
En medio de calles poco iluminadas, los transeúntes pasean tranquilos ignorando a sus acechadores ocultos en la oscuridad.
Vampiros y licántropos se camuflan entre sus víctimas, haciéndose pasar por meros mortales con el fin de apaciguar su insaciable sed.



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A lomos de la Luna. (Raina e Isabelle)
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A lomos de la Luna. (Raina e Isabelle)
Mucho había pasado desde aquella primera cita a media noche en el puerto. Abrazos, caricias, pasiones de besos deseados…y enfados. Hasta anduvo nuestro amor por la fina línea del caos final. Pero el amor siempre triunfa, o eso me gusta pensar. Ahora estaba buscando definitivamente su rescate, su huida de aquella mansión que era su vida y su prisión, que sería su tumba si no hacía algo para evitarlo. A ver, pensemos. Mi primer objetivo era que abandonase su vida y se me entregase, para hacerla una dama hecha y derecha, que no tenga que responder ante nada ni nadie…salvo yo, claro. A la vez la conseguiría para mis lascivos y alimenticios deseos. Pero esto no fue sino mi primera intención, la cual varió con la llegada de su amor. Esos ojos, esa sonrisa, esos gestos que erizaban mi piel y mis sentidos…todo ello era mi perdición. Pero a lo que iba: me entregó su amor, su sangre y…ahora su vida. ¿No había conseguido cuanto me había propuesto y más aún? ¿Qué tenía que ir por ella? No me importa, en absoluto. Por algo vine a Francia con algo de mi riqueza no gastada, y más aún por algo me he intentado ganar el jornal noche tras noche. Bueno por eso y por varias cosas más, por gusto por ejemplo. Pero en fin, aunque adore sentirme vencedor y regocijarme, en realidad no todo salió como quería. Yo también caí en sus redes. Ah…con cuanto descaro inocente me fuiste a llevar a tu terreno, me robaste el corazón y los sentidos, que ya no fueron para la noche y sus acompañadas, sino para ti y sólo para ti. Raina…ángel de mi amor.
Ahora estaba ya, frente al portón de la casa Von Rebeur, con aires altaneros y una seguridad de pecho henchido, para rescatar a la damisela en apuros de la torre del dragón. ¡Abridme, por mi honor! ¡Abridme, o derrumbaré todo portón y aplastaré todo escollo que posen a mi paso con tal de salvar a mi princesa! ¡Por el aire que llena mis pulmones que arrasaré a capa y espada con la mansión entera si no me la llevo hoy conmigo!.. Enserio que se me hacía hasta gracioso. Menudo estaba hecho…Pareciera el príncipe azul; ojalá tuviera que despertarla con un beso, o con algo más…pero ah, eso es otro tema, otro tema que cómo no, ya estaba calculado.
Toqué al portón con seguridad pero sin estruendo, dos veces, como el cartero…en fin. Podía ponerme a vocear ya en la entrada, pero eso no sería digno de mí. O sí, pero debía mostrar mayor cuna que la que me traía. Tomaría esto como una compra, un negocio. De seguro es así como lo entienden los fantoches que esgrimen tanta pompa. Pues bien, ahí que esperaría.
Ahora estaba ya, frente al portón de la casa Von Rebeur, con aires altaneros y una seguridad de pecho henchido, para rescatar a la damisela en apuros de la torre del dragón. ¡Abridme, por mi honor! ¡Abridme, o derrumbaré todo portón y aplastaré todo escollo que posen a mi paso con tal de salvar a mi princesa! ¡Por el aire que llena mis pulmones que arrasaré a capa y espada con la mansión entera si no me la llevo hoy conmigo!.. Enserio que se me hacía hasta gracioso. Menudo estaba hecho…Pareciera el príncipe azul; ojalá tuviera que despertarla con un beso, o con algo más…pero ah, eso es otro tema, otro tema que cómo no, ya estaba calculado.
Toqué al portón con seguridad pero sin estruendo, dos veces, como el cartero…en fin. Podía ponerme a vocear ya en la entrada, pero eso no sería digno de mí. O sí, pero debía mostrar mayor cuna que la que me traía. Tomaría esto como una compra, un negocio. De seguro es así como lo entienden los fantoches que esgrimen tanta pompa. Pues bien, ahí que esperaría.

Aahriman- Tipo de intepretación
- Escritos realizados: 162
Antigüedad en el teatro: 27/12/2011
Reputación: 7
Estado: Activo
CURIOSIDADES
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Empleo actual: Poeta y músico en bailes de alta alcurnia.
Nombre de PB: Keanu Reeves
Re: A lomos de la Luna. (Raina e Isabelle)
La tarde se me antojaba demasiado triste y lánguida. Los pálidos rayos del sol apenas iluminaban el alféizar de mi ventana y no llegaban a penetrar hacia el interior de mi cuarto, donde la atmósfera era tan densa y estaba tan cargada de un no sé qué melancólico que me dejaba sin habla. Raina permanecía a mis espaldas, sentada sobre el edredón de mi cama, moviendo insistentemente su pierna derecha. A ninguna de las dos se le ocurría mencionar palabra alguna y los motivos eran más que obvios. Razones… Las razones sobraban para que yo no quisiera siquiera mirarla. No me atrevía. Si lo hacía, corría el riesgo de que las lágrimas comenzaran a caer y este no era momento de demostrar debilidad. El temple, aquello era lo que mi persona debía rezumar.
