
En medio de calles poco iluminadas, los transeúntes pasean tranquilos ignorando a sus acechadores ocultos en la oscuridad.
Vampiros y licántropos se camuflan entre sus víctimas, haciéndose pasar por meros mortales con el fin de apaciguar su insaciable sed.



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{+18}La sombra, el dulce de la tarde.
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{+18}La sombra, el dulce de la tarde.
Elliot, era con él quien te encontrarías hoy, en esta tarde y en la cafetería.
Tomaste un vestido cómodo, pero bastante decente para tu salida y fuiste directo a la cafetería acompaña de tu “cuidador” odiabas salir con él, no era porque no te caía, solamente que no era momento, pero al final conseguiste que te diera “espacio”, que te dejase sola por unos instantes y por unas monedas más. Claro el dinero era el bendito beneficio y que muchos se dejaban comprar por una buena suma de dinero.
Entraste en la cafetería, te sentaste junto a la ventana mirando el crepúsculo del atardecer. Se acerco un camarero y tu lo miraste dulce, dejándolo impresionado con tu belleza tan tierna “ja! Humanos, ya te echo un ojo” me reí “mi querida Chels, eres tan tierna como un angel, pero estas maldita por un demonio” vuelvo a reír y tu mantienes la compostura
-Sea bienvenida Srita. ¿Desea que le traiga algo? –preguntaba amablemente esperando a una respuesta de tu parte.
-Muchas gracias, Joven. Hmm Si es posible quiero una taza con café y una galletitas de acompañamiento, luego veré que he de agregar al pedido, gracias –contestaste y esperaste a que llegase tu pedido en un tiempo determinado, el olor fuerte te daba ciertos mareos pero con unos trucos que intestaste consigues apartarlos. “Me pregunto qué dirá Elliot si se entera que estas…”
Tomaste un vestido cómodo, pero bastante decente para tu salida y fuiste directo a la cafetería acompaña de tu “cuidador” odiabas salir con él, no era porque no te caía, solamente que no era momento, pero al final conseguiste que te diera “espacio”, que te dejase sola por unos instantes y por unas monedas más. Claro el dinero era el bendito beneficio y que muchos se dejaban comprar por una buena suma de dinero.
Entraste en la cafetería, te sentaste junto a la ventana mirando el crepúsculo del atardecer. Se acerco un camarero y tu lo miraste dulce, dejándolo impresionado con tu belleza tan tierna “ja! Humanos, ya te echo un ojo” me reí “mi querida Chels, eres tan tierna como un angel, pero estas maldita por un demonio” vuelvo a reír y tu mantienes la compostura
-Sea bienvenida Srita. ¿Desea que le traiga algo? –preguntaba amablemente esperando a una respuesta de tu parte.
-Muchas gracias, Joven. Hmm Si es posible quiero una taza con café y una galletitas de acompañamiento, luego veré que he de agregar al pedido, gracias –contestaste y esperaste a que llegase tu pedido en un tiempo determinado, el olor fuerte te daba ciertos mareos pero con unos trucos que intestaste consigues apartarlos. “Me pregunto qué dirá Elliot si se entera que estas…”
Última edición por Chelsea Kardec el Dom Mayo 06, 2012 4:50 am, editado 1 vez

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Re: {+18}La sombra, el dulce de la tarde.
¿Qué es esto? ¿Es verdad lo que sentí? ¿Es cierta la vibración de mi ser? ¿Es normal en un demonio como yo? ¿Cómo yo? No hay demonios como yo tan vacíos por dentro que incluso se olvidaron de sus trabajos en el mundo mortal. ¿Pero esto que sentía era real? ¿Sentir? ¿Yo? Elliot, maldito embustero, no solo me transferiste tus memorias, también tu propia alma... maldito cabrón. ¿Podría superarlo? ¿Caería ante ello? No, un demonio no debe caer ante tales provocaciones. Un demonio debe... un demonio debe... ¿Qué debe hacer un demonio?
- Agh.... gah....
- Cállate... - Me distraje. Era fácil distraerme con esos pensamientos incluso cuando tenía los dedos dentro de la espina dorsal de aquel hombre, con el vientre abierto, los intestinos colgando, un pulmón arrancado como si fuera el capullo de una flor. Si algo no soportaba de los hechiceros era su falta de inteligencia. Si un demonio te dice no... la respuesta siempre es no.
Doblé mi puño y el crujir del hueso primal me indicó un buen trabajo. Saqué mi mano de su interior y la puse en la fuente cercana a aquel callejón. El cuerpo del muerto cayó fulminado, doblado en dos en una posición antinatural al suelo, con las costillas sobre las caderas. Me limpié con esmero el brazo. Suerte que la camisa estaba doblada y no se manchó. Saqué el brazo y me dirigí al lugar de mi cita... aún con las dudas.
¿Cómo llegamos a esta situación? Todo empezó como un juego. Entré en una sala donde había una muchacha provocando a todo aquel que se le acercaba. Yo me ofrecí a saciar sus perversiones... y sin darme cuenta estaba violando a una joven distinta... con un demonio dentro, un proscrito. El demonio se había ido, inmerso en sus entrañas. Algo en aquella muchacha me hizo parar. No, no fue que parara, le pregunté si quería que siguiera, y con un dulce "si" terminamos arrojando el respaldo del sillón al suelo. ¿Qué fue lo que me cautivó? ¿Su dulzura? Fue eso sin lugar a dudas. Por eso ahora me debatía entre ir o no ir. Entre entrar en aquella cafetería o dejarla sola, angustiada y ajada, perdida... Algo en mi me empujó a abrir la puerta del local.
Entré con la mirada atenta de todos los que allí había. Mi camisa sin terminar de abrochar, los pantalones dejados, el cabello revoltoso... no era lugar para mi, y por ello me gustaba más. Un simple vistazo y el cabello rojizo de su melena me llamó la atención. Allí estaba, de espaldas a mi, esperando... Mis pasos furtivos se dirigieron ante su presencia y me senté delante, mirándola.
- Hola Chels...
- Agh.... gah....
- Cállate... - Me distraje. Era fácil distraerme con esos pensamientos incluso cuando tenía los dedos dentro de la espina dorsal de aquel hombre, con el vientre abierto, los intestinos colgando, un pulmón arrancado como si fuera el capullo de una flor. Si algo no soportaba de los hechiceros era su falta de inteligencia. Si un demonio te dice no... la respuesta siempre es no.
Doblé mi puño y el crujir del hueso primal me indicó un buen trabajo. Saqué mi mano de su interior y la puse en la fuente cercana a aquel callejón. El cuerpo del muerto cayó fulminado, doblado en dos en una posición antinatural al suelo, con las costillas sobre las caderas. Me limpié con esmero el brazo. Suerte que la camisa estaba doblada y no se manchó. Saqué el brazo y me dirigí al lugar de mi cita... aún con las dudas.
¿Cómo llegamos a esta situación? Todo empezó como un juego. Entré en una sala donde había una muchacha provocando a todo aquel que se le acercaba. Yo me ofrecí a saciar sus perversiones... y sin darme cuenta estaba violando a una joven distinta... con un demonio dentro, un proscrito. El demonio se había ido, inmerso en sus entrañas. Algo en aquella muchacha me hizo parar. No, no fue que parara, le pregunté si quería que siguiera, y con un dulce "si" terminamos arrojando el respaldo del sillón al suelo. ¿Qué fue lo que me cautivó? ¿Su dulzura? Fue eso sin lugar a dudas. Por eso ahora me debatía entre ir o no ir. Entre entrar en aquella cafetería o dejarla sola, angustiada y ajada, perdida... Algo en mi me empujó a abrir la puerta del local.
Entré con la mirada atenta de todos los que allí había. Mi camisa sin terminar de abrochar, los pantalones dejados, el cabello revoltoso... no era lugar para mi, y por ello me gustaba más. Un simple vistazo y el cabello rojizo de su melena me llamó la atención. Allí estaba, de espaldas a mi, esperando... Mis pasos furtivos se dirigieron ante su presencia y me senté delante, mirándola.
- Hola Chels...

