo una travesura.
Lo siento, se que no debería haberme colado pero... me encantan los animales- se disculpa tímidamente. Su mirada viaja de nuevo al león, que se ha vuelto a tumbar, sin perderla de vista, curioso. Y Fido... "¿Fido?" alza una ceja mirando al animal con una expresion burlona ¿Fido? repite como si no pudiera creérselo, a lo que el animal lanza un bufido, como pidiéndole que no se burlara de el. Sacude la cabeza, sin poder borrar la sonrisa divertida Fido es magnifico concluye con tranquilidad. Aun así, por dentro esta temiendo la reacción de aquel hombre, pues ella se había colado en el recinto. Con pequeños pasos, vacilantes, va acercándose a el, fijándose en su extraña apariencia por primera vez. Todos sus animales son magníficos. Añade con una sonrisa sincera, intentando evitar una bronca mayor. Hacía ya mucho que había aprendido que las apariencias engañaban, y por mucha calma que el hombre aparentara, no podía saber como reaccionaría una vez lejos del animal.

Celine Déveraux- ParticipanteLB

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Re: El rugido de los leones (Deimos D'Larousse
Hubiera soltado una carcajada al observar las miraditas que Fido y la dama de cabellos rubios se lanzaban, le parecía intrigadoramente extraño aquel contacto entre amos... Como si se entendieran tan fácilmente con solo una mirada, pues era eso, o no era la primera vez que la mujer visitaba al león, y estaba completamente seguro de que de haber ocurrido en el poco tiempo que llevaban en la ciudad, cualquiera de sus compañeros le hubiera avisado sobre cualquier... Llamémosle "actividad sospechosa" cerca de los animales, y de cualquier forma, teniendo en cuenta que tampoco tenían mucho tiempo de estar en la ciudad, hubiera sido igualmente impresionante lograr un contacto de tal índole con aquel felino, que encima los gatos solían ser tan orgullosos... Tanto así que podía ser toda una hazaña lograr hacerse amigo de uno. -¿Pero Fido no es un gato, no?- Pensó para sí, perdiéndose en sus ideas un momento, antes de darse cuenta de que la intrusa se había percatado de su presencia, y había empezado con una disculpa casi rutinaria, y sutiles excusas que en realidad no le habrían servido de nada si hubiera estado realmente enojado con ella por el acercamiento a los animales... ¡Dios la salvara si lograba hacerle enojar! Que eso sería algo nuevo de ver, e incluso él mismo no estaría seguro de cómo reaccionaría.
-No... No es un gato. -El comentario fue tan aleatorio como el pensamiento que se había instalado en su cabeza, a tal punto de que casi no había podido prestar la debida atención a las palabras de la mujer, o a la curiosa interacción con el león. En realidad, no había sido un comentario dirigido a ella, más bien, se estaba respondiendo a sí mismo, al mismo tiempo que una de las enguantadas manos se elevaba para hacer contacto con su rostro, su mentón más bien, y empezar a rascarlo a la par que su expresión se tornaba ligeramente confundida- ¿Puede ser considerado un gato? No un ‘felino’, un ‘gato’… Ga-to.
Su mirada se alzó, para clavarse encima de los ojos de aquella dama de apariencia, según él, curiosa... ¿Esas ropas serían la nueva moda Parisina? Hmm, quizás no, no le había parecido ver a las personas vestirse así en su estadía, aunque hubiera sido una buena moda eso de llevar encima las pieles curtidas, o andar descalza por la vida, tendría que ser divertido. Hasta el momento, no se había percatado de que su pregunta anterior había parecido ser cuestionada a su interlocutora... Bueno, a decir verdad ni siquiera se había dado cuenta de que lo había pensado en voz alta, lo cual le arrancó del centro del tórax una sincera carcajada, que momentos atrás había tenido que guardarse, ¡A saber qué imagen le estaría dando! A lo mejor y ya le había catalogado de un loco sin remedio, o un joven con déficit de atención, dependiendo de qué tan extraños le hubieran parecido aquellos comentarios, que nada que ver tenía con la conversación anterior. Deimos suspiró, pensando que no tenía remedio, prefiriendo antes seguir con otro tema a tener que explicar el porqué de lo anteriormente dicho.
Con ese caminar casi danzarín suyo, acortó un poco más las distancias con la mujer frente a sí, mostrándole su mejor sonrisa a la par que se dedicaba a caminar a su alrededor, dibujando un circulo amplio -e imaginario- con sus pies en el suelo aun sutilmente mojado por las constantes lluvias anteriores. Le examinaba sin aparentes intenciones de... Bueno, de nada en realidad, quizás únicamente para saciar su inagotable curiosidad, o para asegurarse de que no trajera consigo nada lo suficientemente peligroso, era difícil de adivinar, y más lo sería aun cuando alcanzaran aquel punto donde ninguna de sus acciones pareciera traer consigo ningún significado o porque.
- A de ser un espécimen raro, ¿Verdad? -Soltó, nuevamente, de pronto, encontrándose justo detrás de la mujer, por lo cual se hubiera pensado que le hablaba a ella, y que se refería a Fido... Probablemente, claro. Aunque la realidad era exactamente lo contrario, su mirar se había depositado en los ojos oscuros del león, ya un poco más lejano, el cual pareció bufar ante el comentario, moviendo perezosamente la cabeza y por ende la gran melena. El cirquero ensanchó la sonrisa un momento, sin volverse aun hacia la mujer- Eso pensé. -Respondió al león, como si éste le hubiera hablado con palabras meramente explícitas, antes de volver a posarse justo frente a la dama, extendiendo una de sus manos enguantadas en su dirección, al mismo tiempo que sus ojos se cerraban casi tan perezosos como los movimientos de Fido, mostrando un pleno sentimiento de confianza... O estupidez- Podés llamarme Deimos, y agradezco vuestro halago por nuestros animales, pero en realidad no era necesario, no se encuentra realmente en problemas... Aun.
El hombre rió para sus adentros, sin abrir los ojos aún, y reclinó un poco el cuerpo hacia delante, hasta dejarlo casi en diagonal al suelo, sin dejar de tener su mano extendida a la espera de que fuera recibida por alguna de las de la mujer. -¿Puede este humilde mago de circo serviros en algo más, joven desconocida?
-No... No es un gato. -El comentario fue tan aleatorio como el pensamiento que se había instalado en su cabeza, a tal punto de que casi no había podido prestar la debida atención a las palabras de la mujer, o a la curiosa interacción con el león. En realidad, no había sido un comentario dirigido a ella, más bien, se estaba respondiendo a sí mismo, al mismo tiempo que una de las enguantadas manos se elevaba para hacer contacto con su rostro, su mentón más bien, y empezar a rascarlo a la par que su expresión se tornaba ligeramente confundida- ¿Puede ser considerado un gato? No un ‘felino’, un ‘gato’… Ga-to.
Su mirada se alzó, para clavarse encima de los ojos de aquella dama de apariencia, según él, curiosa... ¿Esas ropas serían la nueva moda Parisina? Hmm, quizás no, no le había parecido ver a las personas vestirse así en su estadía, aunque hubiera sido una buena moda eso de llevar encima las pieles curtidas, o andar descalza por la vida, tendría que ser divertido. Hasta el momento, no se había percatado de que su pregunta anterior había parecido ser cuestionada a su interlocutora... Bueno, a decir verdad ni siquiera se había dado cuenta de que lo había pensado en voz alta, lo cual le arrancó del centro del tórax una sincera carcajada, que momentos atrás había tenido que guardarse, ¡A saber qué imagen le estaría dando! A lo mejor y ya le había catalogado de un loco sin remedio, o un joven con déficit de atención, dependiendo de qué tan extraños le hubieran parecido aquellos comentarios, que nada que ver tenía con la conversación anterior. Deimos suspiró, pensando que no tenía remedio, prefiriendo antes seguir con otro tema a tener que explicar el porqué de lo anteriormente dicho.
Con ese caminar casi danzarín suyo, acortó un poco más las distancias con la mujer frente a sí, mostrándole su mejor sonrisa a la par que se dedicaba a caminar a su alrededor, dibujando un circulo amplio -e imaginario- con sus pies en el suelo aun sutilmente mojado por las constantes lluvias anteriores. Le examinaba sin aparentes intenciones de... Bueno, de nada en realidad, quizás únicamente para saciar su inagotable curiosidad, o para asegurarse de que no trajera consigo nada lo suficientemente peligroso, era difícil de adivinar, y más lo sería aun cuando alcanzaran aquel punto donde ninguna de sus acciones pareciera traer consigo ningún significado o porque.
- A de ser un espécimen raro, ¿Verdad? -Soltó, nuevamente, de pronto, encontrándose justo detrás de la mujer, por lo cual se hubiera pensado que le hablaba a ella, y que se refería a Fido... Probablemente, claro. Aunque la realidad era exactamente lo contrario, su mirar se había depositado en los ojos oscuros del león, ya un poco más lejano, el cual pareció bufar ante el comentario, moviendo perezosamente la cabeza y por ende la gran melena. El cirquero ensanchó la sonrisa un momento, sin volverse aun hacia la mujer- Eso pensé. -Respondió al león, como si éste le hubiera hablado con palabras meramente explícitas, antes de volver a posarse justo frente a la dama, extendiendo una de sus manos enguantadas en su dirección, al mismo tiempo que sus ojos se cerraban casi tan perezosos como los movimientos de Fido, mostrando un pleno sentimiento de confianza... O estupidez- Podés llamarme Deimos, y agradezco vuestro halago por nuestros animales, pero en realidad no era necesario, no se encuentra realmente en problemas... Aun.
El hombre rió para sus adentros, sin abrir los ojos aún, y reclinó un poco el cuerpo hacia delante, hasta dejarlo casi en diagonal al suelo, sin dejar de tener su mano extendida a la espera de que fuera recibida por alguna de las de la mujer. -¿Puede este humilde mago de circo serviros en algo más, joven desconocida?