Era sabido –por mí únicamente, como era de esperar- que ella estaba teniendo un amorío con un tal Aahriman. Jamás había oído el nombre de aquel monsieur, por lo cual me resultaba de lo más extraño y me daba un resquemor insoportable. No había tenido oportunidad de conocerlo en persona y, a decir verdad, no sé si quisiera conocerlo alguna vez. Sentía cierta curiosidad, lo admito, pero la noticia que Raina me había dado aquel día habían derrumbado aquel sentimiento y lo habían recubierto del más puro enfado. ¡Quería llevársela! Mi querida Raina, mi única verdadera amiga, sería apartada de mi lado y yo quedaría sola en esta oscuridad impenetrable que me envolvía.
Raina había intentado convencerme de que nuestra amistad no se quebraría pero mis dudas sobre aquel punto eran demasiado grandes. Temía no volverla a ver jamás y ella no lograría disuadirme de esa idea por mucho que lo intentara. Para los demás seguro daría la apariencia de que yo no quería verla feliz, de que solo quería tenerla para mí, como si fuera su dueña y ama. ¡Nada más lejos de la realidad! Si ella era feliz, yo también lo era… Pero no concebía un mundo sin su presencia. Era mi hermana del alma, la única que me comprendía, mi confidente… Si ella partía para no volver, con ella se iría parte de mi corazón y la última gota de confianza que depositaba en los demás.
-Madmoiselle Von Rebeur, madmoiselle Voixnuit, las requieren en el salón de la planta baja- la ama de llaves había entrado sin que yo me diese cuenta. Asentí ligeramente y, sin mirar a mi amiga, salí de la habitación a paso veloz con rumbo al salón principal. Mi mirada, siempre reposando altiva ante los demás, permanecía fija en el suelo en esta oportunidad, como si no quisiera ser testigo de lo que estaba por venir. Y, efectivamente, no lo quería. ¿Y si este era el final del vínculo que creía indisoluble y que nos unió por años a Raina y a mí? Parecía ser que el día que jamás creí que vería llegar había llegado por fin. El día del adiós.
Era sabido –por mí únicamente, como era de esperar- que ella estaba teniendo un amorío con un tal Aahriman. Jamás había oído el nombre de aquel monsieur, por lo cual me resultaba de lo más extraño y me daba un resquemor insoportable. No había tenido oportunidad de conocerlo en persona y, a decir verdad, no sé si quisiera conocerlo alguna vez. Sentía cierta curiosidad, lo admito, pero la noticia que Raina me había dado aquel día habían derrumbado aquel sentimiento y lo habían recubierto del más puro enfado. ¡Quería llevársela! Mi querida Raina, mi única verdadera amiga, sería apartada de mi lado y yo quedaría sola en esta oscuridad impenetrable que me envolvía.
Raina había intentado convencerme de que nuestra amistad no se quebraría pero mis dudas sobre aquel punto eran demasiado grandes. Temía no volverla a ver jamás y ella no lograría disuadirme de esa idea por mucho que lo intentara. Para los demás seguro daría la apariencia de que yo no quería verla feliz, de que solo quería tenerla para mí, como si fuera su dueña y ama. ¡Nada más lejos de la realidad! Si ella era feliz, yo también lo era… Pero no concebía un mundo sin su presencia. Era mi hermana del alma, la única que me comprendía, mi confidente… Si ella partía para no volver, con ella se iría parte de mi corazón y la última gota de confianza que depositaba en los demás.
-Madmoiselle Von Rebeur, madmoiselle Voixnuit, las requieren en el salón de la planta baja- la ama de llaves había entrado sin que yo me diese cuenta. Asentí ligeramente y, sin mirar a mi amiga, salí de la habitación a paso veloz con rumbo al salón principal. Mi mirada, siempre reposando altiva ante los demás, permanecía fija en el suelo en esta oportunidad, como si no quisiera ser testigo de lo que estaba por venir. Y, efectivamente, no lo quería. ¿Y si este era el final del vínculo que creía indisoluble y que nos unió por años a Raina y a mí? Parecía ser que el día que jamás creí que vería llegar había llegado por fin. El día del adiós.

Isabelle Von Rebeur- Twisted Saint

- Escritos realizados: 213
Antigüedad en el teatro: 14/01/2012
Reputación: 39
Estado: Activo
CURIOSIDADES
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Empleo actual: Ninguno
Nombre de PB: Kaya Scodelario
Re: A lomos de la Luna. (Raina e Isabelle)
Los días se habían convertido en semanas, y un juego de seducción, la intriga y la pasión, habían evolucionado en un nuevo amor…
Allí estaba, sentada sobre la cama de mi señorita, lo nervios, la culpa, el miedo, la ilusión, la esperanza, el amor; se confundían en una atmosfera de tensión, sabía que no era más fácil para ella, temía que me estuviese odiando, soñaba con que se volteara y mi sonriera. No, no quería dejarla, las cosas no se habían dado como esperaba, había mantenido aquella ensoñación, en la que no la abandonaba en aquel lugar, sola y perdida en su propia casa, entre su propia familia. Era la boca del lobo, era su hogar, era su prisión; nuestra amistad se había forjado entre aquellas paredes, nuestras risas de niñas aun se oían retumbar en los pasillos, pero habíamos crecido para convertirnos en mujeres diferentes, o quizás no tanto, pero una gran diferencia separaba nuestros caminos, nuestras vidas, “Yo acepto lo que soy, lo que quiero y anhelo, no me avergüenzo, no escondo mis sueños y deseos”, se lo había dicho una vez, me había costado una fea mirada y un silencio torturador, pero ambas sabíamos lo que había querido decir.