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Re: {+18}La sombra, el dulce de la tarde.
Mirabas la ventana esperando verlo por la dirección donde tus ojos estaban puestos, pero no lo hiciste, el camarero paso y dejo el pedido frente tuyo con un agregado espacial y susurro.
-La casa paga –le diste un beso en la mejilla- Gracias -este sonriente fue a continuar su trabajo, revolvías el café una y otra vez, disolviendo la azúcar. Tu mirada se perdió en el horizonte de la ciudad, volviste a tu pasado, recordabas como todo era antes y ahora es… tan diferente y tan doloroso, complicado. El tenerme, el “problema” con tu padre, las peleas y otras cosas que ocupaban tu mente, nuestra mente.
Querías encontrar una solución a tu pequeño… gran problema, a parte aun faltaba lo de Mihail, su gran propuesta, tenias en mente que hacer con tu hermano… “piensas demasiado en ellos, se un poco egoísta, al final terminaras lejos de ellos o mejor dicho ellos lejos de ti, por que se irá” en parte tenía razón.
“¿Qué es ese olor?, Chelsea reacciona, Hey!” sacudes un poco la cabeza, centras la vista y te encuentras con “tu Elliot” cambiaste tus facciones al notarlo y sonreíste –Buenas tarde Elliot, no he sentido tu llegada, disculpa –informaste, bajaste la vista a tu café y lo cogiste para tomar un sorbo, cerrando los ojos- Frio –susurra una vez que lo alejaste de tus labios –quieres tomar algo? Llamemos a alguien para el servicio –lo observas, su… apariencia te “llamaba”, extrañamente, era diferente a muchos y parecido también, aunque con su toque “Por mi padre, Chelsea, es un Demonio”. Era él en sí, aunque en ocasiones si en verdad sentías ese leve miedo.
¿Y que tal ha estado tu día? Algo interesante a ocurrido en el –lo miras dando un sorbo un poco más grande a tu café frío y pedir otro nuevo. Se te ha dado por tomarlo para no dormir mucho cuando estabas en tu casa cerca de tu padre
-La casa paga –le diste un beso en la mejilla- Gracias -este sonriente fue a continuar su trabajo, revolvías el café una y otra vez, disolviendo la azúcar. Tu mirada se perdió en el horizonte de la ciudad, volviste a tu pasado, recordabas como todo era antes y ahora es… tan diferente y tan doloroso, complicado. El tenerme, el “problema” con tu padre, las peleas y otras cosas que ocupaban tu mente, nuestra mente.
Querías encontrar una solución a tu pequeño… gran problema, a parte aun faltaba lo de Mihail, su gran propuesta, tenias en mente que hacer con tu hermano… “piensas demasiado en ellos, se un poco egoísta, al final terminaras lejos de ellos o mejor dicho ellos lejos de ti, por que se irá” en parte tenía razón.
“¿Qué es ese olor?, Chelsea reacciona, Hey!” sacudes un poco la cabeza, centras la vista y te encuentras con “tu Elliot” cambiaste tus facciones al notarlo y sonreíste –Buenas tarde Elliot, no he sentido tu llegada, disculpa –informaste, bajaste la vista a tu café y lo cogiste para tomar un sorbo, cerrando los ojos- Frio –susurra una vez que lo alejaste de tus labios –quieres tomar algo? Llamemos a alguien para el servicio –lo observas, su… apariencia te “llamaba”, extrañamente, era diferente a muchos y parecido también, aunque con su toque “Por mi padre, Chelsea, es un Demonio”. Era él en sí, aunque en ocasiones si en verdad sentías ese leve miedo.
¿Y que tal ha estado tu día? Algo interesante a ocurrido en el –lo miras dando un sorbo un poco más grande a tu café frío y pedir otro nuevo. Se te ha dado por tomarlo para no dormir mucho cuando estabas en tu casa cerca de tu padre

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Re: {+18}La sombra, el dulce de la tarde.
Algo interesante... si... No podía decirle que acababa de abrir en canal a un hechicero, que había tomado sus órganos con mis propias manos, que había visto en su rostro el terror de quien sabe que va a morir y no puede hacer nada. Tampoco pude decirle que había estado con tres... no, cinco mujeres que querían tener sus aventuras a parte de con sus maridos, infieles... Esas me llaman tanto la atención como las flores a las abejas. ¿Cómo me había ido el día? Tan solo me pasó algo por la cabeza.
- Bien. Ha sido... un día provechoso.
Levanté la mano para que el camarero supiera que quería pedir algo. Un café, solo, con algunos terrones de azúcar... no, mejor varios terrones de azúcar. Me encanta el dulce... Y Chelsea era dulce en su estado más puro.
El café llegó rápido, pero igualmente el silencio entre los dos era... agobiante. ¿Porqué los humanos no eran capaces de decir las cosas claras? Chelsea, no se que me está pasando contigo y estoy lejos de entenderlo, pero se que me gustas tanto que podría apartar ahora mismo la mesa y tomarte aquí mismo, ante todos. Eso es lo que quería decir. Si, la necesitaba. Sentía como que... como cuando abrí aquel estúpido en canal. Sentía lo mismo, la misma sed de sangre con la que lo consumí, la misma esencia que siento cuando tomo a tantas mujeres en mis brazos y las llevo conmigo a pecar... pero todo ello en un solo cuerpo, en el suyo. En ella. Solo ella. Sentía que me volvía loco.
- Chelsea, no se que me está pasando contigo y estoy lejos de entenderlo, pero se que me gustas tanto que podría apartar ahora mismo la mesa y tomarte aquí mismo, ante todos. - Sin tapujos, era esa la verdad. No tengo porqué mentir. Soy lo que soy y el que no lo comprenda no es mi culpa. Las mentiras no me acompañan porque soy jodidamente sincero. Sabía que aquello podría ruborizar-la, o incluso enojarla, pero debía decírselo. Mi mano se alzó de repente, como si no tuviera yo control sobre ella. Se posó en su rostro, lo acarició.
¿Qué me estaba pasando?
- Bien. Ha sido... un día provechoso.
Levanté la mano para que el camarero supiera que quería pedir algo. Un café, solo, con algunos terrones de azúcar... no, mejor varios terrones de azúcar. Me encanta el dulce... Y Chelsea era dulce en su estado más puro.
El café llegó rápido, pero igualmente el silencio entre los dos era... agobiante. ¿Porqué los humanos no eran capaces de decir las cosas claras? Chelsea, no se que me está pasando contigo y estoy lejos de entenderlo, pero se que me gustas tanto que podría apartar ahora mismo la mesa y tomarte aquí mismo, ante todos. Eso es lo que quería decir. Si, la necesitaba. Sentía como que... como cuando abrí aquel estúpido en canal. Sentía lo mismo, la misma sed de sangre con la que lo consumí, la misma esencia que siento cuando tomo a tantas mujeres en mis brazos y las llevo conmigo a pecar... pero todo ello en un solo cuerpo, en el suyo. En ella. Solo ella. Sentía que me volvía loco.
- Chelsea, no se que me está pasando contigo y estoy lejos de entenderlo, pero se que me gustas tanto que podría apartar ahora mismo la mesa y tomarte aquí mismo, ante todos. - Sin tapujos, era esa la verdad. No tengo porqué mentir. Soy lo que soy y el que no lo comprenda no es mi culpa. Las mentiras no me acompañan porque soy jodidamente sincero. Sabía que aquello podría ruborizar-la, o incluso enojarla, pero debía decírselo. Mi mano se alzó de repente, como si no tuviera yo control sobre ella. Se posó en su rostro, lo acarició.
¿Qué me estaba pasando?

Elliot Crow- Tipo de intepretación
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Re: {+18}La sombra, el dulce de la tarde.
Un día provechoso, dice usted, me alegro que haya sido de esa manera.
Comentaste algo ausente así como algo presente, estabas pensando en lo que fue tu mañana un tanto tenebrosa, para ti, claro para mí ya era muy natural ver aquellas cosas, pero por favor comenta algo habla, eres peor que cualquier otra chica que no sabe qué hacer o decir, os cuesta tanto, a ustedes lo humanos, decir algo aunque sea una oración corta “Reacciona” te dije y lo miraste a los ojos
Dime, ¿qué has hecho hoy? Claro, es que se puede saber.
Pero vaya mi hermanito igual que siempre directo, sin ocultar la realidad, claro él no tenía por qué mentir. Como era de esperarte te ruborizaste y como tonta estabas jugando con la taza que tal información hizo que tus torpes dedos tumbarán la taza derramando lo que quedaba del café –no, no, que torpe soy –dijiste como tres veces y mil veces más en tu cabeza, aunque en otra parte estaba en las palabras de él. Acomodaste la taza y secaste un poco mientras susurrabas –Elliot… mi querido Elliot, si usted supiera lo que este corazón siente por usted, mis pensamientos… -y no continuaste, ¿por qué? Fácil aquella mano en tu mejilla, tu rostro se alzo para encontrarse con la de él y sentir mejor aquella mano y cerrando los ojos, para tan sólo soltar un susurro involuntario –Te quiero, Elliot
Palabras sinceras, aunque con un atisbo de miedo, pero que me daba nauseas, el amor humano, pero también ¿qué le pasaba a mi hermano? Será que… y ese olor extraño en su mano, de que será. Imagino que podría ser por algo que hizo, normal en los demonios. Agh no podía pensar con absoluta tranquilidad si tus hormonas, pequeña, están bien despiertas. El amor, atonta a lo humanos o al ser que lo siente, simplemente no vuelve t-o-n-t-o
Comentaste algo ausente así como algo presente, estabas pensando en lo que fue tu mañana un tanto tenebrosa, para ti, claro para mí ya era muy natural ver aquellas cosas, pero por favor comenta algo habla, eres peor que cualquier otra chica que no sabe qué hacer o decir, os cuesta tanto, a ustedes lo humanos, decir algo aunque sea una oración corta “Reacciona” te dije y lo miraste a los ojos
Dime, ¿qué has hecho hoy? Claro, es que se puede saber.
Pero vaya mi hermanito igual que siempre directo, sin ocultar la realidad, claro él no tenía por qué mentir. Como era de esperarte te ruborizaste y como tonta estabas jugando con la taza que tal información hizo que tus torpes dedos tumbarán la taza derramando lo que quedaba del café –no, no, que torpe soy –dijiste como tres veces y mil veces más en tu cabeza, aunque en otra parte estaba en las palabras de él. Acomodaste la taza y secaste un poco mientras susurrabas –Elliot… mi querido Elliot, si usted supiera lo que este corazón siente por usted, mis pensamientos… -y no continuaste, ¿por qué? Fácil aquella mano en tu mejilla, tu rostro se alzo para encontrarse con la de él y sentir mejor aquella mano y cerrando los ojos, para tan sólo soltar un susurro involuntario –Te quiero, Elliot
Palabras sinceras, aunque con un atisbo de miedo, pero que me daba nauseas, el amor humano, pero también ¿qué le pasaba a mi hermano? Será que… y ese olor extraño en su mano, de que será. Imagino que podría ser por algo que hizo, normal en los demonios. Agh no podía pensar con absoluta tranquilidad si tus hormonas, pequeña, están bien despiertas. El amor, atonta a lo humanos o al ser que lo siente, simplemente no vuelve t-o-n-t-o