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Re: El rugido de los leones (Deimos D'Larousse
Celine dejó escapar un simple suspiro tembloroso que no sabía que estaba reteniendo al ver la actitud relajada de aquel hombre. Aunque el comentario la había descolocado y rió suavemente, mirando por encima del hombro al león, con una sonrisa tranquila, pacifica. Un gato no. Mas bien diría un primo lejano, mas orgulloso e imponente que un gato.. Volvió a mirar al hechicero sin borrar aquella sonrisa, sin querer mostrar su incomodidad ante sus movimientos ni su carcajada, sin importar que todos sus sentidos se pusieron en alerta al verlo caminar alrededor de ella en un gesto tan característico en un depredador. ¿ Sabría acaso lo que ella era? No, no podía ser. ¿O si?
A de ser un espécimen raro, ¿Verdad? ¿quien, ella o el león? Viendo la dirección de la mirada y la posterior respuesta, se dio cuenta de que hablaba de ella. Pero, ¿como podría saberlo? Si, sabía que había gente que conocía mucho sobre lo sobrenatural, pero, ¿hasta el punto de saber su naturaleza con tan solo verla? Respiró con tranquilidad, intentando calmarse y no llegar a conclusiones precipitadas. Aquel joven nada claro había dicho aun sobre ella.
Deimos. Un extraño nombre cuanto menos. Tomó la mano que le fue tendida con suavidad, sonriendo amablemente de medio lado. Mi nombre es Celine. Y no era un cumplido. Era una sincera verdad. Los animales me fascinan. "Yo soy uno, es normal." piensa. Y se reconocer la belleza de uno cuando lo veo. Le mira, a medio camino entre confundida y divertida por su actuar. Un mago? Sus trucos son pura ilusión o contienen algo mas allá? Algo fuera del alcance de las demás personas, quiero decir. Tan pronto como lo había preguntado se arrepintió de pronunciar las palabras. Sabía que estaba siendo muy directa, y no se arrepentía de ello. Sabía uqe podría ofenderlo con aquella pregunta, pero ya estaba cansada de dar vueltas alrededor del mismo tema siempre. Este no era el primer artista con el que se encontraba y comentaba el tema. Normalmente, o se ofendían, o la tomaban por loca en el momento en el que preguntaba sobre alguna cosa sobrenatural. Siempre dejaba perderse el tema como si hubiera sido un comentario de pasada, sin ninguna importancia mas alla que la curiosidad, pero en el fondo sabía lo que había encontrado, otro fracaso. No había encontrado aun a nadie que la pudiera ayudar con su problema, nadie que creyera realmente en la existencia de algo mas alla de lo que se podia ver a primera vista. Tan solo a aquellas mujeres que la ayudaron, indirectamente, y sin saberlo, a invocar a un demonio. No las habia vuelto a encontrar. Habría estado dispuesta a rogarles, a suplicarles de rodillas, si hubiera hecho falta, su ayuda. Necesitaba conocer el nombre de aquel demonio del que solo conocía su marca.
Porque aquella marca no había sido de buena ventura como decia el anciano Jácques. Era el simbolo de un demonio. "Tu lo sabias, verdad, anciano?" pregunta mentalmente de forma retorica. "Por eso tenias esa mirada de arrepentimiento siempre. Por eso me mandaste aqui. Y ahora, me toca a mi desenredar el embrollo en el que nos has metido." Vuelve a clavar la mirada en el jóven, sin saber cuando había dejado de mirarle y sonrie de mdio lado, tristemente, y con la mente cargada de dudas y recuerdos. No hace falta que conteste, ha sido maleducado por mi parte preguntar. Lo siento. Mira al león en lo que piensa que sera la ultima vez. Tampoco debería haber entrado aqui sin permiso. Puedo encontrar la salida por mi cuenta. En su voz se nota el cansancio y la derrota que esta sintiendo, agotada ya de fingir, de esperar a que algo pasara, de encontrar una señal que la encaminara en la dirección adecuada.
A de ser un espécimen raro, ¿Verdad? ¿quien, ella o el león? Viendo la dirección de la mirada y la posterior respuesta, se dio cuenta de que hablaba de ella. Pero, ¿como podría saberlo? Si, sabía que había gente que conocía mucho sobre lo sobrenatural, pero, ¿hasta el punto de saber su naturaleza con tan solo verla? Respiró con tranquilidad, intentando calmarse y no llegar a conclusiones precipitadas. Aquel joven nada claro había dicho aun sobre ella.
Deimos. Un extraño nombre cuanto menos. Tomó la mano que le fue tendida con suavidad, sonriendo amablemente de medio lado. Mi nombre es Celine. Y no era un cumplido. Era una sincera verdad. Los animales me fascinan. "Yo soy uno, es normal." piensa. Y se reconocer la belleza de uno cuando lo veo. Le mira, a medio camino entre confundida y divertida por su actuar. Un mago? Sus trucos son pura ilusión o contienen algo mas allá? Algo fuera del alcance de las demás personas, quiero decir. Tan pronto como lo había preguntado se arrepintió de pronunciar las palabras. Sabía que estaba siendo muy directa, y no se arrepentía de ello. Sabía uqe podría ofenderlo con aquella pregunta, pero ya estaba cansada de dar vueltas alrededor del mismo tema siempre. Este no era el primer artista con el que se encontraba y comentaba el tema. Normalmente, o se ofendían, o la tomaban por loca en el momento en el que preguntaba sobre alguna cosa sobrenatural. Siempre dejaba perderse el tema como si hubiera sido un comentario de pasada, sin ninguna importancia mas alla que la curiosidad, pero en el fondo sabía lo que había encontrado, otro fracaso. No había encontrado aun a nadie que la pudiera ayudar con su problema, nadie que creyera realmente en la existencia de algo mas alla de lo que se podia ver a primera vista. Tan solo a aquellas mujeres que la ayudaron, indirectamente, y sin saberlo, a invocar a un demonio. No las habia vuelto a encontrar. Habría estado dispuesta a rogarles, a suplicarles de rodillas, si hubiera hecho falta, su ayuda. Necesitaba conocer el nombre de aquel demonio del que solo conocía su marca.
Porque aquella marca no había sido de buena ventura como decia el anciano Jácques. Era el simbolo de un demonio. "Tu lo sabias, verdad, anciano?" pregunta mentalmente de forma retorica. "Por eso tenias esa mirada de arrepentimiento siempre. Por eso me mandaste aqui. Y ahora, me toca a mi desenredar el embrollo en el que nos has metido." Vuelve a clavar la mirada en el jóven, sin saber cuando había dejado de mirarle y sonrie de mdio lado, tristemente, y con la mente cargada de dudas y recuerdos. No hace falta que conteste, ha sido maleducado por mi parte preguntar. Lo siento. Mira al león en lo que piensa que sera la ultima vez. Tampoco debería haber entrado aqui sin permiso. Puedo encontrar la salida por mi cuenta. En su voz se nota el cansancio y la derrota que esta sintiendo, agotada ya de fingir, de esperar a que algo pasara, de encontrar una señal que la encaminara en la dirección adecuada.

Celine Déveraux- ParticipanteLB

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Re: El rugido de los leones (Deimos D'Larousse
-Mis trucos...
La voz del joven Deimos se alzó de forma imponente ante la idea de que la joven rubia se le escapara sin siquiera dejarle hablar, sin permitirle responder a la duda que le había planteado anteriormente y que tanta curiosidad le había podido despertar. Sonó, por primera vez en todo aquel rato, más severo... Como si el hablar de un tema como aquello que presentaba y mostraba -o no- en el escenario requiriera de toda su concentración, o al menos toda la que era capaz de ofrecer, y seriedad -tanta como un hombre con el rostro maquillado y las ridículas ropas de circo pudiera aparentar-. Y sin embargo, su rostro continuaba manteniendo una expresión sonriente, elocuente y risueña, como si la situación le estuviera divirtiendo o causando risa, pero no se permitiera el reír en voz alta, como si se estuviera tomando las palabras ajenas, y a lo mejor incluso las propias, en broma... Lo cual, en contraste con el tono empleado anteriormente en su voz, no podía más que hacerle ver... Quizás un poco frío, curioso más bien, llamativo... Aunque con un "no-se-que" impredeciblemente peligroso; tenía, en palabras simples, el aspecto y "aura" de un depredador, ¡Y vaya depredador más extraño!
-Mis trucos. -repitió, dando la impresión de encontrarse sutilmente más relajado que la primera vez que habló, pero no por ello dejando de mostrar ese aspecto anteriormente descripto, como si estuviera midiendo tanto sus palabras como sus acciones, y se preparara para el momento de atacar, o quizás... Quizás lo que esperaba era el momento de huir, era un poco difícil decir- No son más que solo eso, trucos... Algunos incluso son bastante baratos. -Quizás aquella no era exactamente la noticia más esperada por la dama, su interlocutora, "Celine" si no había oído mal y su memoria extremadamente selectiva no le jugaba una mala pasada; estaba completamente al tanto de ello, pero después de todo... Aún no había terminado, y si bien había dicho la verdad, no la había dicho toda.
Sus pasos, que parecían tener un peso etéreo, como el de una pluma, avanzaron una vez más hacia la jaula del león, que de un momento a otro había parecido quedar como un personaje secundario. Sus manos se juntaron por un momento, y una le quitó el guante a la otra respectivamente, para que después pudiera pasar sus dedos por los barrotes del frío metal, al mismo tiempo que de sus labios escapaba un suspiro, prontamente mezclado con una risilla que no fue capaz de contener; "¿Cómo sabe un humano cuando le están mintiendo, cuando le dicen la verdad, y cuando se está ocultando algo más?", pensó interiormente, observando con fijeza al magnificente Fido, clavando sus ojos negros en los de él, casi comunicándose con el animal simplemente utilizando la mirada, "Ustedes tenéis un poco más de suerte, dudo que tengáis que mentirle a los de su especie", nuevamente, rió por lo bajo, ante lo cual el león pareció responderle con un movimiento de cabeza y un sonido casi sufrido, que precedería a que alzara su enorme cuerpo felino y se sacudiera una única vez, acercándose a la posición del cirquero, hasta quedar a una distancia... Bueno, siendo sinceros, una distancia bastante imprudente.
Deimos se mantuvo inmóvil, como un cuerpo inerte... Incluso parecía difícil percibir el leve subir y bajar de su pecho debido a la respiración, dejando que la imagen engañara a la vista de los demás, en una ilusión óptica que mostraría un tiempo en estado de reposo, en el cual el movimiento de todo ser o persona se vería detenido. Y hubiera sido una gran ilusión, a decir verdad, pero era el sonido de su voz, suave, profundo y distante, lo que dejaba ver que tan solo era una apariencia exterior, y en realidad el mundo no se había detenido en lo absoluto, pero el hechicero seguramente tendría un gran acto de "estatua viviente".
-Los trucos son para todo el mundo... Las ilusiones son para unos pocos... -Musitó, ladeando el rostro sutilmente en dirección a Celine, aferrando sus manos a los barrotes de la celda del animal, ante lo cual éste reaccionó simplemente alejándose un par de pasos, entre curioso y precavido, incluso Fido debería de saber lo impredecible que podía ser Deimos a veces, como para no esperar nada concreto de él en aquel momento- ¿Pero la verdadera Magia? El ser capaz de verla depende de lo que puedes ofrecer por ella, que estás dispuesta a perder... Y que deseas ganar. Magos, hechiceros y brujas pueden ser seres tan engañosos como los Genios de los cuentos de niños, si lo que desea, señorita Celine, es encontrar a uno verdadero... ¿Estaría dispuesta a tener las de salir perdiendo por conseguir lo que desea por medio de la magia?
Su hablar sonaba como una especie de acertijo, invitaba a quien lo escuchaba a entender la naturaleza de su persona, pero a la vez parecía buscar el alejamiento de la mujer que le acompañaba. La sonrisa en sus labios se ensanchó notablemente, y se separó unos pocos centímetros de la jaula, únicamente para juntar las manos nuevamente, y tras separarlas, mostrarle a la joven una pequeña llave de metal gris, brillante y de aspecto bastante añejo; movió la llave entre sus dedos, y la encerró en su diestra nuevamente para hacerla desaparecer, y aun así, su siniestra se dirigió a la puerta de la jaula de Fido, empujando ésta una primera vez únicamente para demostrar que verdaderamente se encontraba cerrada con llave, y sin embargo... Tras empujarla una vez más, la puerta se abrió con completa facilidad. Deimos gesticuló cada movimiento de sus manos de forma exagerada, para hacerlos más vistosos y evitar que la mirada de su "público" se centrara en otro lugar que no fuera su accionar, y cuando la jaula estuvo abierta, sus manos señalaron el interior de esta casi como si invitara a Celine a entrar... Aunque claro, Fido parecía más emocionado en salir que en dejar a alguien entrar, puesto que pronto asomó la melena por la puerta abierta, y observó a su alrededor con lo más parecido a un curiosísimo animal que pudo mostrar.
Una locura, eso era lo que aquel accionar significaba realmente. Librar al león en escenario era una cosa, tener a sus ayudantes alrededor era otra... ¿Pero frente a una civil, sin mayor ayuda que él mismo? Si, para cualquiera hubiera significado una extralimitada locura, pero para Deimos significó... Bueno, quien sabe que significó, en su rostro solo se podía observar cierta alegría enigmática. Una seña de su mano le indicó al león a mantenerse dentro de la jaula de momento, y, extrañamente, éste obedeció sin necesidad de algo más.
-El deseo de ver de cerca a un león puede parecer una buena idea al principio... ¿Qué tan segura estaría de querer compartir su espacio con él?
La voz del joven Deimos se alzó de forma imponente ante la idea de que la joven rubia se le escapara sin siquiera dejarle hablar, sin permitirle responder a la duda que le había planteado anteriormente y que tanta curiosidad le había podido despertar. Sonó, por primera vez en todo aquel rato, más severo... Como si el hablar de un tema como aquello que presentaba y mostraba -o no- en el escenario requiriera de toda su concentración, o al menos toda la que era capaz de ofrecer, y seriedad -tanta como un hombre con el rostro maquillado y las ridículas ropas de circo pudiera aparentar-. Y sin embargo, su rostro continuaba manteniendo una expresión sonriente, elocuente y risueña, como si la situación le estuviera divirtiendo o causando risa, pero no se permitiera el reír en voz alta, como si se estuviera tomando las palabras ajenas, y a lo mejor incluso las propias, en broma... Lo cual, en contraste con el tono empleado anteriormente en su voz, no podía más que hacerle ver... Quizás un poco frío, curioso más bien, llamativo... Aunque con un "no-se-que" impredeciblemente peligroso; tenía, en palabras simples, el aspecto y "aura" de un depredador, ¡Y vaya depredador más extraño!
-Mis trucos. -repitió, dando la impresión de encontrarse sutilmente más relajado que la primera vez que habló, pero no por ello dejando de mostrar ese aspecto anteriormente descripto, como si estuviera midiendo tanto sus palabras como sus acciones, y se preparara para el momento de atacar, o quizás... Quizás lo que esperaba era el momento de huir, era un poco difícil decir- No son más que solo eso, trucos... Algunos incluso son bastante baratos. -Quizás aquella no era exactamente la noticia más esperada por la dama, su interlocutora, "Celine" si no había oído mal y su memoria extremadamente selectiva no le jugaba una mala pasada; estaba completamente al tanto de ello, pero después de todo... Aún no había terminado, y si bien había dicho la verdad, no la había dicho toda.
Sus pasos, que parecían tener un peso etéreo, como el de una pluma, avanzaron una vez más hacia la jaula del león, que de un momento a otro había parecido quedar como un personaje secundario. Sus manos se juntaron por un momento, y una le quitó el guante a la otra respectivamente, para que después pudiera pasar sus dedos por los barrotes del frío metal, al mismo tiempo que de sus labios escapaba un suspiro, prontamente mezclado con una risilla que no fue capaz de contener; "¿Cómo sabe un humano cuando le están mintiendo, cuando le dicen la verdad, y cuando se está ocultando algo más?", pensó interiormente, observando con fijeza al magnificente Fido, clavando sus ojos negros en los de él, casi comunicándose con el animal simplemente utilizando la mirada, "Ustedes tenéis un poco más de suerte, dudo que tengáis que mentirle a los de su especie", nuevamente, rió por lo bajo, ante lo cual el león pareció responderle con un movimiento de cabeza y un sonido casi sufrido, que precedería a que alzara su enorme cuerpo felino y se sacudiera una única vez, acercándose a la posición del cirquero, hasta quedar a una distancia... Bueno, siendo sinceros, una distancia bastante imprudente.
Deimos se mantuvo inmóvil, como un cuerpo inerte... Incluso parecía difícil percibir el leve subir y bajar de su pecho debido a la respiración, dejando que la imagen engañara a la vista de los demás, en una ilusión óptica que mostraría un tiempo en estado de reposo, en el cual el movimiento de todo ser o persona se vería detenido. Y hubiera sido una gran ilusión, a decir verdad, pero era el sonido de su voz, suave, profundo y distante, lo que dejaba ver que tan solo era una apariencia exterior, y en realidad el mundo no se había detenido en lo absoluto, pero el hechicero seguramente tendría un gran acto de "estatua viviente".
-Los trucos son para todo el mundo... Las ilusiones son para unos pocos... -Musitó, ladeando el rostro sutilmente en dirección a Celine, aferrando sus manos a los barrotes de la celda del animal, ante lo cual éste reaccionó simplemente alejándose un par de pasos, entre curioso y precavido, incluso Fido debería de saber lo impredecible que podía ser Deimos a veces, como para no esperar nada concreto de él en aquel momento- ¿Pero la verdadera Magia? El ser capaz de verla depende de lo que puedes ofrecer por ella, que estás dispuesta a perder... Y que deseas ganar. Magos, hechiceros y brujas pueden ser seres tan engañosos como los Genios de los cuentos de niños, si lo que desea, señorita Celine, es encontrar a uno verdadero... ¿Estaría dispuesta a tener las de salir perdiendo por conseguir lo que desea por medio de la magia?
Su hablar sonaba como una especie de acertijo, invitaba a quien lo escuchaba a entender la naturaleza de su persona, pero a la vez parecía buscar el alejamiento de la mujer que le acompañaba. La sonrisa en sus labios se ensanchó notablemente, y se separó unos pocos centímetros de la jaula, únicamente para juntar las manos nuevamente, y tras separarlas, mostrarle a la joven una pequeña llave de metal gris, brillante y de aspecto bastante añejo; movió la llave entre sus dedos, y la encerró en su diestra nuevamente para hacerla desaparecer, y aun así, su siniestra se dirigió a la puerta de la jaula de Fido, empujando ésta una primera vez únicamente para demostrar que verdaderamente se encontraba cerrada con llave, y sin embargo... Tras empujarla una vez más, la puerta se abrió con completa facilidad. Deimos gesticuló cada movimiento de sus manos de forma exagerada, para hacerlos más vistosos y evitar que la mirada de su "público" se centrara en otro lugar que no fuera su accionar, y cuando la jaula estuvo abierta, sus manos señalaron el interior de esta casi como si invitara a Celine a entrar... Aunque claro, Fido parecía más emocionado en salir que en dejar a alguien entrar, puesto que pronto asomó la melena por la puerta abierta, y observó a su alrededor con lo más parecido a un curiosísimo animal que pudo mostrar.
Una locura, eso era lo que aquel accionar significaba realmente. Librar al león en escenario era una cosa, tener a sus ayudantes alrededor era otra... ¿Pero frente a una civil, sin mayor ayuda que él mismo? Si, para cualquiera hubiera significado una extralimitada locura, pero para Deimos significó... Bueno, quien sabe que significó, en su rostro solo se podía observar cierta alegría enigmática. Una seña de su mano le indicó al león a mantenerse dentro de la jaula de momento, y, extrañamente, éste obedeció sin necesidad de algo más.
-El deseo de ver de cerca a un león puede parecer una buena idea al principio... ¿Qué tan segura estaría de querer compartir su espacio con él?