Tomé coraje y me puse de pie, fui a su lado y miré por la ventana. Aun en silencio aprecié la noche, pocas estrellas había, la luna se escondía tras unas nubes, grises, como aquel momento. Ah, tantas noches había visto junto a él, el mismo cielo nocturno apreciado de diferentes formas, había visto un paraíso y un cómplice en aquel manto negro durante nuestros encuentros, durante nuestras ráfagas incontenibles de pasión, pero también había visto el infierno y la traición del frió negro nocturno durante nuestras discusiones. –Belle…- susurré, no le di tiempo a responder -… la lealtad dije una vez, es una cadena que se labra por más de una parte…-era difícil, angustioso, y la respiración cortada al igual que mi voz débil lo mostraban -… hoy puede que rompa los eslabones que me unen a tu familia, pues solo yo me obligué a construir aquel lazo…- tomé aire -… mas, es imposible romper la cadena que me une a ti, pues ambas la labramos…- sonreí de manera melancólica, intentando reprimir esa lagrima que amenazaba con caer -… con risas y discusiones, con ideas compartidas y con protección mutua…- cayó-… con amor.- concluí en un susurro ahogado.
La puerta se abrió de repente dejando mostrar a la mensajera que nos notificara que nuestra presencia era requerida. Vi a Belle salir apresurada sin mirarme, sin decir palabra, mas mis pies se negaban a responderme y mientras perdía de vista su figura mis sueños se estrellaron en la dura realidad. Logré dar un paso, luego otro, lento, sin mirar. Allí abajo me esperaba mi destino, mi futuro, uno que siempre había soñado, me esperaba un amor, un amor que se me antojaba único y especial, quizás por ser el primero, o quizás porque se trataba de él; pero entonces lo supe, lo tendría todo, todo con lo que mi mente había jugado desde niña, pero era una moneda de dos caras, era un pacto con el diablo donde entre líneas se esconde el precio real; lo tendría todo menos la felicidad, no sería feliz si al irme de allí lo último en ver sería el rostro abatido, rencoroso y angustiado de ella, de mi señorita, mi amiga, mi hermana, parte de mi.
Allí estaba, sentada sobre la cama de mi señorita, lo nervios, la culpa, el miedo, la ilusión, la esperanza, el amor; se confundían en una atmosfera de tensión, sabía que no era más fácil para ella, temía que me estuviese odiando, soñaba con que se volteara y mi sonriera. No, no quería dejarla, las cosas no se habían dado como esperaba, había mantenido aquella ensoñación, en la que no la abandonaba en aquel lugar, sola y perdida en su propia casa, entre su propia familia. Era la boca del lobo, era su hogar, era su prisión; nuestra amistad se había forjado entre aquellas paredes, nuestras risas de niñas aun se oían retumbar en los pasillos, pero habíamos crecido para convertirnos en mujeres diferentes, o quizás no tanto, pero una gran diferencia separaba nuestros caminos, nuestras vidas, “Yo acepto lo que soy, lo que quiero y anhelo, no me avergüenzo, no escondo mis sueños y deseos”, se lo había dicho una vez, me había costado una fea mirada y un silencio torturador, pero ambas sabíamos lo que había querido decir.
Tomé coraje y me puse de pie, fui a su lado y miré por la ventana. Aun en silencio aprecié la noche, pocas estrellas había, la luna se escondía tras unas nubes, grises, como aquel momento. Ah, tantas noches había visto junto a él, el mismo cielo nocturno apreciado de diferentes formas, había visto un paraíso y un cómplice en aquel manto negro durante nuestros encuentros, durante nuestras ráfagas incontenibles de pasión, pero también había visto el infierno y la traición del frió negro nocturno durante nuestras discusiones. –Belle…- susurré, no le di tiempo a responder -… la lealtad dije una vez, es una cadena que se labra por más de una parte…-era difícil, angustioso, y la respiración cortada al igual que mi voz débil lo mostraban -… hoy puede que rompa los eslabones que me unen a tu familia, pues solo yo me obligué a construir aquel lazo…- tomé aire -… mas, es imposible romper la cadena que me une a ti, pues ambas la labramos…- sonreí de manera melancólica, intentando reprimir esa lagrima que amenazaba con caer -… con risas y discusiones, con ideas compartidas y con protección mutua…- cayó-… con amor.- concluí en un susurro ahogado.
La puerta se abrió de repente dejando mostrar a la mensajera que nos notificara que nuestra presencia era requerida. Vi a Belle salir apresurada sin mirarme, sin decir palabra, mas mis pies se negaban a responderme y mientras perdía de vista su figura mis sueños se estrellaron en la dura realidad. Logré dar un paso, luego otro, lento, sin mirar. Allí abajo me esperaba mi destino, mi futuro, uno que siempre había soñado, me esperaba un amor, un amor que se me antojaba único y especial, quizás por ser el primero, o quizás porque se trataba de él; pero entonces lo supe, lo tendría todo, todo con lo que mi mente había jugado desde niña, pero era una moneda de dos caras, era un pacto con el diablo donde entre líneas se esconde el precio real; lo tendría todo menos la felicidad, no sería feliz si al irme de allí lo último en ver sería el rostro abatido, rencoroso y angustiado de ella, de mi señorita, mi amiga, mi hermana, parte de mi.