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Re: {+18}La sombra, el dulce de la tarde.
Te quiero...
Esas fueron sus palabras... y mi reacción... nada. Mi rostro se mantenía igual, impasible, tan solo mis párpados diestros se cerraron un poco como reacción. Eso era en el exterior... en el interior era todo lo contrario. Me sentía raro, me sentía vertiginoso. No sabía que era mío y que era del otro, de ese hechicero, Elliot Crow del cual había tomado cuerpo y nombre. Sentí... mi estómago, lo sentí raro. Era como si una mano se metiera en mi interior y removiera mis intestinos, pero inexplicablemente, me sentía bien, me sentía...
Distinto Divertido Excitado Impresionado Nervioso Alegre Contento Eufórico Intermitente Apasionado
Si de verdad aquello es lo que los humanos llamaban "amor" era interesante. Si de verdad los humanos sentían toda aquella vorágine en su interior, llena de sentimientos y pensamientos tanto negativos como positivos... entonces los humanos eran estúpidos y a la vez interesantes. Más aún que antes. Por suerte para mí, mi mente ya no era aquella mente fraccionada por el alma del hechicero y por la mía, por suerte eran una sola, y mi voluntad se anteponía. La miré directo a los ojos. Tomé una de sus manos. Luego le dije:
- Antes de contestarte, quiero enseñarte algo.
Bajé la mirada y susurré, hablé tan flojo que mis palabras eran idénticas a la brisa del otoño que derrumbaba las hojas muertas. Una a una, las cabezas de quienes nos rodeaban alzaron la vista con la mirada perdida y a la vez todos mirando la misma puerta, la de la salida. Se alzaron de sus sillas aquellos que en ellas reposaban. Caminaron hacia la salida como una sola persona, andando al unísono sin perder el ritmo. Uno tomó el pomo de la puerta y la asió, dejando la libertad ante sus narices.
Los únicos que quedaron en aquella cafetería fuimos nosotros dos, Chelsea y yo, el demonio que los había obligado a salir.
- Chels, antes de contestarte, quiero enseñarte quien soy.
Me alcé de la silla de forma pausada, sin dejar su mano. Las cortinas de las ventanas cayeron una a una, ocultando la luz, despojando mis ojos de cualquier rayo solar. No reflejaba nada y a la vez... brillaban con el mortecino color del blanco más puro y siniestro. Las mesas se alzaron, las sillas volcaron, nuestras ropas se movían como si un soplo de viento hubiera inundado el lugar. Mi sombra se alargó, cubriendo el cuerpo de Chels, mirándola fijamente. Mis ojos volvieron a la normalidad, pero el lugar estaba hecho un caos.
- Mírame bien Chels. Mírame ahora porque no volverás a verlo nunca. Yo soy uno de aquellos que aterrorizan las almas cuando sus cuerpos mueren. Soy uno de aquellos que corrompen la paz de la moralidad. - Me senté otra vez, mirándola sin soltar su mano... en ningún momento la solté. - No soy un buen hombre... ni siquiera soy un hombre. Chels, me dices que me quieres, pero quiero que sepas que conmigo no tendrás compañía por siempre. Soy intermitente, nunca estoy cuando debo y estoy cuando no te lo esperas. Si buscas palabras tiernas... no se ninguna... Y aún así... puedo decirte esto: te quiero... ¿Estás dispuesta... a no verme siempre, a no tenerme siempre?
Esas fueron sus palabras... y mi reacción... nada. Mi rostro se mantenía igual, impasible, tan solo mis párpados diestros se cerraron un poco como reacción. Eso era en el exterior... en el interior era todo lo contrario. Me sentía raro, me sentía vertiginoso. No sabía que era mío y que era del otro, de ese hechicero, Elliot Crow del cual había tomado cuerpo y nombre. Sentí... mi estómago, lo sentí raro. Era como si una mano se metiera en mi interior y removiera mis intestinos, pero inexplicablemente, me sentía bien, me sentía...
Distinto Divertido Excitado Impresionado Nervioso Alegre Contento Eufórico Intermitente Apasionado
Si de verdad aquello es lo que los humanos llamaban "amor" era interesante. Si de verdad los humanos sentían toda aquella vorágine en su interior, llena de sentimientos y pensamientos tanto negativos como positivos... entonces los humanos eran estúpidos y a la vez interesantes. Más aún que antes. Por suerte para mí, mi mente ya no era aquella mente fraccionada por el alma del hechicero y por la mía, por suerte eran una sola, y mi voluntad se anteponía. La miré directo a los ojos. Tomé una de sus manos. Luego le dije:
- Antes de contestarte, quiero enseñarte algo.
Bajé la mirada y susurré, hablé tan flojo que mis palabras eran idénticas a la brisa del otoño que derrumbaba las hojas muertas. Una a una, las cabezas de quienes nos rodeaban alzaron la vista con la mirada perdida y a la vez todos mirando la misma puerta, la de la salida. Se alzaron de sus sillas aquellos que en ellas reposaban. Caminaron hacia la salida como una sola persona, andando al unísono sin perder el ritmo. Uno tomó el pomo de la puerta y la asió, dejando la libertad ante sus narices.
Los únicos que quedaron en aquella cafetería fuimos nosotros dos, Chelsea y yo, el demonio que los había obligado a salir.
- Chels, antes de contestarte, quiero enseñarte quien soy.
Me alcé de la silla de forma pausada, sin dejar su mano. Las cortinas de las ventanas cayeron una a una, ocultando la luz, despojando mis ojos de cualquier rayo solar. No reflejaba nada y a la vez... brillaban con el mortecino color del blanco más puro y siniestro. Las mesas se alzaron, las sillas volcaron, nuestras ropas se movían como si un soplo de viento hubiera inundado el lugar. Mi sombra se alargó, cubriendo el cuerpo de Chels, mirándola fijamente. Mis ojos volvieron a la normalidad, pero el lugar estaba hecho un caos.
- Mírame bien Chels. Mírame ahora porque no volverás a verlo nunca. Yo soy uno de aquellos que aterrorizan las almas cuando sus cuerpos mueren. Soy uno de aquellos que corrompen la paz de la moralidad. - Me senté otra vez, mirándola sin soltar su mano... en ningún momento la solté. - No soy un buen hombre... ni siquiera soy un hombre. Chels, me dices que me quieres, pero quiero que sepas que conmigo no tendrás compañía por siempre. Soy intermitente, nunca estoy cuando debo y estoy cuando no te lo esperas. Si buscas palabras tiernas... no se ninguna... Y aún así... puedo decirte esto: te quiero... ¿Estás dispuesta... a no verme siempre, a no tenerme siempre?