Deimos D'Larousse- Utiliza mágia negra

- Escritos realizados: 35
Antigüedad en el teatro: 15/10/2011
Reputación: 11
Estado: Activo
CURIOSIDADES
Sabías que...:
Empleo actual: Capataz de Circo
Nombre de PB: Brendon Urie
Re: El rugido de los leones (Deimos D'Larousse
-Mis trucos...
Celine cerró los ojos con fuerza, desviando la mirada. No quería oírlo, no quería ilusionarse de nuevo. Solo quería alejarse, olvidarse de todo aquello y recuperar fuerzas. Aun así, se quedo quieta esperando la respuesta. Según su voz, le había ofendido con sus palabras. Ya se disculparía de nuevo antes de irse. Decidió que no era buen momento para sonreír amargamente por la ironía del asunto al oírlo hablar. Había querido irse justamente para no escuchar la respuesta que le estaba dando a entender. Un nuevo fallo.
El sabor amargo del fallo y la frustración le subieron por la garganta, haciéndola perder la calma. ¿Que mas quería decirle? ¿Porque no se callaba ya? Para que seguir hurgando en la herida? Centrada en su frustración y molestia para consigo misma, comenzó a culpar al otro de cosas que no debía. ¿Hablaba de verdadera magia? Como si supiera, cuando acababa de reconocer que no era mas que un ilusionista barato. Aquello le molestó bastante. Si de verdad conocía la verdadera magia sabría que los verdaderamente engañosos eran los demonios. Bien lo sabía ella eso. Inspiró profundamente, transformando la furia en cólera. ¿ Así que hablaba de la verdadera magia como si la dominara? Pues que lo demostrara. Y si no era un verdadero hechicero... Bueno, un mortal común lo tiene difícil para escapar de un lobo.
¿Estaría dispuesta a tener las de salir perdiendo por conseguir lo que desea por medio de la magia?
Miró sus gestos impasible, callándose la respuesta a una pregunta que le pareció retorica. Cuando uno necesita de hechiceros y de demonios en su vida siempre sale perdiendo. ¿Esperaba asustarla con esas palabras o con sus gestos? No le creía capaz de hacer exactamente lo que acabó haciendo, abrir la jaula. ¿Que estaba haciendo? Acaso pensaba que podría controlar una bestia tan indomable como la que tenía delante por si mismo? Mucho orgullo tenía el humano. ¿ Quizás se habría burlado de ella y no era un humano normal? A medias molesta y a medias curiosa por ese pensamiento, arriesgó una mirada hacia el rostro del hombre, sin querer perder de vista el león, por si acaso. Licantropo, como ella, no podría ser, lo habría sentido desde el principio. Era de día, vampiro no podría ser tampoco.¿Sería de verdad un hechicero?
La extraña sonrisa solo la preocupó mas, sin asegurarle nada en ningún momento. El león le había hecho caso por el momento a el, pero, a diferencia de los lobos, quienes mantenían una palabra dada por el simple orgullo, los felinos deciden cuando los juegos acaban porque se han aburrido. ¿Cuanto tardaría ese león en decidir que ya había tenido bastante y saldría a explorar? Accedió a su bestia de nuevo, mirando fijamente al león antes de mirar boquiabierta casi, de nuevo, al hombre.
-El deseo de ver de cerca a un león puede parecer una buena idea al principio... ¿Qué tan segura estaría de querer compartir su espacio con él?
¿De que iba este? ¿Estaba loco? ¿A quien se le ocurría invitar, retar mas bien, a una completa extraña a entrar a la jaula de un animal peligroso? Porque, por amaestrado que sea, un cazador siempre será un cazador. Y mas aun, cuando esta defendiendo el espacio que consideran propio. Hasta los perros hacían eso. ¿Tanto le había ofendido que pensaba matarla? Si ella fuera una humana normal, no podría contra un animal así. ¿A que jugaba? Miró de nuevo al león, planteándose la posibilidad. Si entraba, quedaba a merced del hombre. Con el león podría, no tenia duda de eso. Podría hasta cansarlo simplemente esquivándolo todo el rato en su forma humana. Pero luego, ¿como saldría? No sería la primera vez que se cruzaría con unos cazadores disfrazados de artistas ambulantes. Si podían hacer de actores, o de mercaderes ambulantes, porque no de cirqueros? Confiar en la buena suerte estaba afuera de opción. El tiempo corría en su contra, no podría esperar mas. Así que decidió basarse en su instinto, y en poder pensar sobre la marcha y dio un paso adelante, sin vacilar. Si ella entraba, el cerraría la puerta detrás, así evitaría un peligro próximo. El silencio acompañó por un momento su respuesta física.
Cuando uno no tiene nada que perder y todo por ganar arriesga sin miedo. contesta a su anterior pregunta, la de salir perdiendo si tratara con un hechicero de verdad. Cuanto mas cerca estaba de la jaula, mas dejaba salir a su bestia, su animalismo interno para advertir al león. Pero su mirada estaba fija en el suelo, un par de metros a un lado del animal. Buscaba compartir, no imponer. No era una amenaza para el futuro inmediato, no iba a dañarlo. Quizás al mortal luego, pero a el no. Un paso tras otro, mostrando tranquilidad y calma en todo momento, aunque por dentro no se sintiera así, avanzó hasta la puerta de la jaula. Ahora es cuando venía la prueba de fuego, cuando invadiría el espacio del león. Sabía que estaba hilando muy fino en un juego peligroso. Pero se fiaba completamente de su instinto. Por ello, entró. Casi sin pararse en la puerta, sin dudarlo, tan solo retrasándose un instante, simplemente como cortesía hacia Fido antes de invadir su terreno. Aun sin mirarlo. No tenía la mirada bajo, no iba a someterse a el, pero tampoco le estaba mirando a los ojos, desafiante. Mantenía una expresión neutral a un paso de la puerta, ya dentro, pero sin entrar mas. No debía contrarrestar el gesto de su mirada con una expresión corporal distinta. Se quedó relajada, pero sin desviar los ojos, esperando escuchar el sonido de la puerta cerrándose detrás suya.
Celine cerró los ojos con fuerza, desviando la mirada. No quería oírlo, no quería ilusionarse de nuevo. Solo quería alejarse, olvidarse de todo aquello y recuperar fuerzas. Aun así, se quedo quieta esperando la respuesta. Según su voz, le había ofendido con sus palabras. Ya se disculparía de nuevo antes de irse. Decidió que no era buen momento para sonreír amargamente por la ironía del asunto al oírlo hablar. Había querido irse justamente para no escuchar la respuesta que le estaba dando a entender. Un nuevo fallo.
El sabor amargo del fallo y la frustración le subieron por la garganta, haciéndola perder la calma. ¿Que mas quería decirle? ¿Porque no se callaba ya? Para que seguir hurgando en la herida? Centrada en su frustración y molestia para consigo misma, comenzó a culpar al otro de cosas que no debía. ¿Hablaba de verdadera magia? Como si supiera, cuando acababa de reconocer que no era mas que un ilusionista barato. Aquello le molestó bastante. Si de verdad conocía la verdadera magia sabría que los verdaderamente engañosos eran los demonios. Bien lo sabía ella eso. Inspiró profundamente, transformando la furia en cólera. ¿ Así que hablaba de la verdadera magia como si la dominara? Pues que lo demostrara. Y si no era un verdadero hechicero... Bueno, un mortal común lo tiene difícil para escapar de un lobo.
¿Estaría dispuesta a tener las de salir perdiendo por conseguir lo que desea por medio de la magia?
Miró sus gestos impasible, callándose la respuesta a una pregunta que le pareció retorica. Cuando uno necesita de hechiceros y de demonios en su vida siempre sale perdiendo. ¿Esperaba asustarla con esas palabras o con sus gestos? No le creía capaz de hacer exactamente lo que acabó haciendo, abrir la jaula. ¿Que estaba haciendo? Acaso pensaba que podría controlar una bestia tan indomable como la que tenía delante por si mismo? Mucho orgullo tenía el humano. ¿ Quizás se habría burlado de ella y no era un humano normal? A medias molesta y a medias curiosa por ese pensamiento, arriesgó una mirada hacia el rostro del hombre, sin querer perder de vista el león, por si acaso. Licantropo, como ella, no podría ser, lo habría sentido desde el principio. Era de día, vampiro no podría ser tampoco.¿Sería de verdad un hechicero?
La extraña sonrisa solo la preocupó mas, sin asegurarle nada en ningún momento. El león le había hecho caso por el momento a el, pero, a diferencia de los lobos, quienes mantenían una palabra dada por el simple orgullo, los felinos deciden cuando los juegos acaban porque se han aburrido. ¿Cuanto tardaría ese león en decidir que ya había tenido bastante y saldría a explorar? Accedió a su bestia de nuevo, mirando fijamente al león antes de mirar boquiabierta casi, de nuevo, al hombre.
-El deseo de ver de cerca a un león puede parecer una buena idea al principio... ¿Qué tan segura estaría de querer compartir su espacio con él?
¿De que iba este? ¿Estaba loco? ¿A quien se le ocurría invitar, retar mas bien, a una completa extraña a entrar a la jaula de un animal peligroso? Porque, por amaestrado que sea, un cazador siempre será un cazador. Y mas aun, cuando esta defendiendo el espacio que consideran propio. Hasta los perros hacían eso. ¿Tanto le había ofendido que pensaba matarla? Si ella fuera una humana normal, no podría contra un animal así. ¿A que jugaba? Miró de nuevo al león, planteándose la posibilidad. Si entraba, quedaba a merced del hombre. Con el león podría, no tenia duda de eso. Podría hasta cansarlo simplemente esquivándolo todo el rato en su forma humana. Pero luego, ¿como saldría? No sería la primera vez que se cruzaría con unos cazadores disfrazados de artistas ambulantes. Si podían hacer de actores, o de mercaderes ambulantes, porque no de cirqueros? Confiar en la buena suerte estaba afuera de opción. El tiempo corría en su contra, no podría esperar mas. Así que decidió basarse en su instinto, y en poder pensar sobre la marcha y dio un paso adelante, sin vacilar. Si ella entraba, el cerraría la puerta detrás, así evitaría un peligro próximo. El silencio acompañó por un momento su respuesta física.
Cuando uno no tiene nada que perder y todo por ganar arriesga sin miedo. contesta a su anterior pregunta, la de salir perdiendo si tratara con un hechicero de verdad. Cuanto mas cerca estaba de la jaula, mas dejaba salir a su bestia, su animalismo interno para advertir al león. Pero su mirada estaba fija en el suelo, un par de metros a un lado del animal. Buscaba compartir, no imponer. No era una amenaza para el futuro inmediato, no iba a dañarlo. Quizás al mortal luego, pero a el no. Un paso tras otro, mostrando tranquilidad y calma en todo momento, aunque por dentro no se sintiera así, avanzó hasta la puerta de la jaula. Ahora es cuando venía la prueba de fuego, cuando invadiría el espacio del león. Sabía que estaba hilando muy fino en un juego peligroso. Pero se fiaba completamente de su instinto. Por ello, entró. Casi sin pararse en la puerta, sin dudarlo, tan solo retrasándose un instante, simplemente como cortesía hacia Fido antes de invadir su terreno. Aun sin mirarlo. No tenía la mirada bajo, no iba a someterse a el, pero tampoco le estaba mirando a los ojos, desafiante. Mantenía una expresión neutral a un paso de la puerta, ya dentro, pero sin entrar mas. No debía contrarrestar el gesto de su mirada con una expresión corporal distinta. Se quedó relajada, pero sin desviar los ojos, esperando escuchar el sonido de la puerta cerrándose detrás suya.