Raina Voixnuit- Tipo de intepretación
- Escritos realizados: 74
Antigüedad en el teatro: 14/01/2012
Reputación: 21
Estado: Activo
CURIOSIDADES
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Empleo actual: Sirvienta en la mansión Von Rebeur
Nombre de PB: Vanessa Marano
Re: A lomos de la Luna. (Raina e Isabelle)
Me abrió una sirvienta, a la que indiqué que requería la presencia de la familia Von Rebeur entera, y la de mi querida madmoiselle Voixnuit. Que toda la mansión venga a ver, que hasta la Luna sea testigo mudo a través de los ventanales. Que todo aquel que pueda atestigüe lo que está por suceder. Yo, Juan Diego de Castelar, ahora auto-denominado Aahriman, haría de ella, mi amada, lo que siempre debió ser. O bueno, cuanto desée, pues lo que más deseo es sencillamente tenerla lo más cerca posible. Aunque algo me decía que no sería el único. Raina me habló de ella, Isabelle, su ama y amiga de mayor confianza, casi hermana. Ella no querría que me la llevara, pero es que no me la llevaba para que no volviera. La invitaba a vivir conmigo, a mi lado, como mi futura compañera eternamente bella. Ése era mi sueño. Pero ésto no quita que esté a la distancia de un paseo de esta mansión, aquí en París.
Al ver los extrañados ojos de la sirvienta, fui a pensar en algo que tan solo ocupó mi mente un momento o dos tiempo atrás. Ella, mi amada, era una sirvienta, igual que la que me abrió la puerta. En realidad yo nunca alcancé a verla asi, porque siemrpe vi mucho más en ella, vi el potencial de brillar como ella sola, vi la belleza de su alma que era superior a la ya de por sí radiante belleza de su cuerpo, de cada uno de los detalles que lo componen. Vi lo que es, y vi lo que será. Y será...mía, por mi honor que volcaré toda mi vida en ello. Antiguamente, podría ganérmela en una justa, demostrando mi valía. Pero gracias a Dios, o a quien sea, que ya no era así. Mi talento no es para con la espada, la verdad. De echo pasé más tiempo entrenando entre las faldas que en la arena de batalla. Además, éso sería si fuese hija de los Von Rebeur, no su sirvienta. Ag, odiaba llamarla así. Era tanto más...
Me siento en un banco del salón principal, esperando la llegada de la familia, y de ella. Los veo llegar, poco a poco. Y la veo a ella, tan radiante o más que de costumbre. Me levanto y voy directamente a besar, con cierta timidez, a Raina. Tal vez no fue lo más adecuado, pero no me importa. Era su amor lo que me traía aquí y no le sería infiel ahora, dejando que los preceptos sociales me influyan. Tras lo cual, presenté mis respetos al varón, y al resto de damas, incluyendo a la que fuese Isabelle. Mirando al que claramente fuera el hombre de la casa dije: -Mis disculpas por la hora de mi llegada, tuve que ir a Rouen para afianzar papeleos oportunos. Y ahora llegó el tren. Mis disculpas. -Tras lo cual una breve reverencia y esperar a que fuese él el que, en su casa, comenzase el trato con la pompa que le resultase oportuna. Quizá ya le hablaron de mi llegada y su motivo, o quizá no. La cuestión era que almenos algunas palabras habría que cruzar. Esperaba cerrar pronto el trato con un buen apretón de manos, al estilo más aristocrático y caballero. Y después...bueno, disfrutar los dos de la merecida libertad. Obviamente lo que dije era mentira, pero alguna escusa había que dar por mi peculiar horario.
Al ver los extrañados ojos de la sirvienta, fui a pensar en algo que tan solo ocupó mi mente un momento o dos tiempo atrás. Ella, mi amada, era una sirvienta, igual que la que me abrió la puerta. En realidad yo nunca alcancé a verla asi, porque siemrpe vi mucho más en ella, vi el potencial de brillar como ella sola, vi la belleza de su alma que era superior a la ya de por sí radiante belleza de su cuerpo, de cada uno de los detalles que lo componen. Vi lo que es, y vi lo que será. Y será...mía, por mi honor que volcaré toda mi vida en ello. Antiguamente, podría ganérmela en una justa, demostrando mi valía. Pero gracias a Dios, o a quien sea, que ya no era así. Mi talento no es para con la espada, la verdad. De echo pasé más tiempo entrenando entre las faldas que en la arena de batalla. Además, éso sería si fuese hija de los Von Rebeur, no su sirvienta. Ag, odiaba llamarla así. Era tanto más...