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Antigüedad en el teatro: 22/09/2011
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Re: {+18}La sombra, el dulce de la tarde.
Miraste sus manos a la espera de alguna respuesta, ya que en sus ojos no rflejaba nada, sus mismas facciones no han demostrado nada, tu pensaste que él podría no sentir nada más que eres una más en este mundo, solo una individuo, pero prestaste atención aun confundida y curiosa a lo que podría mostrarte, ya que conoces algo, pero, no todo.
-¿Qué me enseñarás? –preguntaste al verlo parado, tu no sabías si hacer lo mismo o quedarte en el lugar, entonces él bajo la cabeza, sus labios se movían, era tan fluido, entonces cada cabeza se levanto, miraste por todos lados a ver las cabeza y cuerpo levantado, “NO! Elliot, deja de hacer….”
Silencio.
Sentí un silencio en mi cabeza, tan profundo que luego de dos años, sentí una soledad y un leve miedo a este vieja sensación de hablar conmigo misma y no con un demonio, que a pesar de que molestaba era como mi compañía diaria. Volviendo a mi realidad, a todo lo que ocurría a nuestro alrededor, era increíble y no daba crédito a lo que ocurría, todos comenzaron a salir, pensé que él haría lo mismo ya que estaba parado igual a excepción de sus ojos sorprendentemente blancos, por un momento me dio miedo, temía que algo me hiciera, de por si me costaba un poco estar con él después de todo lo que mi padre más ha hecho. No pude dejar de ver sus ojos blancos, en ningún momento.
Miré un instante el lugar que estaba hecho un caos, lo escuche hablar y a su petición volví a verlo. “¿No lo volveré a verlo nunca así?, pero ¿qué era? Paz… hace tiempo que ya no la encuentro, ¿será que Mihail podría ayudarme con eso en su propuesta?” la silla se movió y estaba vez lo mire centrada escuchando cada palabra, estaba tan seguro, sus bellos ojos volvieron “¿Cuándo volvieron a la normalidad?, espera… no verlo siempre o no tenerlo siempre” cómo podría ser así, esta bien si soy mortal, aunque no sé si igual aguantaría, igualmente si es que acepto aquella propuesta de Mihail, una eternidad igual que Elliot, pero sin él…
Sabía una cosa a todo esto y puede que luego se arreglen mis otras dudas, yo lo quería, sí, era lo que sentía.
-Eres uno de los que aterrorizas a las almas sea cuando los cuerpos mueren o vivan, eres en cierta manera un hombre tienes un cuerpo, no esas vagando por este mundo como… algo en el espacio. Intermitente como todos, están cuando quieren estar uno es libre para elegir, tú eliges. Conozco un poco de tu forma de vida, o creo conocerlo, sabes del quien se hace llamar Circe y por mas que ahora, extrañamente, no esté es ella quien me ha mostrado varias cosas de cómo pueden ser, pero aun tengo unas incógnitas sin contestar –suspiré y en realidad no sabía mucho que decir, es más me costaba pensar el cosas claras, la situación era complicada, pero a la vez tan fácil de solucionar –Como te he dicho, te quiero, pero estar dispuesta a no verte siempre y a no tenerte siempre… puede que no lo esté, pero… somos sólo amigos y creo que no estoy en plan de exigir o pedir demás, puedes hacer lo que quieras si eres… Feliz, sabrás que siempre estaré aquí, para cuando me necesites –Tratarlo de amigo me costo un poco, hasta pienso si es que somos amigos con todo el significado de la palabra o simplemente somos unos conocidos o hasta nada. Aparte mi mano de la suya y una extraña sensación recorrió mi cuerpo al abandonar aquella piel.
-¿Qué me enseñarás? –preguntaste al verlo parado, tu no sabías si hacer lo mismo o quedarte en el lugar, entonces él bajo la cabeza, sus labios se movían, era tan fluido, entonces cada cabeza se levanto, miraste por todos lados a ver las cabeza y cuerpo levantado, “NO! Elliot, deja de hacer….”
Silencio.
Sentí un silencio en mi cabeza, tan profundo que luego de dos años, sentí una soledad y un leve miedo a este vieja sensación de hablar conmigo misma y no con un demonio, que a pesar de que molestaba era como mi compañía diaria. Volviendo a mi realidad, a todo lo que ocurría a nuestro alrededor, era increíble y no daba crédito a lo que ocurría, todos comenzaron a salir, pensé que él haría lo mismo ya que estaba parado igual a excepción de sus ojos sorprendentemente blancos, por un momento me dio miedo, temía que algo me hiciera, de por si me costaba un poco estar con él después de todo lo que mi padre más ha hecho. No pude dejar de ver sus ojos blancos, en ningún momento.
Miré un instante el lugar que estaba hecho un caos, lo escuche hablar y a su petición volví a verlo. “¿No lo volveré a verlo nunca así?, pero ¿qué era? Paz… hace tiempo que ya no la encuentro, ¿será que Mihail podría ayudarme con eso en su propuesta?” la silla se movió y estaba vez lo mire centrada escuchando cada palabra, estaba tan seguro, sus bellos ojos volvieron “¿Cuándo volvieron a la normalidad?, espera… no verlo siempre o no tenerlo siempre” cómo podría ser así, esta bien si soy mortal, aunque no sé si igual aguantaría, igualmente si es que acepto aquella propuesta de Mihail, una eternidad igual que Elliot, pero sin él…
Sabía una cosa a todo esto y puede que luego se arreglen mis otras dudas, yo lo quería, sí, era lo que sentía.
-Eres uno de los que aterrorizas a las almas sea cuando los cuerpos mueren o vivan, eres en cierta manera un hombre tienes un cuerpo, no esas vagando por este mundo como… algo en el espacio. Intermitente como todos, están cuando quieren estar uno es libre para elegir, tú eliges. Conozco un poco de tu forma de vida, o creo conocerlo, sabes del quien se hace llamar Circe y por mas que ahora, extrañamente, no esté es ella quien me ha mostrado varias cosas de cómo pueden ser, pero aun tengo unas incógnitas sin contestar –suspiré y en realidad no sabía mucho que decir, es más me costaba pensar el cosas claras, la situación era complicada, pero a la vez tan fácil de solucionar –Como te he dicho, te quiero, pero estar dispuesta a no verte siempre y a no tenerte siempre… puede que no lo esté, pero… somos sólo amigos y creo que no estoy en plan de exigir o pedir demás, puedes hacer lo que quieras si eres… Feliz, sabrás que siempre estaré aquí, para cuando me necesites –Tratarlo de amigo me costo un poco, hasta pienso si es que somos amigos con todo el significado de la palabra o simplemente somos unos conocidos o hasta nada. Aparte mi mano de la suya y una extraña sensación recorrió mi cuerpo al abandonar aquella piel.

Chelsea Kardec- Tipo de intepretación
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Antigüedad en el teatro: 25/10/2011
Reputación: 32
Estado: Activo
CURIOSIDADES
Sabías que...:
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Nombre de PB: Susan Coffey
Re: {+18}La sombra, el dulce de la tarde.
La sala quedó en calma de nuevo, sin terror en el ambiente ni las sombras que rodeaban nuestros cuerpos. Las persianas dejaron de chocar de forma repetida contra las ventanas y las sillas volvieron a su lugar. Todo estaba en su sitio, en su lugar... excepto una sonrisa que se me antojó en los labios, una sonrisa que nunca creí que llegaría a ejercer. ¿Por mi parte o... por la parte de mi recipiente humano? Creí que sería del segundo... pero tenía mis dudas. La sonrisa que se dibujó en mi rostro era, según sentía en mi interior, tierna y satisfecha, dulce, pidiendo una correspondencia.
Mis pasos me llevaron a dar la vuelta a la mesa, llegando ante Chelsea y levantándola con mis manos. Una vez estuvo levantada, la abracé. La abracé con suma fuerza pero sin llegar a doler. La abracé con muchas ganas. Nunca había abrazado a nadie así... nunca. Pero también es verdad que nunca había sentido algo así por nadie, este remolino en mi estómago. En verdad me estaba humanizando, y por dentro maldecí a Lucifer por mandarme a este mundo vacío y expuesto a la mentalidad humana. Pero por otra parte poco a poco aprendí, aprendí a dejar de ser arrastrado por los designios de los demonios y seguir mi propio camino, ahora abierto y extendido por una mente humana.
- Chelsea, lo que acabas de decir era lo que quería escuchar. - Seguía con el abrazo sin poder separarme de ella. - Cierto es que, alguna vez puede que desaparezca... que sea intermitente... Pero ahora que te he escuchado tengo ganas de no serlo. - Aparté su cuerpo del mío, tan solo a una leve distancia para que pudiera ver mi sonrisa aún en mi rostro, para que la recordara porque, no sabía cuando volvería. - Para mí, querer es sinónimo de avaricia. Te quiero porque te quiero. Quiero tenerte cerca, quiero tenerte a mi lado. Quiero hacerte el amor de mil maneras, quiero besar tus labios. Quiero que estés junto a mí... Estoy al corriente de tu trato con Mihail y, en verdad, eso nos favorece. La mortalidad no te será un problema y, si mueres, si algún día mueres, yo me encargaré de tu alma maldita. No deberás temer a nada ni nadie. Un demonio vela por ti... - tomé su mano con la mía como antes estaban, antes de que la apartara y, sin decir nada más la besé, algo que estaba deseando desde que entré en la cafetería. La besé de forma pasional y sin frenos. La besé con todo el deseo de mis carnes...
Ah... que delicia.
Mis pasos me llevaron a dar la vuelta a la mesa, llegando ante Chelsea y levantándola con mis manos. Una vez estuvo levantada, la abracé. La abracé con suma fuerza pero sin llegar a doler. La abracé con muchas ganas. Nunca había abrazado a nadie así... nunca. Pero también es verdad que nunca había sentido algo así por nadie, este remolino en mi estómago. En verdad me estaba humanizando, y por dentro maldecí a Lucifer por mandarme a este mundo vacío y expuesto a la mentalidad humana. Pero por otra parte poco a poco aprendí, aprendí a dejar de ser arrastrado por los designios de los demonios y seguir mi propio camino, ahora abierto y extendido por una mente humana.
- Chelsea, lo que acabas de decir era lo que quería escuchar. - Seguía con el abrazo sin poder separarme de ella. - Cierto es que, alguna vez puede que desaparezca... que sea intermitente... Pero ahora que te he escuchado tengo ganas de no serlo. - Aparté su cuerpo del mío, tan solo a una leve distancia para que pudiera ver mi sonrisa aún en mi rostro, para que la recordara porque, no sabía cuando volvería. - Para mí, querer es sinónimo de avaricia. Te quiero porque te quiero. Quiero tenerte cerca, quiero tenerte a mi lado. Quiero hacerte el amor de mil maneras, quiero besar tus labios. Quiero que estés junto a mí... Estoy al corriente de tu trato con Mihail y, en verdad, eso nos favorece. La mortalidad no te será un problema y, si mueres, si algún día mueres, yo me encargaré de tu alma maldita. No deberás temer a nada ni nadie. Un demonio vela por ti... - tomé su mano con la mía como antes estaban, antes de que la apartara y, sin decir nada más la besé, algo que estaba deseando desde que entré en la cafetería. La besé de forma pasional y sin frenos. La besé con todo el deseo de mis carnes...
Ah... que delicia.