Celine Déveraux- ParticipanteLB

- Escritos realizados: 140
Antigüedad en el teatro: 28/08/2011
Reputación: 4
Estado: Activo
CURIOSIDADES
Sabías que...:
Empleo actual: Ninguno
Nombre de PB:
Re: El rugido de los leones (Deimos D'Larousse
Antes que nada, perdona la tardanza y el conjunto de biblias que te vas a tener que comer(?)... :3
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¿Cómo debía de definir lo que su cuerpo sentía con tan solo ver la mirada de aquella rubia? No era temor, pero tampoco le inspiraba confianza justamente, le divertía a la vez que le producía un cosquilleo extraño en la punta de los dedos acompañado de cierto... Vértigo; no lo pudo identificar en un primer momento, pero tras repasar los "síntomas" por un momento su mente entendió que lo que su cuerpo intentaba expresarle era... Emoción y Adrenalina. ¿Por qué? Bien, era un hecho que a veces los humanos comunes y corrientes, o incluso otros entes menos corrientes, no le entendieran en cada cosa que hacía, no era demasiado raro que a veces tampoco se entendiera el mismo... ¿Verdad?; bueno, en cualquier caso, tampoco tenía demasiada importancia, tan solo era una sensación extraña de sentir, aunque a la vez también tenía cierta idea de a qué se debía. No significó nada sentir en el aire la derrota experimentada por la joven dama, mucho menos le causó algo el hecho de ver en su expresión algo que le llamaba hipócrita ante cada una de sus palabras... Bueno, si, le provocó cierta risa, pero no venía al caso; lo único que logró hacerle sentir esa inexplicable emoción... Ese quien-sabe-que que le indicaba que la sangre corría por sus venas casi gritando de alegría -si pudiera, claro-, el cosquilleo en sus dedos y lo horrible del vértigo que por un momento parecía querer hacerle vomitar... Fue que la mujer diera el primer paso a la jaula. Quizás Deimos no estaba tan inconsciente del porque de su reacción, quizás tan solo se había engañado a sí mismo, pero no pudo notarlo sino hasta que los desnudos pies ajenos dieron un par de pasos más, hasta que sus palabras inundaron sus oídos casi haciéndole suspirar de manera emotiva; no le cabía mayor duda, no tenía porque pensarlo mucho más, su emoción solo significaba una única cosa. El juego acababa de empezar.
"Bienvenidos, damas y caballeros, hoy tendremos un acto... Un poco especial"; las palabras surcaron su mente en esa milésima de segundo en la cual Celine postró su cuerpo frente a la jaula y, finalmente, se adentró de manera tan precavida en esta. El hechicero se mostró ensimismado en observarla con inquietante fijeza una vez más, sonriente como en cada función, teniendo que controlar a su cuerpo para que sus manos no hicieran ademanes ante las palabras plantadas en su cerebro; escuchó mentalmente los aplausos de la gente y visualizó los gestos sorprendidos de varios niños y niñas, ante ello no pudo evitar reírse en voz alta, intentando llevar un control de sus tiempos para no perderse en sus fantasías por demasiado rato, el público se aburriría. Aunque... ¿Público? ¿Qué "Público"? ¿No estaba fantaseando para sí mismo acaso? ... Bueno, quizás si en un principio, antes de que Celine tocara con sus pies el metal de la jaula, pero después... Bueno, ¡No podían culparle!, él actuaba mejor frente a un público, en un escenario, la adrenalina de tener a mil personas observando siempre hacía todo mejor, por mucho que no fuera realmente... Reales. Aunque, técnicamente, lo eran en ese momento. Ilusionista le habían llamado más de una vez, nunca nadie estuvo errado en el término, eso era lo que era después de todo, independientemente de sus dotes o sus trucos, las ilusiones habían sido por mucho tiempo su especialidad, eran, más bien, aunque actualmente podía hacer muchas otras cosas aun mejores. Lo bueno de tener bastantes años para practicar, por supuesto, quizás era lo único que podía agradecerle a su pequeña maldición. En fin, perdimos el punto; Ilusionista le habían llamado, Ilusionista era lo que era, y una Ilusión lo que se había encargado de crear ¿No puede estar más claro, verdad? Aquella jaula relativamente pequeña, al menos para un león del tamaño de Fido, podría ser apreciada en aquel momento como el escenario cirquense que se encontraría normalmente a no mucha distancia de ese mismo lugar, sumido en oscuridad, si no tomamos en cuenta el sutil resplandor que le permitía a la imaginaria audiencia, cuanto menos, identificar donde estaba exactamente el escenario; la supuesta carpa carecía de techo, y en lo alto la luna brillaba en todo su esplendor, con una apariencia enorme... Luna llena, y una de las más brillantes que nunca nadie habría podido ver. Y si, digamos que lo bueno de las ilusiones era el poder hacer algo como eso, crear lo que nunca nadie había visto, pero de momento Deimos intentaba que todo se viera lo suficientemente real, de otra manera el juego no tendría nada de sentido.
-¿Y porqué especial?; se preguntarán. Pues bien, mis queridos amigos, el circo ambulante hoy se place en presentar a un acto muy particular: ¡Celine, la Valiente! -Las luces colocadas a los lados de la carpa se encenderían y apuntarían inmediatamente al medio del escenario, donde, por supuesto, la susodicha rubia debería de mostrarse presente. Segundos más tarde, los suficientes como para dejar que los aplausos se hicieran escuchar para la mujer, probablemente anonadada, Deimos se presentó en escena, justamente a su lado, habiendo caminado desde uno de los costados del escenario- Una dama hermosa, ¿No creen ustedes? -Habló, nuevamente, con esa voz de... De... De locutor, en tono alto para ser escuchado, y haciendo gestos de lo más extraños que se aplicaban a cada una de sus palabras. Sus manos señalaron el cuerpo ajeno, mientras que sus pies se dignaban a caminar a su alrededor, sin dar nunca la espalda al público, sería estúpidamente descortés. Dei sabía lo que todos se estarían preguntando llegados a ese punto... Él les hacía "pensar" aquello, después de todo... ¿De qué iba el acto, al fin y al cabo? Pues bien, no tardaría demasiado en darlo a conocer, y si bien siempre era el mejor en hacer esperar con muchísima gracia a los demás, esta vez sería misericordioso... Por así decirlo- Nuestra Valiente responderá algunas preguntas para darse hoy a conocer. Empezaré yo mismo, y quisiera que lo hicieran ustedes después... Así pues -sus ojos se clavaron en Celine, al mismo tiempo que sus pies los imitaban, pero plantándose en el suelo con su mejor movimiento dramático y exagerado- ¿Quién eres, Celine, La Valiente? -No esperó a obtener respuesta, y tras dar un saludo con su mano enguantada al público, corrió fuera del escenario, perdiéndose entre la negrura de los rincones sin alumbrar.
Y ahí era donde empezaba su propia... Diversión, si así lo quisieran llamar. Las luces alumbraban a la rubia, la "Valiente", sola y únicamente a Celine; los niños y adultos en las gradas frente al escenario, y alrededor de éste, esperaron de manera paciente a obtener una respuesta... Pero Deimos había "prometido" que ellos también podían participar, con lo cual, desde la oscuridad surgió una única pregunta más... Que desencadenaría un millón de otras más, atolondradas y atropelladas saliendo una por una desde las bocas de los supuestos espectadores, algunas sin sentido, otras bastante graciosas, y algunas que tocaban temas muy profundos y probablemente demasiado personales. "¿Porqué estas aquí?" "¿Te gusta el circo?" "¿Porqué te apodan "La Valiente"?" "¿Tu cabello es rubio natural?" "¿Qué opinas de los miembros del circo?"; muchas no tenían mayor importancia, la gran mayoría a decir verdad, pero un par de preguntas eran bastante... Subjetivas con la situación que se estaba viviendo... Perdón, "Ilusión", no "Situación". "¿Crees en la magia?; ¿Qué hay de los demonios y los ángeles?" "¿Existe la magia negra?"... En fin, demasiadas preguntas sin mucha importancia, sin mayor significado, si hay que sincerarse... En verdad, la única que importaba era aquella soltada desde la oscuridad, la primera que desencadenaría las demás... ¿Qué habría sido?... -"¿Cuanto de ilusión tiene la realidad, y cuánto de real una ilusión?"-
El ambiente creado por la mente de Deimos era, sin duda, uno demasiado extraño. Si uno se ponía a examinar todo de manera detallada, fácilmente se podría notar que aquello, sin duda, tenía que haber salido de la perturbada mente de aquel extraño hechicero, o bueno, eso pensaría cualquiera que pudiera llegar a encontrarse en el lugar de Celine, ¿Verdad?, que estaba enfermo... Que eran cosas de él; ¿Quién sino tendría un público en el que abundaban más niños que adultos? ¿Qué clase de carpa de circo no tenía techo y dejaba ver una luna tan... redonda? Y lo más notable... ¿Qué clase de preguntas idiotas y sin sentido eran aquellas? Las de un niño curioso, quizás, a lo mejor no era tan extraño... Pero en fin. El hechicero, desde fuera de la curiosa escena, no pudo más que reír tan bajo como se lo logró permitir y tras un par de susurros leves, finalmente algo interrumpió el maremoto de cuestionamientos. El gruñido de un león... Peor no cualquier león... A lo mejor, la dama ya le reconocería perfectamente; el público dejó de hablar, dejó de preguntar y casi pareció petrificado, Fido, por otra parte, entraría a escena dando unos pasos cautelosos en el escenario, saliendo desde aquella jaula en la que teóricamente anteriormente Celine se había metido.
-He aquí... A un león. Por allá, un "ilusionista barato", y todo esto... Supuesta realidad. Conocemos los hechos, sabemos quien es quien... Pero solo tengo una duda. ¿Qué eres tú, Celine? -No fue la voz de Deimos la que se escuchó, mucho menos la de alguno de los miembros del público. El acto final de su jueguito, y la fresa del pastel, no podía ser más que el ver a Fido hablar... Con una voz tan peculiar... Profunda al punto de helar los huesos, hermosa y tan majestuosa como todo su cuerpo felino. El león avanzaría hacia la rubia, y un viento tan fuerte como el de un tornado azotaría el lugar, llevándose la carpa... Y la gente presente con ella, dejando solo la jaula en medio de una nada desértica. Cuánto de realidad... Y cuanto de ilusión... ¿Era real la jaula, o incluso el leo que, tras retroceder como si hubiera cumplido su misión en la vida, nuevamente dentro de ella se encontraba? ¿Era realmente el público repleto de infantes parte de la imaginación de Deimos? ¿Cómo distinguir entre lo que había estado en ese "lugar" de lo que ahora quedaba? Ciertos cuestionamientos solo podían ser respondidos por una persona... Y esa no era Deimos en ese exacto momento... Y no, tampoco era Fido ni el público desaparecido, tampoco las sombras o la tenue luz, ni mucho menos la luna que parecía rogar por alguien que le aullase. No no. Nada de eso.