Me siento en un banco del salón principal, esperando la llegada de la familia, y de ella. Los veo llegar, poco a poco. Y la veo a ella, tan radiante o más que de costumbre. Me levanto y voy directamente a besar, con cierta timidez, a Raina. Tal vez no fue lo más adecuado, pero no me importa. Era su amor lo que me traía aquí y no le sería infiel ahora, dejando que los preceptos sociales me influyan. Tras lo cual, presenté mis respetos al varón, y al resto de damas, incluyendo a la que fuese Isabelle. Mirando al que claramente fuera el hombre de la casa dije: -Mis disculpas por la hora de mi llegada, tuve que ir a Rouen para afianzar papeleos oportunos. Y ahora llegó el tren. Mis disculpas. -Tras lo cual una breve reverencia y esperar a que fuese él el que, en su casa, comenzase el trato con la pompa que le resultase oportuna. Quizá ya le hablaron de mi llegada y su motivo, o quizá no. La cuestión era que almenos algunas palabras habría que cruzar. Esperaba cerrar pronto el trato con un buen apretón de manos, al estilo más aristocrático y caballero. Y después...bueno, disfrutar los dos de la merecida libertad. Obviamente lo que dije era mentira, pero alguna escusa había que dar por mi peculiar horario.

Aahriman- Tipo de intepretación
- Escritos realizados: 162
Antigüedad en el teatro: 27/12/2011
Reputación: 7
Estado: Activo
CURIOSIDADES
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Empleo actual: Poeta y músico en bailes de alta alcurnia.
Nombre de PB: Keanu Reeves
Re: A lomos de la Luna. (Raina e Isabelle)
A simple viste me parecía un hombre desagradable. Una de esas personas que evitarías cruzarte, con las que siempre preferirías mantenerte a una prudente distancia en caso de verte obligado a compartir una misma habitación, como en esta oportunidad. No podía ser de otra manera, era un nocturno. Pero de eso solo estábamos enteradas Raina y yo y, según parecía, nadie se daba cuenta de ese grandísimo detalle. ¡Pero se veía a las claras! Sus ojos daban la sensación de que lo captaban todo, ávidos de ser testigos de cada pequeño hecho que ocurriera. La mueca que involuntariamente hacía su boca no era más que desagradable. Era como si estuviera planeando cada uno de sus movimientos con extrema frialdad, analizando su entorno con ahínco y mucho cuidado, preparándose para cualquier reacción. Y no era simple prudencia, no. Era el más absoluto control.
Tomé asiento en el diván que estaba ubicado frente al que mis padres escogieron para sentarse. Monsieur Aahriman estaba lo suficientemente lejos de mí como para que conservara mi tranquilidad y, a su vez, lo suficientemente cerca como para que pudiera captar cada mínimo movimiento que el hiciera. Ya no era solo prevenida, era espectacularmente desconfiada. ¿Pero quién confiaría en un vampyr? Solo mi querida Raina podía hacerlo. Alma inquieta, atrapada por las promesas de su primer idilio y guiada por la curiosidad más peligrosa de todas. ¡Si pudiera yo protegerla! Pero no podía hacer nada al respecto. Era su vida, su decisión y yo tendría que apoyarla… O, más bien, mantenerme al margen y seguir ofreciéndole mi amistad. Y, si algo llegaba a sucederle por culpa de su vampyr, el juramento de acabar con su existencia ya estaba hecho. No sé cómo lo lograría, pero si mi amiga sufría por el desgraciado aquel yo conseguiría que se le diera muerte. Una muerte final.
-Monsieur, creo que aún no se ha presentado formalmente. Antes de excusa alguna, debería usted deciros vuestro nombre- mi padre hablaba con tono calmo, aunque su rostro expresaba cierto disgusto. No le agradaban las visitas intempestivas ni las excusas que a las claras sonaban a mentira. Era un hombre inteligente y difícil de engañar, por lo que monsieur Arriman no tenía muchas oportunidades con sus argucias. –Y no me malinterprete usted, pero llegar a la residencia de desconocidos y besar a una criada por puro gusto… Al menos la familia Von Rebeur lo considera una falta de respeto- hizo una mueca que curvó sus labios marcadamente, sin que su prominente bigote opacara tal acción. Madre asintió ante las palabras de su esposo, cruzando unas miradas con Raina y volviendo a observar a Arriman después.
Lástima que yo no pudiera decir palabra alguna. De ser por mí, lo hubiera echado a escobazos sin dignarme a recibirlo. ¡Un vampyr respirando el mismo aire que yo! En la misma estancia, sentado plácidamente sin que siquiera se lo hubiera invitado a tomar asiento. Haciendo lo que quería, libre a su antojo, como si el fuera el amo del universo. ¿Qué le había encontrado Raina para que su corazón se decidiera a amarlo? No podía comprenderlo, ni ahora, ni nunca. ¡Merecía tanto más! Y se había conformado con las ilusiones que un nocturno le había dado para llevársela a su reinado de sombras… Y quién sabe si de ellas podría escapar.
Tomé asiento en el diván que estaba ubicado frente al que mis padres escogieron para sentarse. Monsieur Aahriman estaba lo suficientemente lejos de mí como para que conservara mi tranquilidad y, a su vez, lo suficientemente cerca como para que pudiera captar cada mínimo movimiento que el hiciera. Ya no era solo prevenida, era espectacularmente desconfiada. ¿Pero quién confiaría en un vampyr? Solo mi querida Raina podía hacerlo. Alma inquieta, atrapada por las promesas de su primer idilio y guiada por la curiosidad más peligrosa de todas. ¡Si pudiera yo protegerla! Pero no podía hacer nada al respecto. Era su vida, su decisión y yo tendría que apoyarla… O, más bien, mantenerme al margen y seguir ofreciéndole mi amistad. Y, si algo llegaba a sucederle por culpa de su vampyr, el juramento de acabar con su existencia ya estaba hecho. No sé cómo lo lograría, pero si mi amiga sufría por el desgraciado aquel yo conseguiría que se le diera muerte. Una muerte final.