Elliot Crow- Tipo de intepretación
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Antigüedad en el teatro: 22/09/2011
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Nombre de PB: Johnny Depp
Re: {+18}La sombra, el dulce de la tarde.
La calma llego al lugar, el ruido a mi alrededor cesó. Hablaba del ruido porque mis ojos no dejaban de ver los suyos y algo diferente no té una… sonrisa, oh! Dios, no sé porque pero ver aquello hizo que mi corazón se salte un latido, era tan lindo y… tierno con aquella sonrisa, esta como hipnotizada, será que un ser como él puede hipnotizar a la persona, algo así como un vampiro y su seducción, no sé la respuesta y tampoco importaba si me hipnotice con aquella sonrisa y esos ojos que tanto me gustaban a pesar ser opacos como el cielo negro tiene ese toque de que aun un brillo muy insignificante, pero yo veía aquel tenue brillo de una estrella solitaria. Al final, le sonreí de manera inocente, gentil, amigable, con ternura.
Había dado mi veredicto, más bien mi opinión, era claro lo quería, sí, aunque siempre soñé que con me cortejase, y estuvieran ahí para platicas o juegos, él era distinto no era uno del montón, pero su “intermitencia” me costaría, pero no era nada mío, tampoco puedo reclamar. Estaba ensimismada cuando me tomó de las manos y levantó, salí de mi transe con un muy pequeño susto. Una calidez, tras una frialdad, recorrió mi cuerpo. Elliot me abrazaba con una fuerza que no me dejaría escapar, pero no dolía sino era intenso, como queriendo transmitir todo lo que sentía en este abrazo y yo le correspondía al gesto haciendo lo mismo y dando muy suaves caricias. Mi pobre corazón dio un vuelco y latía con fuerza, parecía que saldría de mi pecho o ¿era solo una tonta sensación mía? No sé, pero esto era un hermoso momento, y quien sabrá cuando abra otro como este… nadie sabe y no habrá un momento igual, parecido si, igual jamás.
Cuando se apartó de mí casi lanzo un quejido, pero calme mis “instintos” escuchando cada palabra y simplemente él me dejaba sin ninguna de ellas –¿en serió tienes ganas de no hacerlo? –las lagrimas se amontonaron en mis ojos, pero no dejé que ninguna cayese. Su declaración me tomó por sorpresa, siendo sincera jamás esperé esto, a pesar de todo lo que sentía por él. “Avaricia, te quiero, cercanía, hacer el amor, besos, cuidado, Un demonio vela por ti…” no es un ángel, es un demonio quien velará por mí… mi demonio.
Un sello, un beso. Sus labios marcaron el paso de los míos, la velocidad rítmica, el roce. Hace tiempo ansiaba volver a besarlo, posé mis manos en sus mejillas y lo atraje un poco más a mí, quería profundizar el beso, sentirlo si era posible en varias maneras, pero algo picaba en mi interior, me separé y lo mire a los ojos –¿es cierto que tanto así me quieres? ¿Qué eres capaz de velar por mí, qué me quieres contigo? –una sonrisa hacía su acto de presencia cuando preguntaba aquello, era como si necesitase estar segura, no misma no me creía lo que ocurría en este momento, mi propia estima era difícil de hallar, a veces la encontraba y otras… se volvía a escapar. Acaricié su mejilla de nuevo, baje a su cuello delicada y finamente hasta llegar a sus hombros, para al cabo de unos instantes recorrer el camino trazado y escuchar su respuesta fuese lo que fuese.
Yo estaba feliz por que escuche su “te quiero”
Había dado mi veredicto, más bien mi opinión, era claro lo quería, sí, aunque siempre soñé que con me cortejase, y estuvieran ahí para platicas o juegos, él era distinto no era uno del montón, pero su “intermitencia” me costaría, pero no era nada mío, tampoco puedo reclamar. Estaba ensimismada cuando me tomó de las manos y levantó, salí de mi transe con un muy pequeño susto. Una calidez, tras una frialdad, recorrió mi cuerpo. Elliot me abrazaba con una fuerza que no me dejaría escapar, pero no dolía sino era intenso, como queriendo transmitir todo lo que sentía en este abrazo y yo le correspondía al gesto haciendo lo mismo y dando muy suaves caricias. Mi pobre corazón dio un vuelco y latía con fuerza, parecía que saldría de mi pecho o ¿era solo una tonta sensación mía? No sé, pero esto era un hermoso momento, y quien sabrá cuando abra otro como este… nadie sabe y no habrá un momento igual, parecido si, igual jamás.
Cuando se apartó de mí casi lanzo un quejido, pero calme mis “instintos” escuchando cada palabra y simplemente él me dejaba sin ninguna de ellas –¿en serió tienes ganas de no hacerlo? –las lagrimas se amontonaron en mis ojos, pero no dejé que ninguna cayese. Su declaración me tomó por sorpresa, siendo sincera jamás esperé esto, a pesar de todo lo que sentía por él. “Avaricia, te quiero, cercanía, hacer el amor, besos, cuidado, Un demonio vela por ti…” no es un ángel, es un demonio quien velará por mí… mi demonio.
Un sello, un beso. Sus labios marcaron el paso de los míos, la velocidad rítmica, el roce. Hace tiempo ansiaba volver a besarlo, posé mis manos en sus mejillas y lo atraje un poco más a mí, quería profundizar el beso, sentirlo si era posible en varias maneras, pero algo picaba en mi interior, me separé y lo mire a los ojos –¿es cierto que tanto así me quieres? ¿Qué eres capaz de velar por mí, qué me quieres contigo? –una sonrisa hacía su acto de presencia cuando preguntaba aquello, era como si necesitase estar segura, no misma no me creía lo que ocurría en este momento, mi propia estima era difícil de hallar, a veces la encontraba y otras… se volvía a escapar. Acaricié su mejilla de nuevo, baje a su cuello delicada y finamente hasta llegar a sus hombros, para al cabo de unos instantes recorrer el camino trazado y escuchar su respuesta fuese lo que fuese.
Yo estaba feliz por que escuche su “te quiero”

Chelsea Kardec- Tipo de intepretación
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Antigüedad en el teatro: 25/10/2011
Reputación: 32
Estado: Activo
CURIOSIDADES
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Nombre de PB: Susan Coffey
Re: {+18}La sombra, el dulce de la tarde.
Quería sentirse segura, quería saber de verdad si lo que decía era cierto. Yo nunca miento, no tengo la necesidad de mentir, pues somos lo que somos y nuestra voluntad supera con creces a la de otros seres... Mentir no estaba en mi naturaleza y ella lo sabía, pero quería escucharlo. La fragilidad humana. El querer y temer a la vez. Un rasgo que yo no compartía. Estaba seguro de que la quería y estaba seguro de que ella también me quería. Estaba seguro que nunca me apartaría de ella. Velaría por ella aún estando lejos, aún estando en continentes diferentes. Lo haría... y para demostrarlo hice algo que normalmente no lo haría, con nadie.
Me separé por un momento de ella, tomándola por las manos y sosteniéndolas con las mías. Me aparté hacia el mostrador de la cafetería. Sabía lo que buscaba y lo encontré. Era tan pequeño como un hueso de niño, de cristal. Un recipiente cerrado con un tapón pequeñito. Se suele usar por los mortales para contener especias u otras variantes exóticas que, con tan pequeño contenido puede llegar a costar el valor de aquella cafetería. Destapé el recipiente y, mordiéndome un dedo dejé caer gotas de mi sangre oscura en su interior. La herida se cerró al instante y con ella cerré también el frasco. Tracé con mi dedo índice un símbolo invisible en el aire, sobre el frasco. Una forma de asegurarme que no se rompería.
Volví junto a Chels y le tendí el frasco, con mi sangre dentro, petrificada, como un relicario.
- Toma, esta es mi prueba de que digo la verdad. Llévalo siempre contigo y, si necesitas mi ayuda yo lo sabré. Sentiré lo que tu sientes, sabré lo que piensas... estaré contigo, incluso susurrándote en los momentos que necesites escuchar mi voz. Tómalo y guárdalo contigo. Y, si necesitas verme con urgencia y no estoy cercano, busca un cruce de caminos y llámame. Atenderé tu llamamiento y te cubriré con mis brazos. - No era propio de mí hablar tanto. No era propio... esa mujer, me estaba cambiando, y me sentía curioso por saber hasta dónde me llevaría, hasta dónde acabaría ese camino... si es que había un final para él.
Puse el frasco entre sus manos, cerrándolas a su alrededor, protegiéndolo. Mis manos en cambio quisieron tomar otra cosa entre sus dedos para proteger. Su rostro, sus mejillas... aquellos ojos... Pensé en el momento en que se convertiría en una vampira, en el momento en que caminaría por el sendero oscuro de la inmortalidad... y sonreí en mi mente. Su dulzura contrastada con la mancillación de la vida... algo que me hacía estremecer de emoción... Estaba seguro que, en el momento en que dejara la mortalidad a un lado, la querría más y más a mi lado... Y estaba seguro que, cuando pasara a mejor vida, la estaría esperando en el infierno, un lugar a mi lado, junto a mi trono.
- Dime, ¿aún tienes dudas? - Me acerqué de nuevo a ella. Las persianas se cerraron, dejándonos a oscuras. Las lámparas de queroseno que había cercanas se encendieron, al igual que las velas de las mesas, dejando a nuestro alrededor un ambiente cálido y privado. Durante mucho mucho tiempo, nadie entraría en aquel café... porque así lo quería.
Mis dedos tocaron sus mejillas y mi diestra su cintura. Poco a poco la acerqué al sofá que había a sus espaldas, de forma casi hipnótica. Tan solo...
Me separé por un momento de ella, tomándola por las manos y sosteniéndolas con las mías. Me aparté hacia el mostrador de la cafetería. Sabía lo que buscaba y lo encontré. Era tan pequeño como un hueso de niño, de cristal. Un recipiente cerrado con un tapón pequeñito. Se suele usar por los mortales para contener especias u otras variantes exóticas que, con tan pequeño contenido puede llegar a costar el valor de aquella cafetería. Destapé el recipiente y, mordiéndome un dedo dejé caer gotas de mi sangre oscura en su interior. La herida se cerró al instante y con ella cerré también el frasco. Tracé con mi dedo índice un símbolo invisible en el aire, sobre el frasco. Una forma de asegurarme que no se rompería.
Volví junto a Chels y le tendí el frasco, con mi sangre dentro, petrificada, como un relicario.
- Toma, esta es mi prueba de que digo la verdad. Llévalo siempre contigo y, si necesitas mi ayuda yo lo sabré. Sentiré lo que tu sientes, sabré lo que piensas... estaré contigo, incluso susurrándote en los momentos que necesites escuchar mi voz. Tómalo y guárdalo contigo. Y, si necesitas verme con urgencia y no estoy cercano, busca un cruce de caminos y llámame. Atenderé tu llamamiento y te cubriré con mis brazos. - No era propio de mí hablar tanto. No era propio... esa mujer, me estaba cambiando, y me sentía curioso por saber hasta dónde me llevaría, hasta dónde acabaría ese camino... si es que había un final para él.
Puse el frasco entre sus manos, cerrándolas a su alrededor, protegiéndolo. Mis manos en cambio quisieron tomar otra cosa entre sus dedos para proteger. Su rostro, sus mejillas... aquellos ojos... Pensé en el momento en que se convertiría en una vampira, en el momento en que caminaría por el sendero oscuro de la inmortalidad... y sonreí en mi mente. Su dulzura contrastada con la mancillación de la vida... algo que me hacía estremecer de emoción... Estaba seguro que, en el momento en que dejara la mortalidad a un lado, la querría más y más a mi lado... Y estaba seguro que, cuando pasara a mejor vida, la estaría esperando en el infierno, un lugar a mi lado, junto a mi trono.
- Dime, ¿aún tienes dudas? - Me acerqué de nuevo a ella. Las persianas se cerraron, dejándonos a oscuras. Las lámparas de queroseno que había cercanas se encendieron, al igual que las velas de las mesas, dejando a nuestro alrededor un ambiente cálido y privado. Durante mucho mucho tiempo, nadie entraría en aquel café... porque así lo quería.
Mis dedos tocaron sus mejillas y mi diestra su cintura. Poco a poco la acerqué al sofá que había a sus espaldas, de forma casi hipnótica. Tan solo...