La ilusión se rompió del todo, casi como cayéndose a pedazos, y una vez más... Todo parecía tan real como el público o el simple caminar de Fido mientras éste hablaba... La jaula aun estaba ahí, y el león miraba de manera casi inquisitiva a quien parecía querer irrumpir en su espacio personal; Deimos, aun fuera de la jaula, se limitaba a sonreír de una manera muy particular.
-¿Responderás?- Fue lo único que sus labios dejaron escapar, en un tono tan divertido, tan aniñado y a la vez tan malicioso. Cualquier sentiría miedo ante tal espectáculo... ¡Pero quién sabe!, después de todo... A quien tenía frente a sí mismo no era nada más ni nada menos que "Celine, La Valiente".
"Bienvenidos, damas y caballeros, hoy tendremos un acto... Un poco especial"; las palabras surcaron su mente en esa milésima de segundo en la cual Celine postró su cuerpo frente a la jaula y, finalmente, se adentró de manera tan precavida en esta. El hechicero se mostró ensimismado en observarla con inquietante fijeza una vez más, sonriente como en cada función, teniendo que controlar a su cuerpo para que sus manos no hicieran ademanes ante las palabras plantadas en su cerebro; escuchó mentalmente los aplausos de la gente y visualizó los gestos sorprendidos de varios niños y niñas, ante ello no pudo evitar reírse en voz alta, intentando llevar un control de sus tiempos para no perderse en sus fantasías por demasiado rato, el público se aburriría. Aunque... ¿Público? ¿Qué "Público"? ¿No estaba fantaseando para sí mismo acaso? ... Bueno, quizás si en un principio, antes de que Celine tocara con sus pies el metal de la jaula, pero después... Bueno, ¡No podían culparle!, él actuaba mejor frente a un público, en un escenario, la adrenalina de tener a mil personas observando siempre hacía todo mejor, por mucho que no fuera realmente... Reales. Aunque, técnicamente, lo eran en ese momento. Ilusionista le habían llamado más de una vez, nunca nadie estuvo errado en el término, eso era lo que era después de todo, independientemente de sus dotes o sus trucos, las ilusiones habían sido por mucho tiempo su especialidad, eran, más bien, aunque actualmente podía hacer muchas otras cosas aun mejores. Lo bueno de tener bastantes años para practicar, por supuesto, quizás era lo único que podía agradecerle a su pequeña maldición. En fin, perdimos el punto; Ilusionista le habían llamado, Ilusionista era lo que era, y una Ilusión lo que se había encargado de crear ¿No puede estar más claro, verdad? Aquella jaula relativamente pequeña, al menos para un león del tamaño de Fido, podría ser apreciada en aquel momento como el escenario cirquense que se encontraría normalmente a no mucha distancia de ese mismo lugar, sumido en oscuridad, si no tomamos en cuenta el sutil resplandor que le permitía a la imaginaria audiencia, cuanto menos, identificar donde estaba exactamente el escenario; la supuesta carpa carecía de techo, y en lo alto la luna brillaba en todo su esplendor, con una apariencia enorme... Luna llena, y una de las más brillantes que nunca nadie habría podido ver. Y si, digamos que lo bueno de las ilusiones era el poder hacer algo como eso, crear lo que nunca nadie había visto, pero de momento Deimos intentaba que todo se viera lo suficientemente real, de otra manera el juego no tendría nada de sentido.
-¿Y porqué especial?; se preguntarán. Pues bien, mis queridos amigos, el circo ambulante hoy se place en presentar a un acto muy particular: ¡Celine, la Valiente! -Las luces colocadas a los lados de la carpa se encenderían y apuntarían inmediatamente al medio del escenario, donde, por supuesto, la susodicha rubia debería de mostrarse presente. Segundos más tarde, los suficientes como para dejar que los aplausos se hicieran escuchar para la mujer, probablemente anonadada, Deimos se presentó en escena, justamente a su lado, habiendo caminado desde uno de los costados del escenario- Una dama hermosa, ¿No creen ustedes? -Habló, nuevamente, con esa voz de... De... De locutor, en tono alto para ser escuchado, y haciendo gestos de lo más extraños que se aplicaban a cada una de sus palabras. Sus manos señalaron el cuerpo ajeno, mientras que sus pies se dignaban a caminar a su alrededor, sin dar nunca la espalda al público, sería estúpidamente descortés. Dei sabía lo que todos se estarían preguntando llegados a ese punto... Él les hacía "pensar" aquello, después de todo... ¿De qué iba el acto, al fin y al cabo? Pues bien, no tardaría demasiado en darlo a conocer, y si bien siempre era el mejor en hacer esperar con muchísima gracia a los demás, esta vez sería misericordioso... Por así decirlo- Nuestra Valiente responderá algunas preguntas para darse hoy a conocer. Empezaré yo mismo, y quisiera que lo hicieran ustedes después... Así pues -sus ojos se clavaron en Celine, al mismo tiempo que sus pies los imitaban, pero plantándose en el suelo con su mejor movimiento dramático y exagerado- ¿Quién eres, Celine, La Valiente? -No esperó a obtener respuesta, y tras dar un saludo con su mano enguantada al público, corrió fuera del escenario, perdiéndose entre la negrura de los rincones sin alumbrar.
Y ahí era donde empezaba su propia... Diversión, si así lo quisieran llamar. Las luces alumbraban a la rubia, la "Valiente", sola y únicamente a Celine; los niños y adultos en las gradas frente al escenario, y alrededor de éste, esperaron de manera paciente a obtener una respuesta... Pero Deimos había "prometido" que ellos también podían participar, con lo cual, desde la oscuridad surgió una única pregunta más... Que desencadenaría un millón de otras más, atolondradas y atropelladas saliendo una por una desde las bocas de los supuestos espectadores, algunas sin sentido, otras bastante graciosas, y algunas que tocaban temas muy profundos y probablemente demasiado personales. "¿Porqué estas aquí?" "¿Te gusta el circo?" "¿Porqué te apodan "La Valiente"?" "¿Tu cabello es rubio natural?" "¿Qué opinas de los miembros del circo?"; muchas no tenían mayor importancia, la gran mayoría a decir verdad, pero un par de preguntas eran bastante... Subjetivas con la situación que se estaba viviendo... Perdón, "Ilusión", no "Situación". "¿Crees en la magia?; ¿Qué hay de los demonios y los ángeles?" "¿Existe la magia negra?"... En fin, demasiadas preguntas sin mucha importancia, sin mayor significado, si hay que sincerarse... En verdad, la única que importaba era aquella soltada desde la oscuridad, la primera que desencadenaría las demás... ¿Qué habría sido?... -"¿Cuanto de ilusión tiene la realidad, y cuánto de real una ilusión?"-
El ambiente creado por la mente de Deimos era, sin duda, uno demasiado extraño. Si uno se ponía a examinar todo de manera detallada, fácilmente se podría notar que aquello, sin duda, tenía que haber salido de la perturbada mente de aquel extraño hechicero, o bueno, eso pensaría cualquiera que pudiera llegar a encontrarse en el lugar de Celine, ¿Verdad?, que estaba enfermo... Que eran cosas de él; ¿Quién sino tendría un público en el que abundaban más niños que adultos? ¿Qué clase de carpa de circo no tenía techo y dejaba ver una luna tan... redonda? Y lo más notable... ¿Qué clase de preguntas idiotas y sin sentido eran aquellas? Las de un niño curioso, quizás, a lo mejor no era tan extraño... Pero en fin. El hechicero, desde fuera de la curiosa escena, no pudo más que reír tan bajo como se lo logró permitir y tras un par de susurros leves, finalmente algo interrumpió el maremoto de cuestionamientos. El gruñido de un león... Peor no cualquier león... A lo mejor, la dama ya le reconocería perfectamente; el público dejó de hablar, dejó de preguntar y casi pareció petrificado, Fido, por otra parte, entraría a escena dando unos pasos cautelosos en el escenario, saliendo desde aquella jaula en la que teóricamente anteriormente Celine se había metido.
-He aquí... A un león. Por allá, un "ilusionista barato", y todo esto... Supuesta realidad. Conocemos los hechos, sabemos quien es quien... Pero solo tengo una duda. ¿Qué eres tú, Celine? -No fue la voz de Deimos la que se escuchó, mucho menos la de alguno de los miembros del público. El acto final de su jueguito, y la fresa del pastel, no podía ser más que el ver a Fido hablar... Con una voz tan peculiar... Profunda al punto de helar los huesos, hermosa y tan majestuosa como todo su cuerpo felino. El león avanzaría hacia la rubia, y un viento tan fuerte como el de un tornado azotaría el lugar, llevándose la carpa... Y la gente presente con ella, dejando solo la jaula en medio de una nada desértica. Cuánto de realidad... Y cuanto de ilusión... ¿Era real la jaula, o incluso el leo que, tras retroceder como si hubiera cumplido su misión en la vida, nuevamente dentro de ella se encontraba? ¿Era realmente el público repleto de infantes parte de la imaginación de Deimos? ¿Cómo distinguir entre lo que había estado en ese "lugar" de lo que ahora quedaba? Ciertos cuestionamientos solo podían ser respondidos por una persona... Y esa no era Deimos en ese exacto momento... Y no, tampoco era Fido ni el público desaparecido, tampoco las sombras o la tenue luz, ni mucho menos la luna que parecía rogar por alguien que le aullase. No no. Nada de eso.
La ilusión se rompió del todo, casi como cayéndose a pedazos, y una vez más... Todo parecía tan real como el público o el simple caminar de Fido mientras éste hablaba... La jaula aun estaba ahí, y el león miraba de manera casi inquisitiva a quien parecía querer irrumpir en su espacio personal; Deimos, aun fuera de la jaula, se limitaba a sonreír de una manera muy particular.
-¿Responderás?- Fue lo único que sus labios dejaron escapar, en un tono tan divertido, tan aniñado y a la vez tan malicioso. Cualquier sentiría miedo ante tal espectáculo... ¡Pero quién sabe!, después de todo... A quien tenía frente a sí mismo no era nada más ni nada menos que "Celine, La Valiente".