-Monsieur, creo que aún no se ha presentado formalmente. Antes de excusa alguna, debería usted deciros vuestro nombre- mi padre hablaba con tono calmo, aunque su rostro expresaba cierto disgusto. No le agradaban las visitas intempestivas ni las excusas que a las claras sonaban a mentira. Era un hombre inteligente y difícil de engañar, por lo que monsieur Arriman no tenía muchas oportunidades con sus argucias. –Y no me malinterprete usted, pero llegar a la residencia de desconocidos y besar a una criada por puro gusto… Al menos la familia Von Rebeur lo considera una falta de respeto- hizo una mueca que curvó sus labios marcadamente, sin que su prominente bigote opacara tal acción. Madre asintió ante las palabras de su esposo, cruzando unas miradas con Raina y volviendo a observar a Arriman después.
Lástima que yo no pudiera decir palabra alguna. De ser por mí, lo hubiera echado a escobazos sin dignarme a recibirlo. ¡Un vampyr respirando el mismo aire que yo! En la misma estancia, sentado plácidamente sin que siquiera se lo hubiera invitado a tomar asiento. Haciendo lo que quería, libre a su antojo, como si el fuera el amo del universo. ¿Qué le había encontrado Raina para que su corazón se decidiera a amarlo? No podía comprenderlo, ni ahora, ni nunca. ¡Merecía tanto más! Y se había conformado con las ilusiones que un nocturno le había dado para llevársela a su reinado de sombras… Y quién sabe si de ellas podría escapar.

Isabelle Von Rebeur- Twisted Saint

- Escritos realizados: 213
Antigüedad en el teatro: 14/01/2012
Reputación: 39
Estado: Activo
CURIOSIDADES
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Empleo actual: Ninguno
Nombre de PB: Kaya Scodelario
Re: A lomos de la Luna. (Raina e Isabelle)
Apenas asomar mi rostro a la sala logré verlo, ah, mi amado Aahriman, una sonrisa inocente se dibujó en mi rostro mientras bajaba las escaleras tras Belle, quien, ya había notado su presencia al igual que yo, y no se necesitaba conocerla demasiado para notar si disgusto, su pesar y enfado. Dejé escapar un suave suspiro mientras terminaba de dejar atrás el último escalón y veía a los amos de la casa llegar, también con rostros desorientados y un cierto frunce en el ceño al observar a Aahri de arriba abajo. Mon dieu, aquello sería una guerra, y yo me sentía como la tonta Helena ¡y cuanto odiaba aquella mujer! Pero a mi favor tenía la presencia de mon amour, quien no tenía ni un pelo de Paris, destacable su valor al tomar una mujer ajena, repulsiva su cobardía al momento de afrontar sus actos; no, él no era así, él pelearía por mi, y eso, tanto me halagaba como me aterrorizaba.
Al verme llegar se acercó a besarme sin decir palabra alguna, BOOM, primer catapulta liberada; mis ojos no podían mostrar más asombro como reprobación, no me molestaba su acto, sino lo que este acarrearía; con una última mirada y escondiendo una sonrisa que delataba mi resignación ante la escena me ubiqué cerca de Belle, de pie junto al diván. Monsieur Von Rebeur habló. “Tranquila Raina, tranquila, Aahri es hábil con las palabras, astuto, sagaz…” vaya si era cierto, aun recordaba divertida nuestros intercambios de palabras y gestos en nuestro juego de conquista. ¿Qué había visto él en mí? Podía tenerlo todo, a cualquiera que desease, pero era por mi por quien estaba afrontando la galantería y soberbia de unos ignorantes que ni idea tenían de su verdadera naturaleza, a excepción de mi amiga, claro está, quien ahora parecía divertida ante las palabras de su señor padre. Volví a escuchar al señor de la casa, “¡C’est magnifique!” Sabía perfectamente que mi amado gustaba tanto como yo de la palabra “criada”, y eso significaba que ambos compartíamos ese acérrimo odio por la marcada distinción entre clases que la sociedad se empeñaba en remarcar a cada paso, a cada palabra. Aún en las noches sin sueño solía imaginármelo como mortal, en su época ¿habría sido tan romántico y noble? Me gustaba pensar que sí, soñar que Juan Diego de Castelar había sido un jovial joven, travieso y galante, un dolor de cabeza para su madre.
Ignoré la mirada seria de la señora Von Rebeur y posé mis ojos en Aahriman, mon amour; le dediqué una leve sonrisa, imperceptible por ojos humanos, pero clara a su aguda vista, le dejaba saber que confiaba en él, que le protegía, y que no importara lo que sucediera aquella noche, mi corazón era suyo y lo seguiría siendo más allá de lo que muchos pensaran acerca del bien y el mal, acerca de su especie, sobre de las sombras o lo que se dijeran de la joven ilusa que dejó encantar por los secretos susurrados a sus oídos por la voz de la noche.