Elliot Crow- Tipo de intepretación
- Escritos realizados: 73
Antigüedad en el teatro: 22/09/2011
Reputación: 13
Estado: Activo
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Re: {+18}La sombra, el dulce de la tarde.
El abrazo había terminado, él se separa y yo miro sus manos con las mías para luego subir a sus oscuros ojos, por pequeños instantes hasta que se alejó "Donde va?" dude el paso por varios segundos, pero llegó al mostrador y tomó algo entre sus manos, no alcancé a ver, no supe que era porque él me daba la espalda, yo mire por la puerta de salida, por si alguien llegaba a entrar.
Lo cierto era que a pesar de tener al otro demonio dentro mío, mucho no conocía mucho sobre ellos y tal parece que había como rangos entre ellos, si existen demonios... existen ángeles. Ya... existirán, es seguro y normal que exista el bien y el mal, pero ahora mi ángel era... Elliot, mi ángel oscuro.
Salí de mis pensamientos y volví a fijar la vista en my dark angel, susto a tiempo ya que se acercaba, cuando los centímetros era los que nos separaba, él me entrega un frasco.
Miré el frasco sin entender que era, el contenido... el liquido en el era un carmesí potente y tan parecido a la sangre. ¿Prueba? mis ojos pasaba de los suyos al frasco- Joven Crow, Elliot, no se que decirle, es una prueba extraña la verdad -sonreí, ya que nunca supe de estas pruebas, pero... -Le creo, lo tendré siempre conmigo, junto a mí y así tampoco sentir la soledad, lo llamaré solo en urgencia, espero que yo haga lo correcto no supe porqué, pero dije aquellas palabras, ¿hacer lo correcto, porqué y en qué?.
Resguardo el frasco en mis manos y yo acerqué el frasco a mi, cerca de mi corazón, me sentía como una tonta romántica enamorada, pero por más que no quiera, él, me tenía encantada, jamas en mis sueños mas locos pensé querer a un chico como Elliot, como lo que es... un demonio. Y al aceptar la oferta del Mihail, seré inmortal y podré verlo un poco mas seguido en ese largo camino de la eternidad. -Dudas?, sabe que la duda es parte de los mortales como yo, pero a pesar de ello, creo que por ahora las dudas se han dispersado, gracias por la prueba -la oscuridad nos apreso en lo que termine de hablar. Como por arte de magia y haciendo un ambiente que me gustaba, en velas y lamparas las llamas de fuego aparecen iluminando el lugar, la calidez del fuego iba llegando poco a poco por mi cuerpo.
Otra calidez se poso en mi mejilla, sus dedos estaban sobre ella, los sentía suaves en cierta manera, su mano en mi cintura, mis ojos en los de él. Su mirada era hipnótica. Mis piernas pararon su andar al encontrarse con un objeto detrás, un sofá, por lo que alcancé a ver de reojo.
Guarde el frasco en uno de los bolsillos oculto de mi vestido, sonreí con un toque de dulzura y tan solo... me atreví a posar las manos en la mejilla de Elliot, así darle una caricia, me apegué un poco más y bese muy suavemente las comisuras de sus labios sin dejar de mirarlo a los ojos, así deje un leve, casi imperceptible, roce en sus labios, me sentía un tanto extraña algo en mi cuerpo afloraba y creo conocer que es.
Tome mi lugar en el sofá y quedé mirando su rostro por unos segundos, respiré profundo para calmar a mi corazón. ¿Qué hará? me pregunté. Y en egundos del alma...
Lo cierto era que a pesar de tener al otro demonio dentro mío, mucho no conocía mucho sobre ellos y tal parece que había como rangos entre ellos, si existen demonios... existen ángeles. Ya... existirán, es seguro y normal que exista el bien y el mal, pero ahora mi ángel era... Elliot, mi ángel oscuro.
Salí de mis pensamientos y volví a fijar la vista en my dark angel, susto a tiempo ya que se acercaba, cuando los centímetros era los que nos separaba, él me entrega un frasco.
Miré el frasco sin entender que era, el contenido... el liquido en el era un carmesí potente y tan parecido a la sangre. ¿Prueba? mis ojos pasaba de los suyos al frasco- Joven Crow, Elliot, no se que decirle, es una prueba extraña la verdad -sonreí, ya que nunca supe de estas pruebas, pero... -Le creo, lo tendré siempre conmigo, junto a mí y así tampoco sentir la soledad, lo llamaré solo en urgencia, espero que yo haga lo correcto no supe porqué, pero dije aquellas palabras, ¿hacer lo correcto, porqué y en qué?.
Resguardo el frasco en mis manos y yo acerqué el frasco a mi, cerca de mi corazón, me sentía como una tonta romántica enamorada, pero por más que no quiera, él, me tenía encantada, jamas en mis sueños mas locos pensé querer a un chico como Elliot, como lo que es... un demonio. Y al aceptar la oferta del Mihail, seré inmortal y podré verlo un poco mas seguido en ese largo camino de la eternidad. -Dudas?, sabe que la duda es parte de los mortales como yo, pero a pesar de ello, creo que por ahora las dudas se han dispersado, gracias por la prueba -la oscuridad nos apreso en lo que termine de hablar. Como por arte de magia y haciendo un ambiente que me gustaba, en velas y lamparas las llamas de fuego aparecen iluminando el lugar, la calidez del fuego iba llegando poco a poco por mi cuerpo.
Otra calidez se poso en mi mejilla, sus dedos estaban sobre ella, los sentía suaves en cierta manera, su mano en mi cintura, mis ojos en los de él. Su mirada era hipnótica. Mis piernas pararon su andar al encontrarse con un objeto detrás, un sofá, por lo que alcancé a ver de reojo.
Guarde el frasco en uno de los bolsillos oculto de mi vestido, sonreí con un toque de dulzura y tan solo... me atreví a posar las manos en la mejilla de Elliot, así darle una caricia, me apegué un poco más y bese muy suavemente las comisuras de sus labios sin dejar de mirarlo a los ojos, así deje un leve, casi imperceptible, roce en sus labios, me sentía un tanto extraña algo en mi cuerpo afloraba y creo conocer que es.
Tome mi lugar en el sofá y quedé mirando su rostro por unos segundos, respiré profundo para calmar a mi corazón. ¿Qué hará? me pregunté. Y en egundos del alma...