Deimos D'Larousse- Utiliza mágia negra

- Escritos realizados: 35
Antigüedad en el teatro: 15/10/2011
Reputación: 11
Estado: Activo
CURIOSIDADES
Sabías que...:
Empleo actual: Capataz de Circo
Nombre de PB: Brendon Urie
Re: El rugido de los leones (Deimos D'Larousse
Que el ambiente cambiara de golpe la sorprendió tanto que si no fuera por la adrenalina aun corriendo por su sangre, se habría quedado mirando alrededor boquiabierta. Pero, no podía ser, no? No podía haber cambiado todo alrededor tan de golpe. Recordó una escena ya lejana, de un hombre que no era un hombre y que entraba por la puerta de la sala donde estaba sentado en ese mismo momento, y la duda se alojó en su mente. Igual que entonces, habría algo que no cuadraría, y sabría si lo que esta rodeándola es verdad o no. Dejó salir un suspiro tembloroso que no sabía que estaba reteniendo, y miró alrededor, curiosa.
Sus ojos volaban de un detalle a otro, intentando no sobresaturarse de información y poder pensar las cosas de forma lógica, algo que le costaba, estando como estaba de cercana a la bestia. El pulso se le aceleró al verse rodeada de tanta gente y luchó contra el instinto de supervivencia que le decía de salir corriendo de ahí. No iba a perder la razón, no de nuevo, no esta vez. No tenia motivos para hacerlo. Así que respirando profundamente, recuperó la calma poco a poco. El sonido de los aplausos se sumaron al estrés de sentirse rodeada y aumentaron la sensación de estar acorralada, descubierta. Un gruñido bajo, casi inaudible comenzó a vibrar en su pecho, una advertencia que luchaba por no dejar salir. Entrecerró los ojos para ver, en las escasa iluminación de la luna llena.. Espera, llena? Pero si hoy no iba a haber luna llena. Podía sentir el tirón de la imagen, pero nada comparable a la sensación que la acompañaba con cada luna llena real. Ese había sido el ultimo impulso que había necesitado para asegurarse de que la realidad era la primera, el hecho de que seguía en la jaula del león, quien podía sentir sus reacciones confusas a unos impulsos que el no recibía.
Repitiéndose esas palabras a si misma una y otra vez, consiguió calmarse y volver a la lógica de siempre. Tendría que tener cuidado, no sabía hasta que punto cualquier daño que recibiera aquí fuera real o no, así que sus sentidos seguían alerta como en el primer momento. Un bufido a medio camino de la incredulidad y de la risa se le escapó al oír como la presentaban. "La valiente". Claro... Bonita forma de llamar a una suicida. Su mirada se clavó, sorprendida, en el mortal. ¿A que jugaba? Primero un halago y luego asumía que contestaría a cualquier cosa que le preguntara. Podía sentarse a esperar, no iba a contestar a nada. ¿Que ganaría con hacerlo? Aunque, ¿que ganaría no haciéndolo? No es como si le viniera de nuevo el hecho de que la traten de loca.
En su mente rodaban una detrás de otra las respuestas a las preguntas que se aglomeraban. "¿Porqué estas aquí?" Accidente "¿Te gusta el circo?" Nunca habia ido... "¿Porqué te apodan "La Valiente"?" A saber..."¿Tu cabello es rubio natural?" Me veo como si tuviera dinero para teñírmelo? "¿Qué opinas de los miembros del circo?" Solo conozco a uno y aun no se lo loco que esta. Pero esas respuestas, sin llegar a decirlas en voz altas, no tenían importancia. Porque su razonamiento volvía una y otra vez a la primera pregunta, y a las mas comprometedoras.
Perfecto, por si aun le quedaban dudas de si aquello no era real, acababa de oír al felino hablar. Algo que casi la hace salir corriendo, entre la sorpresa y el susto. Aun así, dio un paso hacia atrás, por inercia, colocándose de nuevo en la puerta de la jaula cuando la ilusión se despedazó. Volvían a estar donde empezaron. Con la diferencia de que ella aun miraba sorprendida al león, incrédula. ¿De verdad aquello había sido producto de su imaginación? O quizás, tan solo quizás, esta vez había tenido mas suerte. Un mortal normal no habría podido conseguir aquello. Se sentía dividida, por un lado su orgullo la empujaba a no ceder, a salir e irse sin contestar a nada, y por otro lado estaba su deseo de descubrir la verdad.
¿Responderás? Aquella pregunta, aunque no lo parecía, era la mas importante. ¿ Respondería? Que tenía que perder? Como ya había dicho, no tenía nada que perder y todo que ganar. Decidió darse una ultima oportunidad de encontrar la verdad antes de dejar pasar el asunto durante un tiempo. Estaba cansada, tan agotada que sus hombros cayeron mientras dedicaba una ultima mirada al león antes de salir por la puerta aun abierta, cabizbaja, cerrándola y apoyando la espalda en ella. Al levantar de nuevo el rostro, había conseguido sonreír amablemente, una imagen con la que llevaba años viviendo. Aun así, su voz aun estaba teñida del cansancio que la había invadido, por mucho que lo intentara ocultar.
¿Responder? ¿A que? Su sonrisa se vuelve irónica. Mi nombre ya lo sabes, así que sabes quien soy. Una inconsciente que se cuela en donde no tiene permitido y es lo suficientemente suicida como entrar en la misma jaula que un león. Alza una ceja, aparentando una diversión que estaba lejos de sentir, aunque podía entender el humor de la situación. Pero no es eso lo que buscas saber, ¿verdad? Se sentía tan derrotada que ni se dio cuenta de que había abandonado el tono cortes. La realidad no es mas que una ilusión de libertad creada por las dos mentes que juegan con la humanidad como si fuera un tablero de ajedrez. Contestó en un tono ligeramente amargo a la pregunta que tenía aun clara en su memoria. ¿Si creo en los ángeles y demonios? Difícil no creer en ellos cuando los has visto. Su mente volvió a una noche de luna llena como aquella que acababa de ver, y se obligó a alejar ese recuerdo por pura fuerza de voluntad. O cuando uno te ha marcado. Acaba en un susurro, mas para ella que para el, desviando la mirada. Sabía que estaba hablando mas de la cuenta, pero no le importaba. Hacía tanto que necesitaba sacárselo de dentro que el hecho de que no conocía apenas a ese hombre le era indiferente.
Sus ojos volaban de un detalle a otro, intentando no sobresaturarse de información y poder pensar las cosas de forma lógica, algo que le costaba, estando como estaba de cercana a la bestia. El pulso se le aceleró al verse rodeada de tanta gente y luchó contra el instinto de supervivencia que le decía de salir corriendo de ahí. No iba a perder la razón, no de nuevo, no esta vez. No tenia motivos para hacerlo. Así que respirando profundamente, recuperó la calma poco a poco. El sonido de los aplausos se sumaron al estrés de sentirse rodeada y aumentaron la sensación de estar acorralada, descubierta. Un gruñido bajo, casi inaudible comenzó a vibrar en su pecho, una advertencia que luchaba por no dejar salir. Entrecerró los ojos para ver, en las escasa iluminación de la luna llena.. Espera, llena? Pero si hoy no iba a haber luna llena. Podía sentir el tirón de la imagen, pero nada comparable a la sensación que la acompañaba con cada luna llena real. Ese había sido el ultimo impulso que había necesitado para asegurarse de que la realidad era la primera, el hecho de que seguía en la jaula del león, quien podía sentir sus reacciones confusas a unos impulsos que el no recibía.
Repitiéndose esas palabras a si misma una y otra vez, consiguió calmarse y volver a la lógica de siempre. Tendría que tener cuidado, no sabía hasta que punto cualquier daño que recibiera aquí fuera real o no, así que sus sentidos seguían alerta como en el primer momento. Un bufido a medio camino de la incredulidad y de la risa se le escapó al oír como la presentaban. "La valiente". Claro... Bonita forma de llamar a una suicida. Su mirada se clavó, sorprendida, en el mortal. ¿A que jugaba? Primero un halago y luego asumía que contestaría a cualquier cosa que le preguntara. Podía sentarse a esperar, no iba a contestar a nada. ¿Que ganaría con hacerlo? Aunque, ¿que ganaría no haciéndolo? No es como si le viniera de nuevo el hecho de que la traten de loca.
En su mente rodaban una detrás de otra las respuestas a las preguntas que se aglomeraban. "¿Porqué estas aquí?" Accidente "¿Te gusta el circo?" Nunca habia ido... "¿Porqué te apodan "La Valiente"?" A saber..."¿Tu cabello es rubio natural?" Me veo como si tuviera dinero para teñírmelo? "¿Qué opinas de los miembros del circo?" Solo conozco a uno y aun no se lo loco que esta. Pero esas respuestas, sin llegar a decirlas en voz altas, no tenían importancia. Porque su razonamiento volvía una y otra vez a la primera pregunta, y a las mas comprometedoras.
Perfecto, por si aun le quedaban dudas de si aquello no era real, acababa de oír al felino hablar. Algo que casi la hace salir corriendo, entre la sorpresa y el susto. Aun así, dio un paso hacia atrás, por inercia, colocándose de nuevo en la puerta de la jaula cuando la ilusión se despedazó. Volvían a estar donde empezaron. Con la diferencia de que ella aun miraba sorprendida al león, incrédula. ¿De verdad aquello había sido producto de su imaginación? O quizás, tan solo quizás, esta vez había tenido mas suerte. Un mortal normal no habría podido conseguir aquello. Se sentía dividida, por un lado su orgullo la empujaba a no ceder, a salir e irse sin contestar a nada, y por otro lado estaba su deseo de descubrir la verdad.
¿Responderás? Aquella pregunta, aunque no lo parecía, era la mas importante. ¿ Respondería? Que tenía que perder? Como ya había dicho, no tenía nada que perder y todo que ganar. Decidió darse una ultima oportunidad de encontrar la verdad antes de dejar pasar el asunto durante un tiempo. Estaba cansada, tan agotada que sus hombros cayeron mientras dedicaba una ultima mirada al león antes de salir por la puerta aun abierta, cabizbaja, cerrándola y apoyando la espalda en ella. Al levantar de nuevo el rostro, había conseguido sonreír amablemente, una imagen con la que llevaba años viviendo. Aun así, su voz aun estaba teñida del cansancio que la había invadido, por mucho que lo intentara ocultar.
¿Responder? ¿A que? Su sonrisa se vuelve irónica. Mi nombre ya lo sabes, así que sabes quien soy. Una inconsciente que se cuela en donde no tiene permitido y es lo suficientemente suicida como entrar en la misma jaula que un león. Alza una ceja, aparentando una diversión que estaba lejos de sentir, aunque podía entender el humor de la situación. Pero no es eso lo que buscas saber, ¿verdad? Se sentía tan derrotada que ni se dio cuenta de que había abandonado el tono cortes. La realidad no es mas que una ilusión de libertad creada por las dos mentes que juegan con la humanidad como si fuera un tablero de ajedrez. Contestó en un tono ligeramente amargo a la pregunta que tenía aun clara en su memoria. ¿Si creo en los ángeles y demonios? Difícil no creer en ellos cuando los has visto. Su mente volvió a una noche de luna llena como aquella que acababa de ver, y se obligó a alejar ese recuerdo por pura fuerza de voluntad. O cuando uno te ha marcado. Acaba en un susurro, mas para ella que para el, desviando la mirada. Sabía que estaba hablando mas de la cuenta, pero no le importaba. Hacía tanto que necesitaba sacárselo de dentro que el hecho de que no conocía apenas a ese hombre le era indiferente.