Al verme llegar se acercó a besarme sin decir palabra alguna, BOOM, primer catapulta liberada; mis ojos no podían mostrar más asombro como reprobación, no me molestaba su acto, sino lo que este acarrearía; con una última mirada y escondiendo una sonrisa que delataba mi resignación ante la escena me ubiqué cerca de Belle, de pie junto al diván. Monsieur Von Rebeur habló. “Tranquila Raina, tranquila, Aahri es hábil con las palabras, astuto, sagaz…” vaya si era cierto, aun recordaba divertida nuestros intercambios de palabras y gestos en nuestro juego de conquista. ¿Qué había visto él en mí? Podía tenerlo todo, a cualquiera que desease, pero era por mi por quien estaba afrontando la galantería y soberbia de unos ignorantes que ni idea tenían de su verdadera naturaleza, a excepción de mi amiga, claro está, quien ahora parecía divertida ante las palabras de su señor padre. Volví a escuchar al señor de la casa, “¡C’est magnifique!” Sabía perfectamente que mi amado gustaba tanto como yo de la palabra “criada”, y eso significaba que ambos compartíamos ese acérrimo odio por la marcada distinción entre clases que la sociedad se empeñaba en remarcar a cada paso, a cada palabra. Aún en las noches sin sueño solía imaginármelo como mortal, en su época ¿habría sido tan romántico y noble? Me gustaba pensar que sí, soñar que Juan Diego de Castelar había sido un jovial joven, travieso y galante, un dolor de cabeza para su madre.
Ignoré la mirada seria de la señora Von Rebeur y posé mis ojos en Aahriman, mon amour; le dediqué una leve sonrisa, imperceptible por ojos humanos, pero clara a su aguda vista, le dejaba saber que confiaba en él, que le protegía, y que no importara lo que sucediera aquella noche, mi corazón era suyo y lo seguiría siendo más allá de lo que muchos pensaran acerca del bien y el mal, acerca de su especie, sobre de las sombras o lo que se dijeran de la joven ilusa que dejó encantar por los secretos susurrados a sus oídos por la voz de la noche.

Raina Voixnuit- Tipo de intepretación
- Escritos realizados: 74
Antigüedad en el teatro: 14/01/2012
Reputación: 21
Estado: Activo
CURIOSIDADES
Sabías que...:
Empleo actual: Sirvienta en la mansión Von Rebeur
Nombre de PB: Vanessa Marano
Re: A lomos de la Luna. (Raina e Isabelle)
Un instante, un susurro, un leve gesto y el mecer de las velas sobre los candelabros. Otro instante, otro gesto, y podía calcular la tensión nerviosa de sus rostros. Mis ojos lo veían todo, los agudicé más aún como agudicé el resto de los sentidos en el momento en que tomé asiento. Esa noche esgrimiría el talento que me precede, el talento que atestiguan tantas damas atrás entre las sombras de otras noches. Pero eso no era lo más importante, tenía más testigos como obras escribía, como actos que interpretaba para los festejos que lo merecen. Esa noche tendría la oportunidad de labrarme la mayor victoria de mi vida, o la mayor derrota. Lo supe en cuanto noté el tono de voz de Monsieur Von Rebeur.
-Tenéis toda la razón monsieur, mis disculpas de nuevo. Soy Lord Aahriman de España, -una notable reverencia, mostrando un respeto quizá no tan mostrado hasta entonces, y la revelación repentina y rápida de mi deseo.- y vengo para tomar a Madmoiselle Voixnuit como futura esposa. Sin más dilación, me presento ante ustedes, excelencias, para llevarla conmigo y convertirla en la dama que a mi lado será. Si resulta de conveniencia por supuesto. -otra reverencia, pero ésta mucho más leve. Fui veloz en desentramar el misterio, e intenté que mis palabras los envolviesen y sobrecogiesen una tras otra, dejando tan solo el espacio necesario para la educación.- Comprenderá, monsieur, que muy lejos de infravalorar su posición he venido con un presente adecuado, que espero no sirva más que para hacer ver mis más honradas intenciones. -y di dos palmadas como seña al crío que tenía como sirviente, que esperaba guardando la distancia, casi fuera de la estancia. Éste se dirigió al carro tirado por dos caballos que me trajo. Obviamente el carro era alquilado y el chaval no era más que un huérfano al que pagué con cinco monedas y al que le compré vestimenta apropiada. Le conté mi plan al chaval y, cómo no, le pareció bien por poder comer una semana. Éste fue rápido al carro y trajo dos cajas de madera, una pequeña y rectangular y otra alargada y pesada. Casi resbala al entrar pero por suerte llegó para ponerlas a salvo. Las puse en la mesa cercana y abrí la primera, puros cubanos importados para el caballero. Se la ofrezco con un gesto y una sonrisa. Al poco abro la segunda, que era de madera de roble, alargada, y muestro una espada de envainadura blanca y plateada, que no de plata, con las armas de Toledo en el mango y con paño de terciopelo rojo en la parte interna de la caja como protección a los rasguños.- Monsieur Vor Rebeur, le hago entrega de un ejemplar de la artesanía toledana, orgullo de mi tierra. -y un gesto leve de reverencia con la cabeza en gesto de entrega. El arma era toda una imitación, era completamente de exposición. Pero a excepción de unos ojos entrenados no había agudeza humana que lo diferenciara. Ésa era la intención de las armas de exposición, obviamente.