Chelsea Kardec- Tipo de intepretación
- Escritos realizados: 241
Antigüedad en el teatro: 25/10/2011
Reputación: 32
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Nombre de PB: Susan Coffey
Re: {+18}La sombra, el dulce de la tarde.
La tendí en aquel sofá como si fuera una muñeca de porcelana, como si se fuera a romper... Aquella delicadeza no era normal en mí... nunca la había tenido. Aquella mujer la estaba despertando, lo tenía claro. Aquella mujer tenía la capacidad de afectar a mi yo humano, a mi mente adornada con la del humano conocido como Elliot Crow, el nombre por el cual me llamaba. No sabría decir en qué momento exacto fue cuando la línea entre el demonio y el humano se quebró y dejó que formaran parte el uno del otro... pero una cosa si tenía clara: tan solo era así con aquella mujer, tan solo aquella dulzura, aquella ternura e inocencia que desprendía hacía que fuera así. Por ello le entregué aquel frasquito. Por ello me convertí en su eterno guardián, en el eterno cancerbero de su alma.
Sus manos tomaban mis mejillas mientras las mías propias tomaban su cintura. Estaba delante de ella, entre sus piernas abiertas bajo la falda de su vestido. Yo permanecía arrodillado frente a ella y su cuerpo asomaba sentado sobre el borde del sofá. Mi rostro estaba sobre su pecho. La escuchaba respirar. Escuchaba el latir de su corazón, nervioso y rítmico. ¿Cuánto tiempo hacía que no me paraba a escuchar un corazón humano, escucharlo latir tal que así sin esperar a que se parara entre mis manos? Aquella sensación hizo que cerrara mis ojos y permaneciera en aquel silencio... estaba gozando del momento.
Si... todas las mujeres que había conocido despertaban el detallismo en mí, pero esa mujer era distinta a las otras, pues además de su parte dulce e inocente guardaba un corazón quebrado y lleno de dolor. Quería lamer aquel corazón, quería embriagarme con su tormento... entendí pues porqué la quería, entendí porqué el corazón humano de aquel cuerpo latía con tanta intensidad: la quería para mí para siempre... incluso más allá de la muerte.
Mi oreja se apeó de su pecho y la miré a los ojos. Mi rostro al igual que tantas veces no mostró sentimiento alguno, pues ninguno había que mostrar. Mis ojos la miraban tan fijamente que podía ver a través de ella, podía ver su pasado, su presente... y su futuro. En ese futuro no muy distante la veía triste y feliz a la vez. La veía junto a un hombre con sombrero, junto a otro hombre que no era yo, tomándolo de la mano y suspirando por sus caricias. No me sentí violento. No sentí celos. Sabía que así sería.
- Chels, escúchame bien: dentro de algún tiempo aparecerá un hombre en tu vida. No lo rechaces. No le digas que no porque eso sería mentirte. Ese hombre te hará feliz, te ayudará a pasar las noches solitarias. - Una sonrisa ladeada apareció en mi rostro y mis dedos acariciaron su mejilla. - No le digas que no por mí, porque yo siempre estaré contigo, estés con quien estés. Permaneceré vigilante de tus pasos y estaré siempre cerca de ti, para cuando me necesites y para cuando no haga falta.
Abandoné mi postura arrodillado y deposité un beso en sus labios, llevándola hacia atrás, reposando su espalda contra el sofá. No me separé de ella... tan solo lo hice cuando sentí que ya no podía respirar. Fue entonces cuando separé mis labios, pero mis manos soltaron su cintura para ir directas a sus piernas, bajo su vestido.
- Chels, no voy a obligarte nunca a nada, tan solo una petición: ¿me dejarías tomarte el día de hoy, poder estar entre tus piernas y tus abrazos?
Sus manos tomaban mis mejillas mientras las mías propias tomaban su cintura. Estaba delante de ella, entre sus piernas abiertas bajo la falda de su vestido. Yo permanecía arrodillado frente a ella y su cuerpo asomaba sentado sobre el borde del sofá. Mi rostro estaba sobre su pecho. La escuchaba respirar. Escuchaba el latir de su corazón, nervioso y rítmico. ¿Cuánto tiempo hacía que no me paraba a escuchar un corazón humano, escucharlo latir tal que así sin esperar a que se parara entre mis manos? Aquella sensación hizo que cerrara mis ojos y permaneciera en aquel silencio... estaba gozando del momento.
Si... todas las mujeres que había conocido despertaban el detallismo en mí, pero esa mujer era distinta a las otras, pues además de su parte dulce e inocente guardaba un corazón quebrado y lleno de dolor. Quería lamer aquel corazón, quería embriagarme con su tormento... entendí pues porqué la quería, entendí porqué el corazón humano de aquel cuerpo latía con tanta intensidad: la quería para mí para siempre... incluso más allá de la muerte.
Mi oreja se apeó de su pecho y la miré a los ojos. Mi rostro al igual que tantas veces no mostró sentimiento alguno, pues ninguno había que mostrar. Mis ojos la miraban tan fijamente que podía ver a través de ella, podía ver su pasado, su presente... y su futuro. En ese futuro no muy distante la veía triste y feliz a la vez. La veía junto a un hombre con sombrero, junto a otro hombre que no era yo, tomándolo de la mano y suspirando por sus caricias. No me sentí violento. No sentí celos. Sabía que así sería.
- Chels, escúchame bien: dentro de algún tiempo aparecerá un hombre en tu vida. No lo rechaces. No le digas que no porque eso sería mentirte. Ese hombre te hará feliz, te ayudará a pasar las noches solitarias. - Una sonrisa ladeada apareció en mi rostro y mis dedos acariciaron su mejilla. - No le digas que no por mí, porque yo siempre estaré contigo, estés con quien estés. Permaneceré vigilante de tus pasos y estaré siempre cerca de ti, para cuando me necesites y para cuando no haga falta.
Abandoné mi postura arrodillado y deposité un beso en sus labios, llevándola hacia atrás, reposando su espalda contra el sofá. No me separé de ella... tan solo lo hice cuando sentí que ya no podía respirar. Fue entonces cuando separé mis labios, pero mis manos soltaron su cintura para ir directas a sus piernas, bajo su vestido.
- Chels, no voy a obligarte nunca a nada, tan solo una petición: ¿me dejarías tomarte el día de hoy, poder estar entre tus piernas y tus abrazos?

Elliot Crow- Tipo de intepretación
- Escritos realizados: 73
Antigüedad en el teatro: 22/09/2011
Reputación: 13
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Nombre de PB: Johnny Depp
Re: {+18}La sombra, el dulce de la tarde.
Tome mi lugar en el sofá y quedé mirando su rostro por unos segundos, respiré profundo para calmar a mi corazón. ¿Qué hará? me pregunté. Y en unos segundos del alma...
Cada que lo tenía cerca mi corazón latía más rítmico y en ocasiones podría jurar que se saltaba un latido. Así era como se estaba comportando en ese momento, el tenerlo cerca el tenerlo de aquella manera tan cerca de mí y con su rostro en mi pecho. Acariciaba su cabello en un roce suave casi imperceptible, así trataba de no molestarlo y de calmar a mi pobre corazón.
Aun no entendía como mi pobre corazón latía con tanta intensidad, pero creo que era él quien provocaba esto, esa fuerza y esa intensidad, estaba amando a un demonio… por un momento me causo gracia, pero ¿por qué? Si era tan verdad que lo quiero, hasta puede que lo ame a pesar de lo que hay que vivir, algo distinto por la distancia, pero siempre lo tendría cerca como me lo dijo y lo único que me quedaba era creerlo, por qué habría que mentir en algo y gastar unas gotas de sangre por nada.
Aquella mirada era la que en ocasiones me hacía dudar, pero sus ojos siempre eran así, nunca mostraban algo en ellos, pero siempre me gustaban. Era algo que no siempre veía y me gustaba descifrar que sentía o que pensaba, como dicen que los ojos son la entrada al alma, pero por más que me quedaba viéndolo, no había nada y a pesar de todo eso seguía fijando mi vista en aquellos ojos, me atraían… demasiado.
Q…qué? Un hombre que me hará feliz? Decirle si a pesar de quererte a ti? –sus palabras me dejaron totalmente sorprendida, ¿por qué decía eso? decirle si a otro queriéndolo. Quería replicar, estaba en contra de eso, no creía ver a otro hombre como lo veo a él, no me lo creía, pero sus labios callaron los míos en un beso que desactivo mi mente y me dejé llevar. Jugaba con sus suaves y adictivos labios, un dominio que daba miedo, pero yo disfrutaba. Me recostó y acomodó un poco en el sofá sin separarnos del beso, no me importaba como estábamos y donde estábamos, estaba con él y ya. Mis pulmones estaban pidiendo aire, ardían un poco, pero yo estaba que disfrutaba, sólo él se apartó y yo casi suelto un quejido, pero seguro que él también lo necesitaba.
Sus manos estaban algo frías al toque con mis piernas, pero una extraña sensación recorrió mi cuerpo entero; sabía lo que eran esos toques, conocía cada uno con puro asco, con él era distinto no había brusquedad, no me obligaba, me lo estaba diciendo hasta me pedía permiso.
-Elliot, acepto tu petición y deseo que lo hagas, quiero ser una contigo por esta vez, y tenerte junto a ti el tiempo que nos toque vivir –susurre sonrojada, olvide su predicción, y me centré en él y pensando lo que podría pasar ahora que tiene libertad de tomarme. Tome su barbilla y la acerqué lentamente a mí para unir de nuevo nuestros labios, con la misma mano acaricié su mejilla, bajando por tu cuello posando en la nuca y jugar con su cabello.