Celine Déveraux- ParticipanteLB

- Escritos realizados: 140
Antigüedad en el teatro: 28/08/2011
Reputación: 4
Estado: Activo
CURIOSIDADES
Sabías que...:
Empleo actual: Ninguno
Nombre de PB:
Re: El rugido de los leones (Deimos D'Larousse
Había sido divertido, no se lo podía negar ni a sí mismo ni a la mujer que tenía en frente, no solo la ilusión, sino que toda la situación en general... El hecho de haber podido presenciar más de Celine de lo que nunca habría pensado al primer momento de verla, y todo gracias a un pequeño truco de verdadera magia, por llamarle de alguna manera. ¡No podía dejar de sonreír! Aunque quisiera mostrarse cuanto menos serio tras todo el asunto, no quería ser descortés por estar casi a punto de reírse cuando finalmente iba a obtener las respuestas que, tras tanto teatro, finalmente le iban a ser concedidas y tanto se había esforzado por buscar, pero no podía, simplemente no podía obligar que sus pómulos se alzaran al mismo tiempo que las comisuras de sus labios, pero como mucho, intentó no soltar una fuerte carcajada, y más o menos lo consiguió... Al menos, hasta que su interlocutora comenzó a hablar, tras haberse apoyado de forma tan desinteresada en los barrotes de la puerta de la jaula; hecho que, dicho sea de paso, le obligó a fruncir el ceño por lo que pareció una fracción de segundo, cruzando los brazos tras la espalda al mismo tiempo que desviaba su mirada hacia el león dentro de la jaula, de una manera que parecía querer advertirle algo... Fido se movió sutilmente en dirección al cuerpo de la mujer, y fue suficiente para que Deimos moviera las manos tras la espalda y le obligara a... Bueno, a dormir un rato, por así decirlo.
Con la pequeña distracción que significó el león, se perdió alguna que otra parte del discurso de la rubia, pero sin embargo la sonrisa volvía nuevamente a sus labios, y sus manos tras la espalda se mantenían nuevamente quietas, a diferencia de su cuerpo, que se tambaleaba de lado a lado y de atrás hacia adelante, como si estuviera en una cuerda floja, o simplemente jugara a mantener su propio equilibrio. Logró escuchar algo que tenía que ver con la jaula de Fido, así que de manera inconsciente una vez más se aseguró de que el león estuviera dormido como lo dejó, ¡Con ese animal nunca se sabía! Era demasiado testarudo, pero, de cualquier forma, pronto intentó que su atención se centrara nuevamente en Celine, al mismo tiempo que volvía a hablar, suspirando aliviado, ya que esta vez no se perdería nada, y esperaba que lo anterior no hubiera sido de mucha importancia... ¿Sería de mala educación si le pedía repetir sus primeras palabras? Quizás... Habría de ser lo más probable. Encogió los hombros ante la idea, y suspiró como un niño regañado, mirando hacia sus pies que se movían a forma de tijeras, abriéndose y cerrándose sin despegarse del suelo, dificultándole un poco más el juego de no caerse aun con todo los movimientos que su cuerpo hacía. No parecía muy presente en aquel momento, y no fue hasta que las palabras de la rubia cesaron que se mostró realmente interesado, sobre todo con aquel último comentario, o susurro, lo que hubiera sido... A sus oídos se escucho como un grito, como siempre le ocurría cuando algunas palabras despertaban su curiosidad; ¿Marcada por uno de ellos? Per-fec-to; ¡Lo supo desde el principio! Celine no solo era una aparente suicida, sino que era una suicida especial... Al pensarlo de esa manera, por un momento sintió como si fuera perseguido por gente extraña y extravagante... Y le encantaba la idea.
Sus cejas se alzaron al mismo tiempo que lo hacía su rostro, mostrando una expresión casi maniática, pero divertida e infantil, curiosa a más no poder; sonrió nuevamente, pero de manera diferente, con un aire aun enigmático, y demasiado teatral para el gusto de muchos.
-"Quién eres?"- Musitó con voz tan suave como pudo, en el mismo tono con el que lo había pronunciado en la ilusión, sin poder evitar que una risa se le escapara segundos después. No esperó a una respuesta, ya tenía suficientes... De momento -No me refería al quien, no esperaba una respuesta que incluyera vuestro simple nombre en ella... Aunque tendré que aceptar lo que me ofrecéis, al fin y al cabo pocas personas saben decir quiénes son en realidad- Parecía animado al mencionárselo, así como así, tan cantarín que era molesto... No podía ser normal que alguien se mostrara tan estúpidamente feliz por tanto tiempo, mucho menos considerando sus palabras, o lo que ocurría a su alrededor. -Quizás estáis pensando demasiado en mis razones y en que deseo o no saber... La realidad, la verdadera, no siempre está escondida más allá de lo que uno ve... A veces nos esmeramos en mostrarla tan clara como se puede... Pero es justamente por ello que se mantiene oculta aun así ¿Curioso, no cree usted?
El hechicero le dedicó una mirada serena a la joven frente a él, y con toda la tranquilidad del mundo, empezó a caminar en su dirección, hasta llegar a posar una de sus manos sobre su hombro diestro, desde donde intentó apartarla un poco de la jaula; "Mantenerlo dormido por mucho tiempo no es una buena idea", pensó y, probablemente, también lo dijo en voz alta... Pero no estaba seguro... En cualquier caso, esperaba que entendiera que no la quería cerca de la jaula, no tan cerca al menos. Ante todo, y sin importarle mucho la reacción que pudiera tener la mujer ante la cercanía que tan naturalmente se animaba a mantener, se quedó en su lugar con la mirada fija en los ojos ajenos, como si quisiera atravesarlos a ellos y a toda la historia que ocultaban con los suyos propios... Deimos mantuvo su voz bien guardada dentro de su garganta por un buen momento, ensimismándose en sus pensamientos, armando y ordenando las piezas de su constante rompecabezas mental, probando por aquí y por allá, hasta que tuvo al menos una cuarta parte de éste en su lugar, logrando que sonriera de medio lado, de manera casi altanera, orgulloso de sí mismo, aunque desde fuera... Seguramente nadie habría de entender el porqué. -No sos normal, ninguna mujer se acerca tanto a la jaula de un león por simple curiosidad o amor al animal, todos saben que pueden ser peligrosos... Todo humano, al menos. ¿Hace cuanto no sos exactamente humana, Celine?- Esperaba no equivocarse en la deducción, pero algo le decía que, tras toda la información que había podido recolectar, aun si ella no fuera lo que el mago esperaba, tampoco estaría tan mal encaminado, y a lo mejor descubría algo aun mejor de lo que había imaginado. ¿Quién sabe?
-Los ángeles no suelen marcar a las personas, no de una manera claramente visible al menos... Ellos tienen sus truquitos. ¡Son unos pillos!- Exclamó, pareciendo que hablaba más consigo mismo que otra cosa -Los demonios... Por otro lado...- Su mirada se dirigió directamente a las partes de piel que el ropaje de la mujer dejaba visible, intentando encontrar indicios sobre la bendecida marca, o... Endemoniada, más bien; sin embargo, o necesitaba lentes de aumento, o tampoco estaba tan a la vista como para ser reconocida con facilidad. Quien le hubiera marcado era muy astuto, o quizás la misma joven se había encargado de ocultar la prueba del delito, eso ya no lo podía adivinar. Una vez más, intentó seguir el rompecabezas en su mente, y poco a poco los porqués de todo se empezaban a develar, con lentitud y de una manera que no había pensado, pero... En fin, lo importante era que lo hacían -Dejadme descifrar el acertijo ¡Por favor!- Soltó de pronto, dando un salto hacia un costado, demasiado emocionado -¿No sabéis el nombre de vuestro demonio, no es así?-
Los ojos de tonalidad oscura le brillaban, ilusionados, y sus manos enguantadas se sostenían la una a la otra frente a su pecho, inclinándose de manera sutil hacia adelante y hacia abajo, evitando morderse el labio inferior en señal de encontrarse ansioso. Por otro lado, no recordaba haber hablado tanto, sin estar en el escenario, desde hacía ya varios años.
Con la pequeña distracción que significó el león, se perdió alguna que otra parte del discurso de la rubia, pero sin embargo la sonrisa volvía nuevamente a sus labios, y sus manos tras la espalda se mantenían nuevamente quietas, a diferencia de su cuerpo, que se tambaleaba de lado a lado y de atrás hacia adelante, como si estuviera en una cuerda floja, o simplemente jugara a mantener su propio equilibrio. Logró escuchar algo que tenía que ver con la jaula de Fido, así que de manera inconsciente una vez más se aseguró de que el león estuviera dormido como lo dejó, ¡Con ese animal nunca se sabía! Era demasiado testarudo, pero, de cualquier forma, pronto intentó que su atención se centrara nuevamente en Celine, al mismo tiempo que volvía a hablar, suspirando aliviado, ya que esta vez no se perdería nada, y esperaba que lo anterior no hubiera sido de mucha importancia... ¿Sería de mala educación si le pedía repetir sus primeras palabras? Quizás... Habría de ser lo más probable. Encogió los hombros ante la idea, y suspiró como un niño regañado, mirando hacia sus pies que se movían a forma de tijeras, abriéndose y cerrándose sin despegarse del suelo, dificultándole un poco más el juego de no caerse aun con todo los movimientos que su cuerpo hacía. No parecía muy presente en aquel momento, y no fue hasta que las palabras de la rubia cesaron que se mostró realmente interesado, sobre todo con aquel último comentario, o susurro, lo que hubiera sido... A sus oídos se escucho como un grito, como siempre le ocurría cuando algunas palabras despertaban su curiosidad; ¿Marcada por uno de ellos? Per-fec-to; ¡Lo supo desde el principio! Celine no solo era una aparente suicida, sino que era una suicida especial... Al pensarlo de esa manera, por un momento sintió como si fuera perseguido por gente extraña y extravagante... Y le encantaba la idea.
Sus cejas se alzaron al mismo tiempo que lo hacía su rostro, mostrando una expresión casi maniática, pero divertida e infantil, curiosa a más no poder; sonrió nuevamente, pero de manera diferente, con un aire aun enigmático, y demasiado teatral para el gusto de muchos.
-"Quién eres?"- Musitó con voz tan suave como pudo, en el mismo tono con el que lo había pronunciado en la ilusión, sin poder evitar que una risa se le escapara segundos después. No esperó a una respuesta, ya tenía suficientes... De momento -No me refería al quien, no esperaba una respuesta que incluyera vuestro simple nombre en ella... Aunque tendré que aceptar lo que me ofrecéis, al fin y al cabo pocas personas saben decir quiénes son en realidad- Parecía animado al mencionárselo, así como así, tan cantarín que era molesto... No podía ser normal que alguien se mostrara tan estúpidamente feliz por tanto tiempo, mucho menos considerando sus palabras, o lo que ocurría a su alrededor. -Quizás estáis pensando demasiado en mis razones y en que deseo o no saber... La realidad, la verdadera, no siempre está escondida más allá de lo que uno ve... A veces nos esmeramos en mostrarla tan clara como se puede... Pero es justamente por ello que se mantiene oculta aun así ¿Curioso, no cree usted?
El hechicero le dedicó una mirada serena a la joven frente a él, y con toda la tranquilidad del mundo, empezó a caminar en su dirección, hasta llegar a posar una de sus manos sobre su hombro diestro, desde donde intentó apartarla un poco de la jaula; "Mantenerlo dormido por mucho tiempo no es una buena idea", pensó y, probablemente, también lo dijo en voz alta... Pero no estaba seguro... En cualquier caso, esperaba que entendiera que no la quería cerca de la jaula, no tan cerca al menos. Ante todo, y sin importarle mucho la reacción que pudiera tener la mujer ante la cercanía que tan naturalmente se animaba a mantener, se quedó en su lugar con la mirada fija en los ojos ajenos, como si quisiera atravesarlos a ellos y a toda la historia que ocultaban con los suyos propios... Deimos mantuvo su voz bien guardada dentro de su garganta por un buen momento, ensimismándose en sus pensamientos, armando y ordenando las piezas de su constante rompecabezas mental, probando por aquí y por allá, hasta que tuvo al menos una cuarta parte de éste en su lugar, logrando que sonriera de medio lado, de manera casi altanera, orgulloso de sí mismo, aunque desde fuera... Seguramente nadie habría de entender el porqué. -No sos normal, ninguna mujer se acerca tanto a la jaula de un león por simple curiosidad o amor al animal, todos saben que pueden ser peligrosos... Todo humano, al menos. ¿Hace cuanto no sos exactamente humana, Celine?- Esperaba no equivocarse en la deducción, pero algo le decía que, tras toda la información que había podido recolectar, aun si ella no fuera lo que el mago esperaba, tampoco estaría tan mal encaminado, y a lo mejor descubría algo aun mejor de lo que había imaginado. ¿Quién sabe?
-Los ángeles no suelen marcar a las personas, no de una manera claramente visible al menos... Ellos tienen sus truquitos. ¡Son unos pillos!- Exclamó, pareciendo que hablaba más consigo mismo que otra cosa -Los demonios... Por otro lado...- Su mirada se dirigió directamente a las partes de piel que el ropaje de la mujer dejaba visible, intentando encontrar indicios sobre la bendecida marca, o... Endemoniada, más bien; sin embargo, o necesitaba lentes de aumento, o tampoco estaba tan a la vista como para ser reconocida con facilidad. Quien le hubiera marcado era muy astuto, o quizás la misma joven se había encargado de ocultar la prueba del delito, eso ya no lo podía adivinar. Una vez más, intentó seguir el rompecabezas en su mente, y poco a poco los porqués de todo se empezaban a develar, con lentitud y de una manera que no había pensado, pero... En fin, lo importante era que lo hacían -Dejadme descifrar el acertijo ¡Por favor!- Soltó de pronto, dando un salto hacia un costado, demasiado emocionado -¿No sabéis el nombre de vuestro demonio, no es así?-
Los ojos de tonalidad oscura le brillaban, ilusionados, y sus manos enguantadas se sostenían la una a la otra frente a su pecho, inclinándose de manera sutil hacia adelante y hacia abajo, evitando morderse el labio inferior en señal de encontrarse ansioso. Por otro lado, no recordaba haber hablado tanto, sin estar en el escenario, desde hacía ya varios años.