Todo el detalle me costó una fortuna, al menos una fortuna para mí. Suerte que no era hombre de gastar y pude pagarlo con lo que me traje de mi tierra y con lo que pude ganar buenamente. La escena sin duda hacía alegoría a las fiestas de Navidad medievales en que se obsequiaba al rey con los mejores presentes a cambio de su favor. Vivo atado al pasado, qué le voy a hacer...lo curioso es que es un pasado que nunca viví. En fin...Sin dejar de masiado espacio para respuestas dije:- Por supuesto, un pago equitativo a mi petición será acordado esta misma noche o cualquier otra. Si lo desea, podemos finalizar la transacción ahora mismo. Lo digo para no tener que importunar a su excelencia en el futuro. -Vine cargado con un pequeño cofre de oro, úiltimos dorados de mi jornal. Pero no importa, adoro hacer lo que hago y además me pagan por ello. También es cierto que aunque no me vine con mucho, sí pude "tomar prestado a largo plazo" algunas joyas de mi madre que me sirvieron para mantener siempre cierta pequeña fortuna digna de un Barón. Lo poco que gasto se ve devuelto por mis obras.
Definitivamente mi intención fue abrumar sin agoviar al Monsieur, alejando toda negativa con el sonar de mi voz y los presentes, esclareciendo toda duda con el ofrecimiento del pago final. Si era hombre de negocios vería que el trato le convenía con creces, y si era un romántico quizá hasta no haga falta que le pague. Todo estaba calculado, como de costumbre.
-Tenéis toda la razón monsieur, mis disculpas de nuevo. Soy Lord Aahriman de España, -una notable reverencia, mostrando un respeto quizá no tan mostrado hasta entonces, y la revelación repentina y rápida de mi deseo.- y vengo para tomar a Madmoiselle Voixnuit como futura esposa. Sin más dilación, me presento ante ustedes, excelencias, para llevarla conmigo y convertirla en la dama que a mi lado será. Si resulta de conveniencia por supuesto. -otra reverencia, pero ésta mucho más leve. Fui veloz en desentramar el misterio, e intenté que mis palabras los envolviesen y sobrecogiesen una tras otra, dejando tan solo el espacio necesario para la educación.- Comprenderá, monsieur, que muy lejos de infravalorar su posición he venido con un presente adecuado, que espero no sirva más que para hacer ver mis más honradas intenciones. -y di dos palmadas como seña al crío que tenía como sirviente, que esperaba guardando la distancia, casi fuera de la estancia. Éste se dirigió al carro tirado por dos caballos que me trajo. Obviamente el carro era alquilado y el chaval no era más que un huérfano al que pagué con cinco monedas y al que le compré vestimenta apropiada. Le conté mi plan al chaval y, cómo no, le pareció bien por poder comer una semana. Éste fue rápido al carro y trajo dos cajas de madera, una pequeña y rectangular y otra alargada y pesada. Casi resbala al entrar pero por suerte llegó para ponerlas a salvo. Las puse en la mesa cercana y abrí la primera, puros cubanos importados para el caballero. Se la ofrezco con un gesto y una sonrisa. Al poco abro la segunda, que era de madera de roble, alargada, y muestro una espada de envainadura blanca y plateada, que no de plata, con las armas de Toledo en el mango y con paño de terciopelo rojo en la parte interna de la caja como protección a los rasguños.- Monsieur Vor Rebeur, le hago entrega de un ejemplar de la artesanía toledana, orgullo de mi tierra. -y un gesto leve de reverencia con la cabeza en gesto de entrega. El arma era toda una imitación, era completamente de exposición. Pero a excepción de unos ojos entrenados no había agudeza humana que lo diferenciara. Ésa era la intención de las armas de exposición, obviamente.
Todo el detalle me costó una fortuna, al menos una fortuna para mí. Suerte que no era hombre de gastar y pude pagarlo con lo que me traje de mi tierra y con lo que pude ganar buenamente. La escena sin duda hacía alegoría a las fiestas de Navidad medievales en que se obsequiaba al rey con los mejores presentes a cambio de su favor. Vivo atado al pasado, qué le voy a hacer...lo curioso es que es un pasado que nunca viví. En fin...Sin dejar de masiado espacio para respuestas dije:- Por supuesto, un pago equitativo a mi petición será acordado esta misma noche o cualquier otra. Si lo desea, podemos finalizar la transacción ahora mismo. Lo digo para no tener que importunar a su excelencia en el futuro. -Vine cargado con un pequeño cofre de oro, úiltimos dorados de mi jornal. Pero no importa, adoro hacer lo que hago y además me pagan por ello. También es cierto que aunque no me vine con mucho, sí pude "tomar prestado a largo plazo" algunas joyas de mi madre que me sirvieron para mantener siempre cierta pequeña fortuna digna de un Barón. Lo poco que gasto se ve devuelto por mis obras.
Definitivamente mi intención fue abrumar sin agoviar al Monsieur, alejando toda negativa con el sonar de mi voz y los presentes, esclareciendo toda duda con el ofrecimiento del pago final. Si era hombre de negocios vería que el trato le convenía con creces, y si era un romántico quizá hasta no haga falta que le pague. Todo estaba calculado, como de costumbre.

Aahriman- Tipo de intepretación
- Escritos realizados: 162
Antigüedad en el teatro: 27/12/2011
Reputación: 7
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CURIOSIDADES
Sabías que...:
Empleo actual: Poeta y músico en bailes de alta alcurnia.
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