Chelsea Kardec- Tipo de intepretación
- Escritos realizados: 241
Antigüedad en el teatro: 25/10/2011
Reputación: 32
Estado: Activo
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Sabías que...:
Empleo actual: Ninguno
Nombre de PB: Susan Coffey
Re: {+18}La sombra, el dulce de la tarde.
Su pecho parecía a punto de estallar, de abrirse en un mar de llamas y arrasar todo a su paso. Sus respiraciones aceleradas, su pulso a cien. El latir de su corazón golpeando con fuerza la cueva que envolvía su bien más preciado. Su espalda recostada sobre un terciopelo acolchado, cómodo, sin durezas. Su mano depositada con dulzura sobre mi nuca, apresándome, impidiéndome moverme, separarme. Quería que estuviera así con ella para siempre. Sus dedos besaban mi piel con tanto deseo que creí ser prisionero. Prisionero de ella...
El corazón que habitaba en mi interior respondía con la misma frecuencia, con la misma tenacidad, pero con más calma. Mis manos no sudaban del nerviosismo. Mis labios no temblaban fruto del calor que emanaba de mi cuerpo. Mis ojos no se perdían en la inmensidad. Todo yo estaba enfocado hacia ella, hacia su cuerpo. Quería tomarla allí, en ese instante. Rasgar sus vestiduras, quitarle toda prenda que pudiera entorpecer mi camino. Quería... pero por más que quisiese, con aquella mujer, con aquella joven no podía ser así, no... me tomaría mi tiempo, nos tomaríamos nuestro tiempo... El tiempo dicen, es una bendición y una maldición para los mortales.
Para mí no es más que una medida inservible.
Tal como estaba, con mis labios presos con los suyos no quería moverme. No quería sentir el aire entre nosotros. Quería comer de aquel plato, de aquel postre tan dulce. Quería saborear sus besos como si fueran el néctar de los ángeles, mancillado. Mis dedos en cambio no querían probar sus labios, sino su piel. Lentamente los dedos de mi zurda se posaron sobre su mejilla derecha mientras mi diestra tomaba su mano zurda, en un lazo, una presa. Tranquilos, los dedos zurdos surcaron por su piel, bajando poco a poco, sintiendo la vibración interior de esta, el respirar agitado, los movimientos de su cabeza deseosa.
Poco a poco fueron bajando por la piel de su cuello, notando su mandíbula, abriéndose y cerrándose al tiempo que jugaba con mi lengua como si fuera un dulce, un bien preciado que lamer, que comer. Se sentaron en la curva de su cuello, pasaron el puente de su clavícula y bajaron más y más. Los montículos carnosos y suaves de sus pechos, expuestos sobre su vestido. Allí mis dedos se posaron, sintiendo su nerviosismo, su agitación. Allí fue cuando, sin siquiera tocar la apertura de su vestido, este se soltó, se abrió, pero no se quebró ni rasgó. Simplemente, se abrió. La tela se dejó llevar por mi mano, mostrando los atributos femeninos, tan bien formados.
Ella intentó decir algo, pero mis labios le privaban de la palabra. Pues por ello me separé, por ello dejé que el aire entrara de nuevo en su boca. Por ello...
- Eres... dulce... deliciosa... sabes tan bien...
Mis ojos se quedaron frente a los suyos, pero mis labios, mi boca bajó hacia su busto, tomando su pecho derecho entre mis labios, dentro de mi boca a merced de mi lengua, la cual acarició con delicadeza y sumo placer el pezón erecto que le mostré. Un gemido de placer, un suspiro...
Tan sabrosa...
El corazón que habitaba en mi interior respondía con la misma frecuencia, con la misma tenacidad, pero con más calma. Mis manos no sudaban del nerviosismo. Mis labios no temblaban fruto del calor que emanaba de mi cuerpo. Mis ojos no se perdían en la inmensidad. Todo yo estaba enfocado hacia ella, hacia su cuerpo. Quería tomarla allí, en ese instante. Rasgar sus vestiduras, quitarle toda prenda que pudiera entorpecer mi camino. Quería... pero por más que quisiese, con aquella mujer, con aquella joven no podía ser así, no... me tomaría mi tiempo, nos tomaríamos nuestro tiempo... El tiempo dicen, es una bendición y una maldición para los mortales.
Para mí no es más que una medida inservible.
Tal como estaba, con mis labios presos con los suyos no quería moverme. No quería sentir el aire entre nosotros. Quería comer de aquel plato, de aquel postre tan dulce. Quería saborear sus besos como si fueran el néctar de los ángeles, mancillado. Mis dedos en cambio no querían probar sus labios, sino su piel. Lentamente los dedos de mi zurda se posaron sobre su mejilla derecha mientras mi diestra tomaba su mano zurda, en un lazo, una presa. Tranquilos, los dedos zurdos surcaron por su piel, bajando poco a poco, sintiendo la vibración interior de esta, el respirar agitado, los movimientos de su cabeza deseosa.
Poco a poco fueron bajando por la piel de su cuello, notando su mandíbula, abriéndose y cerrándose al tiempo que jugaba con mi lengua como si fuera un dulce, un bien preciado que lamer, que comer. Se sentaron en la curva de su cuello, pasaron el puente de su clavícula y bajaron más y más. Los montículos carnosos y suaves de sus pechos, expuestos sobre su vestido. Allí mis dedos se posaron, sintiendo su nerviosismo, su agitación. Allí fue cuando, sin siquiera tocar la apertura de su vestido, este se soltó, se abrió, pero no se quebró ni rasgó. Simplemente, se abrió. La tela se dejó llevar por mi mano, mostrando los atributos femeninos, tan bien formados.
Ella intentó decir algo, pero mis labios le privaban de la palabra. Pues por ello me separé, por ello dejé que el aire entrara de nuevo en su boca. Por ello...
- Eres... dulce... deliciosa... sabes tan bien...
Mis ojos se quedaron frente a los suyos, pero mis labios, mi boca bajó hacia su busto, tomando su pecho derecho entre mis labios, dentro de mi boca a merced de mi lengua, la cual acarició con delicadeza y sumo placer el pezón erecto que le mostré. Un gemido de placer, un suspiro...
Tan sabrosa...

Elliot Crow- Tipo de intepretación
- Escritos realizados: 73
Antigüedad en el teatro: 22/09/2011
Reputación: 13
Estado: Activo
CURIOSIDADES
Sabías que...:
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Nombre de PB: Johnny Depp
Re: {+18}La sombra, el dulce de la tarde.
Mi mano seguía allí, detrás de su nuca, manteniéndolo tan cerca como era posible. No quería dejarlo ir, no permitiría que la dulzura de sus labios abandonase los míos. Respiraba entrecortada, deseando entregarle cada pequeño suspiro de vida que daba, cada jadeo de mi cuerpo. Mi corazón enloqueció latía por él y solo por él, como queriendo hacerle saber cuánto lo deseaba. El seguía besándome sin temor, sin alejarse, presionando sus labios contra los míos que vibraban en una locura de pasión interminable.
Suavemente sus dedos se abrieron paso por mi piel, despertando mil sensaciones, todas y cada una de ellas agradable. Comenzando por mi mejilla, bajando cada vez más sin hacerme esperar. Yo empezaba a respirar aún mas inquieta. A pesar de que sus labios apresaban los míos podía oír mis propios jadeos. Siguieron su recorrido estremeciéndome cada vez más hasta llegar a mis pechos. Sentí una oleada de alivio cuando mi vestido se abrió, como si hubiese estado deseando eso desde hacía tiempo… la verdad es que era así.
Sin esperar ni un momento retiró la tela suavemente con su mano. Intenté decirle que se detuviera pero sus labios volvieron a cerrar los míos y lo único que pude emitir fue un jadeo como tantos otros. Se retiró por un momento y respiré como si no lo hubiese hecho en años. Me miró fijamente y olvidé decirle que se detuviera, no podía negarme a aquellos ojos, a aquellos labios. La palabra “no” desaparecía de mi vocabulario cuando lo tenía cerca.
-Eres... dulce... deliciosa... sabes tan bien...
Sonreí al escuchar sus palabras y después al sentirlo bajar por mi pecho. Su respiración cálida sobre mi piel me encantaba. Tomó mi seno entre sus labios y no pude evitar que un gemido saliese de mi boca. Era muy difícil explicar lo que sentía en ese momento, pero la palabra placer lo definiría muy bien. No había mucho que decir, solo sentir y todo lo que sentía era por él.
Suspiré dejándome llevar, su mano se deslizó por mi pierna, por debajo de mi vestido en una caricia suave. Y ese fue el momento, el instante exacto en que todo se empezó a derrumbar…
-Eres... dulce... deliciosa... sabes tan bien...
Pero ya no era su dulce voz la que lo decía, era el ronco hablar de mi padre; aquel ser a quien temía y se atrevió arruinarme, no era su mano delicada sobre mi piel sino el tacto cruel de un ser al que odiaba y repugnaba, y de repente ya no estaba mas en aquel restaurante, mi mente viajó a través del recuerdo de algo que había intentado olvidar... aquella habitación, podía ver su rostro, su ebriedad, hasta juraría que olía ese alcohol que salía de su boca
Me sobresalté y con un empujón algo brusco lo alejé rápidamente de mí. Volvía a sujetar mi vestido intentando cubrirme y evitando a duras penas que las lágrimas aflorasen. La memoria de un pasado desagradable, había dañado el momento que podía haberse convertirse en un recuerdo de algo apasionante en el futuro.
Suavemente sus dedos se abrieron paso por mi piel, despertando mil sensaciones, todas y cada una de ellas agradable. Comenzando por mi mejilla, bajando cada vez más sin hacerme esperar. Yo empezaba a respirar aún mas inquieta. A pesar de que sus labios apresaban los míos podía oír mis propios jadeos. Siguieron su recorrido estremeciéndome cada vez más hasta llegar a mis pechos. Sentí una oleada de alivio cuando mi vestido se abrió, como si hubiese estado deseando eso desde hacía tiempo… la verdad es que era así.
Sin esperar ni un momento retiró la tela suavemente con su mano. Intenté decirle que se detuviera pero sus labios volvieron a cerrar los míos y lo único que pude emitir fue un jadeo como tantos otros. Se retiró por un momento y respiré como si no lo hubiese hecho en años. Me miró fijamente y olvidé decirle que se detuviera, no podía negarme a aquellos ojos, a aquellos labios. La palabra “no” desaparecía de mi vocabulario cuando lo tenía cerca.
-Eres... dulce... deliciosa... sabes tan bien...
Sonreí al escuchar sus palabras y después al sentirlo bajar por mi pecho. Su respiración cálida sobre mi piel me encantaba. Tomó mi seno entre sus labios y no pude evitar que un gemido saliese de mi boca. Era muy difícil explicar lo que sentía en ese momento, pero la palabra placer lo definiría muy bien. No había mucho que decir, solo sentir y todo lo que sentía era por él.
Suspiré dejándome llevar, su mano se deslizó por mi pierna, por debajo de mi vestido en una caricia suave. Y ese fue el momento, el instante exacto en que todo se empezó a derrumbar…
-Eres... dulce... deliciosa... sabes tan bien...
Pero ya no era su dulce voz la que lo decía, era el ronco hablar de mi padre; aquel ser a quien temía y se atrevió arruinarme, no era su mano delicada sobre mi piel sino el tacto cruel de un ser al que odiaba y repugnaba, y de repente ya no estaba mas en aquel restaurante, mi mente viajó a través del recuerdo de algo que había intentado olvidar... aquella habitación, podía ver su rostro, su ebriedad, hasta juraría que olía ese alcohol que salía de su boca
Me sobresalté y con un empujón algo brusco lo alejé rápidamente de mí. Volvía a sujetar mi vestido intentando cubrirme y evitando a duras penas que las lágrimas aflorasen. La memoria de un pasado desagradable, había dañado el momento que podía haberse convertirse en un recuerdo de algo apasionante en el futuro.

Chelsea Kardec- Tipo de intepretación
- Escritos realizados: 241
Antigüedad en el teatro: 25/10/2011
Reputación: 32
Estado: Activo
CURIOSIDADES
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