Deimos D'Larousse- Utiliza mágia negra

- Escritos realizados: 35
Antigüedad en el teatro: 15/10/2011
Reputación: 11
Estado: Activo
CURIOSIDADES
Sabías que...:
Empleo actual: Capataz de Circo
Nombre de PB: Brendon Urie
Re: El rugido de los leones (Deimos D'Larousse
Sus ojos se desviaron, mirando a la nada, unos centímetros por encima del hombro izquierdo del hechicero, porque si, en el fondo tenia la pequeña esperanza de que fuera un hechicero de verdad y no un estafador muy hábil, mas hábil que la mayoría de los que se había encontrado antes. Pero prefería pensar que esta vez había tenido suerte, que por un casual, una broma del destino, en el momento menos esperado había encontrado a un verdadero mago, no tenía duda alguna de que estos existieran, lejos de eso. Tan solo… había tenido demasiadas malas experiencias.
Apretó la mandíbula, impulsada por el orgullo, forzándose a no sentirse insultada por el tono risueño que el joven estaba usando. Demasiado risueño, demasiado alegre. Irreal. Nadie podía estar tan alegre por una situación tan… absurda, sin estar loco. Pero de locuras también sabía bastante ella misma también, así que no podía juzgar. Perder la razón, la cordura… era una sensación muy conocida para ella, demasiado conocida. Aun así, no sabia si realmente lo que estaba viendo era un acto, como aquel que ella misma presentaba ante el mundo a diario con la sonrisa amable que no abandonaba su rostro prácticamente nunca, o de verdad era alguien que no estaba del todo en sus cabales. De todas formas, iba a arriesgarse, era demasiado tarde para echarse atrás, estaba demasiado cansada para inventar una mentira convincente y alejarse, como tantas veces antes.
Su mirada firma y seria hablo por ella, sin molestarse en abrir la boca. No iba a decir en voz alta esos pensamientos, sabia que podrían llegar a ser insultantes. Aun así, no confiaba en el. No lo conocía. Quien, o que era ella, era algo que mantenía secreto, que confiaba a muy pocas personas, y solo cuando no le quedaba mas remedio. Aun así, le permitió que la alejara de la jaula, sabiendo que era un movimiento inteligente, aunque no sintiera agresividad alguna por parte del animal. Una mirada al recinto le mostró el motivo, confirmado por las palabras poco más que susurradas por aquel hombre.
El silencio la puso nerviosa, y al escuchar el razonamiento de Deimos se puso al instante a la defensiva sin poder evitarlo. Su licantropía era un secreto muy bien guardado, pero también era algo de lo que se sentía orgullosa. Define humano. Esas fueron las únicas palabras que abandonaron sus labios en respuesta a su pregunta. No iba a contestar, no iba a rebajarse a decir que no se consideraba a si misma humana, que algunos humanos eran mas bestiales que sus propios hermanos. No iba a decir que según los “sabios” cazadores, ella nunca había sido humana. Pero esas palabras no abandonarían sus labios. No. Prefería mostrar una actitud retadora ante aquello a comentar nada sobre su pasado y su clan, sin querer arriesgarse a que aquel se lo tomara a mal. Tenia claro que sus palabras prácticamente reconocían a gritos su falta de “humanidad”, pero, aunque lo escondiera, nunca mentiría directamente sobre aquello. Para ella, el lobo era un don, algo que usar para ayudar a los demás, algo de lo que sentirse orgulloso, y si lo mantenía en secreto era porque había visto las consecuencias de que la persona errónea lo supiera. Su clan, su camada, su familia, habían sufrido directamente las consecuencias de eso.
Aun impulsada por aquel arrebato de orgullo y cabezonería, se limito a alzar la barbilla, poco dispuesta a dejarle ver la sensación de desnudez que la había invadido ante su mirada. Incomoda, tanto por el actuar de aquel extraño, como por el mismo hecho de saber que tendría que abrirse, que necesitaría contar parte de su pasado, desvió la mirada por unos instantes, volviendo a perderse en la nada. Tan solo unos instantes, antes de escucharle de nuevo y que su boca tomara la delantera a su mente, espetando con mas fuerza de la que habría preferido. Y quieres decirme que tu si lo sabes, verdad? La frustración, la amargura, el cansancio, la fría cólera, los meses de soledad, todo aquello había dejado su marca en esa simple frase. Tan pronto como la había dejado salir, abrió los ojos al darse cuenta de lo brusca que había sido. Perdón, no había sido mi intención arremeter contra usted. Aunque la disculpa era sincera, los sentimientos seguían allí, marcando sus palabras, de la misma forma que la habían ido marcando a si misma, a su alma.
Apretó la mandíbula, impulsada por el orgullo, forzándose a no sentirse insultada por el tono risueño que el joven estaba usando. Demasiado risueño, demasiado alegre. Irreal. Nadie podía estar tan alegre por una situación tan… absurda, sin estar loco. Pero de locuras también sabía bastante ella misma también, así que no podía juzgar. Perder la razón, la cordura… era una sensación muy conocida para ella, demasiado conocida. Aun así, no sabia si realmente lo que estaba viendo era un acto, como aquel que ella misma presentaba ante el mundo a diario con la sonrisa amable que no abandonaba su rostro prácticamente nunca, o de verdad era alguien que no estaba del todo en sus cabales. De todas formas, iba a arriesgarse, era demasiado tarde para echarse atrás, estaba demasiado cansada para inventar una mentira convincente y alejarse, como tantas veces antes.
Su mirada firma y seria hablo por ella, sin molestarse en abrir la boca. No iba a decir en voz alta esos pensamientos, sabia que podrían llegar a ser insultantes. Aun así, no confiaba en el. No lo conocía. Quien, o que era ella, era algo que mantenía secreto, que confiaba a muy pocas personas, y solo cuando no le quedaba mas remedio. Aun así, le permitió que la alejara de la jaula, sabiendo que era un movimiento inteligente, aunque no sintiera agresividad alguna por parte del animal. Una mirada al recinto le mostró el motivo, confirmado por las palabras poco más que susurradas por aquel hombre.
El silencio la puso nerviosa, y al escuchar el razonamiento de Deimos se puso al instante a la defensiva sin poder evitarlo. Su licantropía era un secreto muy bien guardado, pero también era algo de lo que se sentía orgullosa. Define humano. Esas fueron las únicas palabras que abandonaron sus labios en respuesta a su pregunta. No iba a contestar, no iba a rebajarse a decir que no se consideraba a si misma humana, que algunos humanos eran mas bestiales que sus propios hermanos. No iba a decir que según los “sabios” cazadores, ella nunca había sido humana. Pero esas palabras no abandonarían sus labios. No. Prefería mostrar una actitud retadora ante aquello a comentar nada sobre su pasado y su clan, sin querer arriesgarse a que aquel se lo tomara a mal. Tenia claro que sus palabras prácticamente reconocían a gritos su falta de “humanidad”, pero, aunque lo escondiera, nunca mentiría directamente sobre aquello. Para ella, el lobo era un don, algo que usar para ayudar a los demás, algo de lo que sentirse orgulloso, y si lo mantenía en secreto era porque había visto las consecuencias de que la persona errónea lo supiera. Su clan, su camada, su familia, habían sufrido directamente las consecuencias de eso.
Aun impulsada por aquel arrebato de orgullo y cabezonería, se limito a alzar la barbilla, poco dispuesta a dejarle ver la sensación de desnudez que la había invadido ante su mirada. Incomoda, tanto por el actuar de aquel extraño, como por el mismo hecho de saber que tendría que abrirse, que necesitaría contar parte de su pasado, desvió la mirada por unos instantes, volviendo a perderse en la nada. Tan solo unos instantes, antes de escucharle de nuevo y que su boca tomara la delantera a su mente, espetando con mas fuerza de la que habría preferido. Y quieres decirme que tu si lo sabes, verdad? La frustración, la amargura, el cansancio, la fría cólera, los meses de soledad, todo aquello había dejado su marca en esa simple frase. Tan pronto como la había dejado salir, abrió los ojos al darse cuenta de lo brusca que había sido. Perdón, no había sido mi intención arremeter contra usted. Aunque la disculpa era sincera, los sentimientos seguían allí, marcando sus palabras, de la misma forma que la habían ido marcando a si misma, a su alma.

Celine Déveraux- ParticipanteLB

- Escritos realizados: 140
Antigüedad en el teatro: 28/08/2011
Reputación: 4
Estado: Activo
CURIOSIDADES
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